La política colombiana fue al Congreso a que le hicieran una reforma a la medida.
Y precisamente mañana irá para que el sastre defina la parte clave del traje (la lista cerrada), porque la modistería que usaba (el voto preferente) ya tenía 15 años y había que variar.
¿Variar? ¿Solo por variar? No, bueno, que ese modelo era muy parecido al de la moda anterior. Aunque, por otra parte, el cambio podría ser solo cosmético, como ponerle a una chaqueta un ‘bolsillo’ en el que no se puede guardar nada.
De eso hablará mañana la plenaria del Senado, porque si el Gobierno considera que es hora de darle entierro de tercera a las microempresas electorales, que sobrevivieron a la reforma de 2003 al amparo del voto preferente, quienes no se entusiasman mucho con cerrar las listas para elegir a los integrantes las corporaciones públicas (concejos, asambleas, Congreso y juntas administradoras locales –JAL–) creen que servirá para invisibilizar las manchas de los candidatos arrastrados por la cabeza de lista.
Al argumentar en uno u otro sentido la verdad es que nadie está pensando en que el traje quede bien hecho, sino en que se ajuste a las medidas que la conveniencia inmediata señale, que para este caso es la jornada electoral que debe desarrollarse exactamente dentro de un año (si el proyecto de unificación de períodos así lo llega a permitir, porque por el momento no habría comicios el 27 de octubre de 2019).
Pero no es el único tema de este traje que se adecúa a las conveniencias del momento.
La sesión de mañana es la conclusión de la segunda visita al sastre de una serie de ocho. Por los visto entre la primera y la segunda, se espera que se pongan y quinten cosas al vestido, con incertidumbre de si más adelante algunos de los detalles eliminados puedan volverse a ubicar con alguna renovada presentación.
Por ejemplo, en primer debate quedó como constancia el trasfuguismo (para que específicamente un grupo de congresistas del Partido Social de Unidad Nacional –La U– pueda cambiar de colectividad sin perder sus curules). La propuesta se presentó en segundo debate y fue negada.
En cambio no alcanzó a llegar como constancia el reconocimiento de personería jurídica al movimiento político que obtenga más del 3% de los votos en las elecciones presidenciales (que le solucionaba el problema a Colombia Humana). La proposición fue negada en primer debate.
Sin embargo, dependiendo de cómo se produjeron dichas votaciones y los textos que se sometieron a consideración de la comisión o de la plenaria, según el caso, existe la posibilidad de que aparezcan nuevamente en los próximos seis debates que le restan a la reforma constitucional (proyecto de acto legislativo número 08 de 2018 Senado, acumulado con el número 09 de 2018 Senado, “por el cual se adopta una reforma política y electoral y se dictan otras disposiciones).
Cabe explicar que de acuerdo con el principio constitucional de la consecutividad, una proposición que fue votada negativamente en cualquiera de los debates no puede ser revivida en ninguno de los siguientes. Así que para reintentar introducir cambios rechazados se requiere presentarlas de tal manera que sean sustancialmente diferentes.
Por supuesto, la consecutividad no aplica a textos negados en otro proyecto legislativo. Por eso el Senado pudo darle nueva vida –solo horas después de que la plenaria de la Cámara lo hundiera en otra iniciativa– la limitación a tres en el número de períodos que un congresista, diputado, concejal o edil puede reelegirse en la misma corporación.
Habrá que esperar a la cuarta visita al sastre para ver si esa manga se alarga o se acorta (o si la chaqueta se vuelve chaleco).
Mientras tanto, sigue campante el Consejo Nacional Electoral, ya que fracasó la idea de eliminarlo para establecer en su lugar un Tribunal Electoral. Existe una propuesta rondando por los pasillos del Capitolio Nacional que plantea la coexistencia del CNE con un tribunal, pero eso implica quitarle la competencia en temas electorales al Consejo de Estado, un cascabel que nadie quiere ponerle a ese gato.
De otra parte, llegará al tercer debate en la Comisión Primera de la Cámara la garantía de equidad de género que establece que si hay elecciones el próximo año las listas a concejos, asambleas y JAL tengan un 33% de mujeres, composición que deberá ser paritaria con los aspirantes masculinos en 2023 (o el año en que se efectúen los siguientes comicios regionales).
Igual suerte corrieron las proposiciones para que el mecanismo de recolección de firmas no pueda ser utilizado por quienes hayan militado en un partido el año anterior y también que los movimientos puedan inscribir candidatos en forma individual o en coalición.
Y así seguirán mañana los congresistas, como expertos modistas midiendo, cortando, añadiendo, doblando y cosiendo los retazos de la reforma política.
En realidad el ajuste del traje no es nada nuevo. El lunes de la semana pasada el analista político de la Fundación Paz y Reconciliación, León Valencia, dijo en un foro que los cambios legislativos son recurrentes en cada cuatrienio cuando se instalan un nuevo Gobierno y un nuevo Congreso.