Si presentar al Congreso la reforma “fiscal y social” es ya de por sí una apuesta superlativa del gobierno Duque en medio de la dura crisis económica derivada de la pandemia, maniobrar para que el Parlamento, en pleno año electoral, le apruebe la iniciativa que combina un apretón en impuestos y una ambiciosa agenda social, será un reto aún mayor.
En ese orden de ideas, lo que se pregunta la opinión pública es si el Ejecutivo tiene la suficiente fuerza parlamentaria para sacar avante la tercera reforma tributaria que presenta en dos años y ocho meses de mandato (segundo semestre de 2018, segundo semestre de 2019 y ahora primer semestre de 2021).
Para despejar el interrogante planteado hay que hacer las cuentas: la coalición oficialista (Centro Democrático, La U, conservadores, Mira, Colombia Justa Libres) hasta hace unos meses sumaba 54 senadores y 80 representantes, pero retrocedió en la cámara alta.
Como se sabe, Roy Barreras y Armando Benedetti se salieron de La U y ahora están en las toldas petristas, aunque a decir verdad cuando militaban en la coalición de gobierno ponían muchos peros a la agenda de la Casa de Nariño.
A ello se suma que La U perdió la curul del senador Eduardo Pulgar, capturado a finales del año pasado por orden de la Corte Suprema de Justicia, en un caso por presunto tráfico de influencias. Pulgar renunció a su escaño recientemente pero se aplica la “silla vacía”, según todos los expertos.
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Como si fuera poco, los conservadores, que en las dos anteriores reformas eran 14, ahora son 13, ya que Soledad Tamayo perdió la curul cuando se decretó la “silla vacía” en el escaño que tenía inicialmente la hoy condenada y prófuga Aída Merlano.
Es decir, que en el Senado si toda la coalición oficialista apoyara en bloque, tendría solo 50 votos, lo que no le permite imponer un proyecto unilateralmente. Esta es la sumatoria: 19 uribistas, 13 conservadores, 11 de La U, seis de los partidos de origen religioso y un voto del senador Jonatán Tamayo, de la ASI, aunque siempre vota con el Gobierno.
En la Cámara, continúan los 80 votos, que sin embargo tampoco alcanzan para imponer por sí solos la reforma, así votaran en bloque, ya que son 171 escaños.
En la franja de independientes están los partidos Liberal y Cambio radical. Los primeros tienen 14 senadores y 35 representantes. Y los segundos, 16 senadores y 30 representantes.
La oposición, por su parte, cuenta con 24 votos en Senado, sumando los nueve de Alianza Verde, cinco del partido Comunes, cuatro del Polo Democrático, dos de la Lista de la Decencia, uno del movimiento Dignidad y la curul de Gustavo Petro, más los dos escaños indígenas. En la Cámara, entre tanto, suman nueve verdes, en tanto hay 10 del Polo, Dignidad, Comunes, la Lista de la Decencia y el MAIS, más las curules de negritudes.
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Visto todo lo anterior, entonces se requieren por lo menos 55 votos en el Senado para aprobar la reforma tributaria y 85 en la Cámara.
¿Entonces?
Como la coalición oficialista no tiene esos votos en ninguna de las dos cámaras y siendo claro que la oposición no apoya a la Casa de Nariño en nada, entonces la única alternativa sería que alguno de los partidos independientes acompañe al Gobierno en una iniciativa que en la opinión pública siempre tiene una percepción negativa, más aún por tratarse de un aumento de impuestos en plena crisis por la pandemia. Si bien el presidente Duque insiste en que el proyecto también tiene un alto contenido de inversión social, no es un tema fácil de socializar en la prevenida ciudadanía.
A ello se suma que estamos ya en cuenta regresiva para los comicios parlamentarios y más de un partido no quiere pagar el ‘costo político’ de una reforma tributaria, por más que vaya asociada a un plan ambicioso de programas y subsidios, como el Ingreso Solidario que abarcaría más de cinco millones de familias, es decir casi 20 millones de colombianos en situación de vulnerabilidad.
Es claro que es muy difícil que el liberalismo respalde el proyecto impositivo y la agenda social asociada. Las relaciones entre el jefe único de la colectividad y expresidente César Gaviria con la Casa de Nariño están muy maltrechas.
Incluso, hace mes y medio, a través de un comunicado, el Partido Liberal anunció que un impuesto a los productos básicos de la canasta familiar no tendrá el respaldo de ninguno de los 50 integrantes que tiene la bancada en el Congreso.
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Así las cosas, la única tabla de salvación real, como pasó con la reforma tributaria de finales de 2019 y antes con el Plan de Desarrollo y los presupuestos generales para 2020 y 2021, es que Cambio Radical apoye a la Casa de Nariño.
Si se sumaran esos votos, en Senado se podría contar con 16 votos más (66 en total) y en Cámara podría pasar sin problemas el proyecto.
Cambio, la opción
Entonces, si ya hace un año se requería urgentemente la ampliación del bloque de congresistas afines al presidente Duque, ahora es todavía más necesario contar con la bancada de Cambio Radical para completar 66 votos en la cámara alta y 110 en la baja.
Como se sabe, la bancada de este partido, cuyo jefe natural es Germán Vargas Lleras, continúa en la franja de la independencia, pero cuenta desde el primer semestre del año pasado con dos cuotas en el gabinete ministerial (Salud y TIC).
De allí que se hable de una coalición oficialista base (50 votos) y una coalición oficialista ampliada, sumando a Cambio Radical, cuyo apoyo está condicionado a acuerdos programáticos y de agenda parlamentaria que se han venido construyendo muy a cuentagotas y en proyectos muy puntuales.
No en vano, ayer el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, empezó la socialización del contenido del proyecto de reforma precisamente con los congresistas de Cambio Radical en las comisiones económicas, por donde arrancará el debate de la iniciativa.
Lo cierto es que, por ahora, todo lo que se diga al respecto es especulación. Es necesario empezar a que se radique finalmente la reforma y que los partidos conozcan y analicen los alcances de cada propuesta de ajuste de impuestos y programa social.
Solo entonces se sabrá qué posición tomará cada colectividad, cuáles aspectos apoyará y cuáles no. En el caso de Cambio Radical, acorde con lo ocurrido en la reforma anterior y el Plan de Desarrollo, es claro que no es un partido que apoye a ciegas y, por el contrario, siempre tiene propuestas a la mano para modificar los articulados acorde con sus bases programáticas, muchas de ellas propuestas por Vargas Lleras en la campaña presidencial de 2018.
Como se ve, la reforma fiscal y social se convertirá en la primera prueba de fuego para determinar si hay o no una coalición ampliada, que sume el bloque duquista con Cambio Radical. Ya en las votaciones del año pasado en el Congreso se insinuó esa llave, en temas como las mociones de censura contra el entonces ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, pero una reforma tributaria, en pleno año electoral y con la crisis socioeconómica de la pandemia encima, es otra cosa.