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EL MINISTRO Diego Molano tiene ahora la difícil tarea de pasar de los anuncios a los hechos en cuanto a captura de máximos cabecillas de las disidencias y reincidencias de las Farc, así como del Eln y las bandas criminales.
/Mindefensa
Domingo, 7 de Febrero de 2021
Redacción Política

La cúpula del Eln, las disidencias de las Farc así como de las bandas criminales de alto espectro, tipo ‘Clan del Golfo’ o ‘Los Caparros’, encabezan el listado de “blancos de alto valor estratégico” para la Fuerza Pública en Colombia.



De hecho, en su posesión el sábado pasado como Ministro de Defensa, Diego Molano precisó al respecto que notificaba “a Otoniel, a Márquez, a Santrich, a Iván Mordisco y a Gabino que no les daremos tregua”.

Agregó el nuevo Ministro que “… llegaremos hasta el último rincón de la patria con las Fuerzas Militares, la Policía y en colaboración con la Fiscalía General de la Nación y las demás agencias del Estado, hasta que logremos no solo combatirlos militarmente, sino judicializarlos para tener el control institucional y simultáneamente lograr la inversión social. Esos narco-criminales con sus bandas aliadas en las ciudades, las inundan de sustancias psicoactivas, buscan envenenar a los jóvenes con el consumo, los inducen al delito y luego incrementan el crimen en la ciudad”.

Tras señalar que la mayor amenaza en Colombia es el narcotráfico, Molano dijo que “tenemos que acelerar la disminución de cultivos ilícitos. También avanzar para desmantelar esas organizaciones, capturar a sus cabecillas, a los del Eln, a los del Clan del Golfo, a las disidencias de las Farc y por supuesto a la Narcotalia". Este último término es el remoquete que le puso el gobierno Duque a “Nueva Marquetalia”, que es como ‘Iván Márquez’ llamó a su nuevo movimiento subversivo posFarc.

¿Dónde están?

Como se sabe ‘Otoniel’ es el alias de Darío Antonio Úsuga, máximo jefe del ‘Cartel del Golfo’, uno de los principales “blancos de alto valor estratégico” en Colombia. Si bien la Policía y las FF.MM. tienen un bloque de búsqueda tras su pista hace varios años y en algunas ocasiones casi lo capturan en las zonas selváticas del Urabá antioqueño y otras áreas montañosas del Caribe, todavía sigue huyendo. Ni siquiera la detención o abatimiento de sus principales lugartenientes ha llevado a su neutralización.

A su turno, de alias ‘Iván Márquez’ y ‘Santrich’, los hoy jefes de las reincidencias de las Farc, es sabido que se encuentran en territorio venezolano, protegidos por la dictadura chavista, junto a otros cabecillas que desertaron del acuerdo de paz, como ‘Romaña’ y ‘El Paisa’, entre otros.



Respecto a alias ‘Iván Mordisco’, se trata del guerrillero Néstor Gregorio Vera Fernández, mano derecha de Miguel Botache Santillana, alias ‘Gentil Duarte’, el jefe de las disidencias de las Farc (se separaron del proceso de paz antes de su firma), que opera en Meta, Caquetá y Guaviare.

De Nicolás Rodríguez, alias ‘Gabino’, máximo cabecilla del Eln, se sabe que estaría en Cuba, a donde habría llegado secretamente desde 2020 debido a los problemas de salud que se le agravaron en los últimos años que ha permanecido escondido en Venezuela, junto a Eliécer Herlinto Chamorro (‘Antonio García’), Israel Ramírez (‘Pablo Beltrán’), Rafael Sierra (‘Ramiro Vargas’) y Gustavo Aníbal Giraldo (‘Pablito’). Todos son protegidos por el régimen de Nicolás Maduro y las investigaciones de organismos independientes señalan que, incluso, ya crearon frentes en ese país para delinquir y hacer ‘control territorial chavista’ en zonas mineras, no solo de la frontera sino del interior de la vecina nación.

La otra parte de la cúpula elena sigue en La Habana desde tiempos de la fallida negociación de paz. Allí permanecen los alias ‘Pablo Beltrán’, Víctor Orlando Cubides (‘Aureliano Carbonell’), Gustavo Martínez, Consuelo Tapias, Tomás García, Isabel Torres, Alirio Sepúlveda, Silvana Guerrero, Vivian Henao y Óscar Serrano.

En otras palabras, si hay algo claro desde hace años es que la ubicación de buena parte de los “blancos de alto valor estratégico” está en algún lugar de Venezuela, Cuba, el Urabá así como Meta o Caquetá.

Sin embargo, la posibilidad de capturarlos o neutralizarlos en el territorio nacional o forzar su extradición o deportación por parte de los regímenes venezolano y cubano no se ha podido concretar. Los esfuerzos de la Fuerza Pública y los organismos de inteligencia han sido infructuosos en los casos de ‘Otoniel’, ‘Duarte’ o ‘Mordisco’. Y las presiones políticas, diplomáticas y judiciales, tanto de Colombia como de Estados Unidos, a La Habana y Caracas no han funcionado para que entreguen a los cabecillas de las reincidencias ni a los elenos, ya sean deportados o extraditados. Ni siquiera las denuncias hechas ante la ONU por Duque sobre los Estados que auspician el terrorismo, protegen a sus cabecillas o se niegan a entregarlos a la justicia colombiana, han dado resultados. Tampoco la demanda contra Maduro ante la propia Corte Penal Internacional (CPI), que si bien ahora estudia si hay mérito para procesarlo, la causa está basada en el informe de una misión de la ONU que determinó que el régimen podría estar detrás de crímenes de lesa humanidad contra la población civil.  



Entonces…

Visto todo lo anterior, de lo dicho por Molano y el presidente Duque queda claro que se va a reforzar la tarea para tratar de neutralizar estos “blancos de alto valor”.

Sin embargo, visto el reciclaje de la violencia producida por estos grandes factores criminales a nivel departamental y municipal en el último año, algunos analistas consideran urgente una nueva estrategia o el ajuste a la Política de Defensa y Seguridad del Gobierno para que en los diecinueve meses que le restan de mandato se pueda avanzar sustancialmente en la captura, abatimiento o entrega a las autoridades colombianas de los cabecillas criminales mencionados.

También se está urgiendo desde varios sectores del país un nuevo enfoque operacional, político, diplomático o judicial para impedir que desde Venezuela o Cuba las cúpulas de las reincidencias de las Farc y el Eln continúen dando órdenes delincuenciales a sus facciones en Colombia, sobre todo en cuanto a imbuirse más en el narcotráfico y el combate por el dominio local y territorial del negocio, perpetrar masacres, asesinar líderes sociales y desmovilizados, reclutar menores de edad, profundizar su relación con la minería criminal…

Obviamente hay estrategias operacionales a nivel interno y gestiones externas que deben mantenerse en secreto, ya que son asuntos de orden público y seguridad nacional. Sin embargo, con más de dos años y medio en el poder y con el sol empezando a caerle en las espaldas al Gobierno, son entendibles las opiniones de muchos analistas y sectores políticos, económicos, sociales, gremiales, regionales y locales que advierten que en cuanto a la captura o neutralización de los “blancos de alto valor estratégico” la actual Política de Defensa y Seguridad no está dando los resultados esperados. Sí, han caído cabecillas de las disidencias, reincidencias, el ‘Cartel del Golfo’ y ‘Los Caparros’, pero no sus máximos jefes y cúpulas.



En ese orden de ideas, entonces, se espera que el nuevo Ministro de Defensa y el gobierno Duque en general apliquen los correctivos estratégicos y tácticos para que se empiecen a dar resultados concretos. Sería incomprensible que termine el cuatrienio presidencial con la cúpula de las disidencias, reincidencias y bandas criminales intactas o intocables. Urge más audacia y estrategias nuevas y eficaces para cumplir con estos objetivos, so pena de finalizar el 7 de agosto de 2022 sin mucho que mostrar en cuanto a “blancos de alto valor estratégico”. Es una asignatura pendiente de la Casa de Nariño. Más aun porque si algo quedó demostrado en Colombia es que el principio del fin de la guerrilla de las Farc fue, precisamente, acabar con el mito de que el Secretariado era invulnerable. Así de simple.