¿Qué papel han jugado las fuerzas políticas alternativas durante la emergencia desatada por el coronavirus?
______________
Si los esfuerzos del Gobierno están enfocados en atender la emergencia sanitaria derivada de la pandemia del coronavirus, así como las consecuencias sociales y económicas desatadas por las medidas de aislamiento tomadas, ¿cómo podría haber oposición a eso?
La respuesta está en la naturaleza de la oposición que hoy se ejerce en Colombia, que es una mezcla de posiciones antisistema con reformistas y de centro.
Además de eso, es parte del esquema democrático que quien pierde las elecciones ejerza oposición a quien las ganó.
En ese contexto, en el análisis del accionar de las fuerzas políticas alternativas resultan tres tesis complementarias.
1. Politización de la crisis
Es llover sobre mojado decir que conforme a los resultados de los comicios presidenciales de 2018, el llamado a asumir la jefatura de la oposición fue el senador Gustavo Petro, de Colombia Humana, pero que por diversas circunstancias políticas no ha podido ejercerla plenamente.
Ese corto circuito de Petro y sus seguidores con el resto de los partidos declarados en oposición al presidente Iván Duque se evidenció en las elecciones regionales del año pasado y en sus resultados consecuentes.
Así que, en esta coyuntura, aunque desde cuando se le pedía a Duque tomar medidas urgentes Petro estuvo agarrando la vocería opositora, el protagonismo se lo ha arrebatado la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, de quien también es antagonista el líder de Colombia Humana.
Esto se debe, en buena parte, a que en situaciones como esta es natural que surjan roces entre el Ejecutivo central y los mandatarios regionales o locales. La vocería de estos la tienen sus respectivas asociaciones (Fedemunicipios, Asocapitales y FND), pero el carácter de la Alcaldesa capitalina ha permitido que su voz suene más fuerte.
Ella y sus seguidores podrán decir que sus contradicciones con el Gobierno nacional nacen de la necesidad de proteger la salud de los bogotanos, pero es inútil desconocer que la discusión ciudadana a partir de lo dicho por López y lo respondido por Duque (o al revés) tiene naturaleza política.
Para los seguidores del exgobernador antioqueño Sergio Fajardo, Petro ha buscado sacudirse de este marginamiento buscando confrontar con él, aunque es preciso señalar que ese pulso viene desde cuando competían por llegar a la segunda vuelta presidencial y se proyecta a las apuestas para suceder a Duque en 2022.
Ya en las críticas concretas que López, Petro y otros dirigentes de las organizaciones políticas opositoras le lanzan al Gobierno, estas no contradicen propiamente las medidas sanitarias adoptadas, sino las acciones sociales y económicas para paliar los efectos del aislamiento.
Estos cuestionamientos dependen de la posición asumida dentro de las fuerzas alternativas (antisistema, reformista o de centro), pero claramente buscan que la opinión pública encuentre diferencias entre lo que plantea el Gobierno y lo que proponen sus detractores.
2. Tregua política
Como en el punto de vista de quien no ve el vaso medio vacío, sino medio lleno, a quien considera que al margen de lo ya mencionado, no hay realmente un choque de posiciones políticas frente a la atención de la pandemia, sino que aquello es una tregua de la confrontación que, como se recordará, venía siendo protagonizada por las diversas posiciones frente al paro cívico nacional, que arrancó el 21 de noviembre y prosiguió en varias jornadas hasta entrado este año.
De la misma manera que el paro no pudo continuar por imposibilidad física, la oposición también entró en relativa tregua.
Esta mirada se basa en dos hechos. Uno es que, ante la innegable amenaza del hambre que se cierne sobre una parte considerable de la población, los escuderos políticos del Gobierno son los primeros que buscan que ese fantasma no se convierta en una semilla de rebelión.
El otro es que la opinión pública, a través de las encuestas, le ha extendido su respaldo a los mandatarios, tanto a los gobiernistas, como a los independientes y a los opositores. Además, con notas bastante altas que en contadísimas excepciones no se veían hace mucho tiempo para la calificación de alcaldes y gobernadores.
3. Congreso sin control
Apenas al cierre de la semana, el Gobierno le llevó al Congreso el informe sobre los decretos del Estado de Emergencia, de manera que la acción de las bancadas opositoras en Cámara y Senado apenas en los próximos días, harán valer sus críticas al Ejecutivo.
En el entretanto, lo que ha reinado es el desorden; a pesar que la Comisión Primera de la Cámara ya empezó a votar y aprobar proyectos, aún hoy, está en duda la validez jurídica de las decisiones que se tomen en las sesiones virtuales.
Una parte de las bancadas opositoras es de la opinión que las sesiones solo son legales cuando los congresistas están presentes en los respectivos recintos. Sin embargo, el tema no ha podido convertirse en una bandera de los movimientos parlamentarios alternativos porque en su interior hay quienes consideran que existen motivos de fuerza mayor para que las sesiones sean virtuales. Es verdad que son pocas las curules de quienes, en el Legislativo, no comulgan con el Gobierno, pero si sobre este tema estuvieran unidos la derrota propinada esta semana en la plenaria de la Cámara no habría sido tan estruendosa cuando decidió por aplastante mayoría que ningún representante podría, mientras dure la cuarentena, hacerse presente en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional.
Viene ahora el control político que debe hacerle el Congreso al “informe motivado que le presente el Gobierno sobre las causas que determinaron el Estado de Emergencia y las medidas adoptadas” durante 30 días, plazo “prorrogable por acuerdo de las dos cámaras”, tal como lo establece el artículo 215 de la Constitución.
En este control político, la oposición habrá de ejercer su función.