Dado el creciente tono de los señalamientos y réplicas entre los gobiernos de Colombia y Cuba, derivados de la negativa de La Habana a extraditar a los cabecillas del Eln, muchos observadores se preguntan si este nuevo pico de tensión bilateral podría escalar a instancias aún más graves, como el llamado a consultas de los embajadores o incluso, en extremis, el rompimiento de las relaciones diplomáticas.
Como se dijo, el motivo de la crisis es la presencia en la isla de varios jefes guerrilleros del Eln, cuya extradición es solicitada por la justicia colombiana que los procesa por terrorismo y otros delitos, pero que Cuba se niega a conceder, bajo la tesis de que los delegados están protegidos por el protocolo pactado entre esa guerrilla y el gobierno Santos, el cual contempla que si se rompía el proceso los negociadores elenos deberían ser retornados a la selva colombiana.
Como se sabe, en enero de 2019, tras el atentado del Eln contra la Escuela de Cadetes, en Bogotá, que dejó una veintena de muertos, el gobierno Duque no solo rompió el proceso de paz sino que desconoció el protocolo, argumentando que este no se aplica cuando hay de por medio graves delitos como terrorismo.
Desde entonces, constantemente los dos gobiernos han intercambiado comunicados y réplicas, que se intensificaron en las últimas dos semanas cuando el embajador de La Habana en Bogotá alertó a la Casa de Nariño sobre una posible acción terrorista del Eln en la capital de nuestro país.
El gobierno Duque no solo ha pedido a Cuba más información al respecto, sino reiteró la exigencia de la extradición de los cabecillas elenos. La Habana no ahondó en las explicaciones del presunto atentado y se negó de nuevo a entregar a los delegados subversivos. Todo ello en medio de duros pronunciamientos de las Cancillerías de lado y lado.
¿Qué puede pasar ahora? ¿Hasta dónde llegará esta crisis?
El excanciller Julio Londoño, quien fue embajador de Colombia en Cuba durante más de una década, no cree “que el intercambio de comunicaciones, de notas de protesta, etcétera, dé lugar a un rompimiento de relaciones”.
Ayer en diálogo con EL NUEVO SIGLO, Londoño explicó que “una de las características que han tenido las relaciones entre Colombia y Cuba es que han sido unas relaciones con subidas y bajadas. Esa ha sido la constante desde el año de 1959 en que triunfó la Revolución Cubana”.
Además, recordó que “el último rompimiento de relaciones se presentó durante la época del doctor Julio César Turbay, porque según el gobierno había habido una intromisión evidente por parte del gobierno de Cuba para ayudar a la guerrilla colombiana del M-19”.
Un posible rompimiento de relaciones entre ambos países, según lo consideró hace unos días el también excanciller Fernando Araújo, en conversación con este Medio, “por el momento es apresurado”.
Agrego que “hay que seguir haciendo las presiones adecuadas para conseguir no solo la entrega de los jefes guerrilleros, sino también que Cuba deje de intentar entrometerse en los asuntos colombianos, y eso se hace a través de notas de protesta, a través de presiones internacionales, sin tener que llegar por el momento a la ruptura de relaciones, que son medidas extremas, que quizás no son todavía necesarias”.
Las rupturas
Efectivamente, las relaciones entre Colombia y Cuba, vigentes desde 1902, se han roto dos veces. La primera la determinó el 9 de diciembre de 1961 el entonces presidente colombiano Alberto Lleras luego que el líder cubano Fidel Castro criticara duramente el apoyo de Bogotá a la aplicación del Tratado de Asistencia Recíproca de los países americanos contra la injerencia de La Habana en el continente.
Pasaron 14 años hasta que, sobre las bases instauradas por Misael Pastrana, el presidente Alfonso López diera una apertura con Cuba el 6 de marzo de 1975.
Este periodo duró poco, porque, como lo refirió el excanciller Londoño, el 23 de marzo de 1981 el presidente Turbay acusó a Cuba de brindarle apoyo al M-19.
El 19 de julio de 1991 se restablecieron relaciones a nivel consular. El 20 de noviembre de 1993 ambos gobiernos decidieron elevar las relaciones a nivel diplomático.
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Visión de Blum
Esta semana, la canciller Claudia Blum les expresó a medios radiales que “las relaciones con Cuba incluyen espacios políticos, sociales y de colaboración. Hay muchos campos en los que estamos fortaleciendo la relación. Tenemos la expectativa en que podamos superar el tema del Eln”.
“Desde Colombia no hay agresiones a Cuba, nunca se ha dicho que es un país que patrocina el terrorismo. Le hemos pedido extradición, que es distinto. Trabajamos sobre la base del diálogo y cumplimiento de compromisos internacionales. Es un asunto de seguridad nacional muy delicado”, precisó.
Sobre lo que sí ha protestado Colombia, y así lo consignó en un comunicado del jueves, replicando uno de Cuba emitido hace ocho días, es sobre las menciones hechas sobre el alto comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, señalando que “la personalización y estigmatización continua en perjuicio de este alto funcionario es lesiva de su buen nombre, no aporta a la relación respetuosa que debe mantenerse entre los países y es un factor generador de riesgos frente a su vida e integridad”.
Como se sabe, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba se quejó en su comunicado de que tres días antes de la reunión sostenida el 11 de febrero por la canciller Blum con el embajador José Luis Ponce para hablar de la denuncia de un supuesto ataque que estaría preparando el Eln en Bogotá, “el Alto Comisionado para la Paz, en una declaración a la prensa, había utilizado esta información sensible, sobre un tema de seguridad, como pretexto para atacar a Cuba bajo supuestos mendaces, con la hostilidad y el enfoque habituales que sólo tienden a alimentar las diferencias entre ambos gobiernos y a dañar la participación de actores internacionales en el proceso de paz”.
Em todo caso, según la nota diplomática habanera, “Cuba desconoce si las autoridades colombianas procedieron a realizar alguna investigación (del atentado), descartaron rápidamente la información o ya la conocían”.
Al respecto, replicó Blum que “nosotros en la Cancillería hemos actuado solo por los canales diplomáticos y no conozco cómo llegó a los medios esa información, antes de que nosotros expusiéramos públicamente las sesiones y reuniones que tuvimos”.
Elenos
Pero, como se dijo al comienzo, más allá de estos detalles, el motivo del distanciamiento es la presencia de los jefes del Eln en Cuba.
La Cancillería isleña reiteró que “la posición cubana sobre la exigencia del gobierno colombiano para que Cuba extradite a los miembros de la Delegación de Paz del Eln que permanecen, por responsabilidad del Estado colombiano, en La Habana, ha sido establecida e informada en privado y también por vías oficiales y públicas”.
Agregó que “Cuba cumplirá rigurosamente su obligación, como Garante y Sede del Diálogo de Paz, la garantía del retorno seguro de la Delegación de Paz del Eln, establecida en el Protocolo de Ruptura de esa negociación, acordado y suscrito entre el Estado colombiano y el Eln, junto a seis estados, el 5 de abril de 2016”.
A esto, la Cancillería colombiana replicó que las solicitudes de extradición “se han presentado en cumplimiento de los requerimientos de jueces y en el marco del Tratado de Extradición vigente entre los dos países. Colombia insiste al Gobierno de Cuba en esta solicitud para que se proceda sin demora a la extradición a Colombia de los miembros del Eln que permanecen en ese país, quienes, como jefes y miembros de los cuadros directivos de esa organización, son y serán responsables por hechos de violencia que comete el Eln contra Colombia y sus ciudadanos”.
Por ahora, entonces, habría que decir que no asoma un riesgo de rompimiento de relaciones pero es claro que el tono de lado y lado está subiendo y podría escalar a instancias diplomáticas más críticas.