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Padre Daniel Saldarriaga, director del Banco de Alimentos de Bogotá
CORTESÍA BANCO ALIMENTOS
Martes, 23 de Marzo de 2021
Redacción Política

Gracias a la solidaridad y la generosidad de muchas personas, el Banco de Alimentos de Bogotá pasó de atender 300 mil personas que sufren necesidades alimentarias a más de 1,5 millones en 2020. Su director, el padre Daniel Saldarriaga, explica en EL NUEVO SIGLO, cómo ha sido la evolución de esta obra misionera.

EL NUEVO SIGLO: ¿Se cumple un año de estar en pandemia, cuál es balance del Banco de Alimentos de Bogotá?

DANIEL SALDARRIAGA: Han pasado tres cosas muy especiales: se disparó la generosidad de la gente que nos ayuda, pasamos de tener entre 700 y 800 donantes en 2020 a más de 13.000. Se disparó la solidaridad y la generosidad de las empresas, con la gente que nos ayudó salimos a comprar, salimos a hacernos cercanos a quienes pasaban necesidad y logramos luego de mover cerca de 14.000 toneladas al año, a 29.731 toneladas en 2020.

ENS: ¿En dónde se movían?

DS: Nosotros nos movíamos especialmente en Bogotá y Cundinamarca. En 2020 logramos llegar a San Andrés, Providencia, La Guajira, la costa Atlántica, los Santanderes, la costa Pacífica hasta el sur del país, los Llanos, el Eje Cafetero. Así logramos ayudar a 1,5 millones de personas, después de que atendíamos 300 mil.

ENS: ¿Cuál es la meta que se ha trazado este año?

DS: Sabemos que no es posible llegar a las 29 mil toneladas, pero si logramos tener más generosidad de la gente podríamos hacer mucho más. Nuestra meta la tenemos en 20 mil toneladas con un ritmo como el que llevamos hoy, porque este año no ha sido tanta la generosidad de las empresas y venimos sintiendo la generosidad de la gente, pero muchas personas no saben que existimos, ustedes son los que hacen ese milagro que la gente sepa que existimos.

ENS: ¿Qué es lo que más requieren los colombianos?

DS: Para la gente son muy necesarias muchas cosas, pero como Banco de Alimentos miramos cómo pueden llegar a más personas, porque a la gente la pueden ayudar con subsidios, con algunas cosas, pero ellos van a satisfacer muchas de las necesidades que tienen: muchos están atrasados en las cuotas de colegios, en los servicios públicos, en las cuotas de sus viviendas. Pero qué bueno que quien recibe esta ayuda, todas son madres cabezas de familia, son de verdad hogares a los que estos alimentos llegan.


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ENS: ¿Qué es lo más duro que usted ha visto en esta pandemia?

DS: Hay dos cosas que para mí son muy tristes: que los medios de comunicación a veces han ayudado a tener mucho eco a los que están insatisfechos pero seguimos alimentando polarizaciones; y que muchas personas invisibles para la sociedad, para el Estado, sus necesidades los han hecho bajar la calidad de salud porque no hay alimentos para mucha gente.

La FAO advierte que hemos crecido mucho en el número de personas con hambre en el planeta, y ante las realidades del hambre y de la pobreza la desventaja es muy grande porque los bebés que dejan de comer, los de sectores más pobres, los que dejan de estudiar no va a tener las mismas oportunidades que deberían tener todos nuestros niños y nuestros jóvenes.

ENS: ¿Cuál es la otra mirada?

DS: Lo otro es que nuestro país es capaz de producir alimentos, pero si el país no es capaz de consumirlos, nuestros campesinos también están en una situación de desventaja muy grande. Tenemos una situación muy preocupante con los campesinos, la infraestructura de este país sigue siendo un motivo de reclamos, somos un país inequitativo, porque es que las oportunidades no son fáciles para todos.

ENS: ¿Ahora que viene la Semana Santa qué se espera?

DS: Tengo una ilusión grande de que la gente tenga un tiempo para volver a reflexionar y volver a ser conscientes de las cosas buenas para las que estamos hechos, para las que somos capaces.

Jesucristo nos hace una oferta de vida eterna y de salvación, pero esa vida eterna es salvación para vivir el presente, con una calidad mucho más grande, necesitamos ver cómo ser más felices, cómo ser más solidarios, cómo preocuparnos por los más frágiles, nuestra sociedad aprendió a cuidar a nuestros animales, pero no somos capaces de movernos por los más necesitados.


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ENS: ¿El Banco de Alimentos no paró en la pandemia?

DS: Ni un solo día, incluso nunca habíamos trabajado los domingos y nos tocó trabajar domingos porque hubo ayudas muy importantes como la organización Éxito y Nutresa que nos ayudaron con una gran cantidad de alimentos; tuvimos entidades como la Procuraduría, el sindicato de la Procuraduría y empresas que se juntaron e hicieron posible que los recursos que juntaban sus empleados llegaran a muchas familias. Una empresa como Bavaria prestó su flota durante unos buenos días.