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Rodrigo Lara, Ángela María Robledo y Armando Benedetti son tres de los seis legisladores que abandonaron las bancadas con las arribaron al Congreso. /Diana Rubiano y archivo ENS
Foto Diana Rubiano y archivo El Nuevo Siglo
Viernes, 12 de Febrero de 2021
Redacción Política

Con el acercamiento de Roy Barreras a la convocatoria de varias organizaciones políticas de izquierda para conformar listas al Congreso pasó desapercibido que no se cumpliera la expectativa de una avalancha de renuncias de legisladores a sus respectivas bancadas antes del 12 de febrero (un año antes de abrirse las inscripciones para los comicios parlamentarios de marzo de 2022).

Finalmente fueron solo seis los congresistas los que dejaron las filas que los llevaron a la Cámara o al Senado.

Renuncias

Hace casi un mes, como lo publicó oportunamente EL NUEVO SIGLO, la representante Ángela María Robledo renunció al movimiento Colombia Humana, gracias al cual llegó a esa curul por integrar junto al senador Gustavo Petro la fórmula que perdió con Iván Duque y Marta Lucía Ramírez la segunda vuelta presidencial, en junio de 2018.

“He dicho en algunos medios que me quedé sin espacio político, y que ha resultado muy difícil hacer un trabajo conjunto contigo y adelantar una tarea de organización al interior del movimiento”, le dijo Robledo a Petro en la carta de renuncia.

En noviembre renunció a Cambio Radical el senador Rodrigo Lara argumentando en sus redes sociales “respeto por mis colegas. Quiero contribuir en un proyecto de reformismo liberal socialdemócrata, que perfeccione nuestra democracia, la sane y nos permita enfrentar esta crisis desde el Estado de derecho y la separación de poderes”.



Aunque manifestó que "sería muy hipócrita que un actor político le diga que eso no pasa por su cabeza, sería muy mentiroso", respecto a si ha considerado buscar una candidatura presidencial, aclaró que por ahora esa posibilidad no está en el horizonte, como tampoco reelegirse en el Senado o aspirar a alguna Alcaldía o Gobernación.

Para cualquiera de esas opciones, anotó, es necesario "construir aquello que se va a representar, lo que se pretende llevar como modelo de gobierno y eso puede tomar meses o años. Si no me resulta, me dedicaré a mi familia y mis hijos, pero es la causa en la que yo creo".

Ya en octubre habían renunciado Barreras y Armando Benedetti al Partido Social de Unidad Nacional (La U); el primero señalando "diferencias ideológicas irreconciliables" con ese partido; el segundo recordando que desde 2006 ha dicho que se trata de “un partido que siempre estuvo en gestación, que nunca llegó a la niñez y mucho menos a la adolescencia”.

Claro que luego se presentó una controversia sobre si Barreras y Benedetti renunciaron o fueron expulsados.

El caso del senador Jorge Enrique Robledo y el representante por Antioquia, Jorge Alberto Gómez, es diferente; ambos, dentro del Polo Democrático, eran de la tendencia del MOIR, que junto a otros sectores se escindió para formar el partido Dignidad.

Coaliciones

El caso es que se esperaba que se produjeran más movimientos semejantes en el Congreso.

Lara y Barreras integraron la llamada bancada socialdemócrata, que en septiembre cuando anunció su existencia agrupaba también a Luis Fernando Velasco, Andrés Cristo, Horacio José Serpa y Guillermo García, del Partido Liberal; Temístocles Ortega, de Cambio Radical; Ritter López, Roosevelt Rodríguez y Germán Hoyos, de La U. Hasta la renuncia de Lara no se pensaba que los demás pudieran seguir el ejemplo de Barreras, pero luego se abrió la posibilidad de que lo hicieran.

De hecho, Barreras, en carta de comienzo del mes, les recordó a sus compañeros que “el 12 de febrero es la última fecha posible para que recuperen todos la libertad”, animándolos “de nuevo a renunciar a sus viejos partidos y a sumarnos todos en la construcción del centro, estable y seguro, institucional y reformista, que -esta hora histórica- Colombia requiere”.

Paradójicamente Barreras, como ya se dijo, no llegó a la coalición de centro. Es más, los seis congresistas que sí abandonaron las bancadas que integraban se dividieron entre las opciones de centro y centroizquierda que actualmente están construyéndose: con los primeros están la representante y el senador Robledo, así como Lara y Gómez; con los segundos van Barreras y Benedetti.

Curules

Por otra parte, con las renuncias que aquí se han reseñado vuelve a ser tema de debate público la suerte que corren los legisladores cuando una u otra razón dejan de pertenecer a una bancada.

Al igual que sobre los procesos de escisión partidista, este uno de los muchos temas sobre los que existe un vacío jurídico que las sucesivas reformas políticas se han resistido a llenar.

Aunque hay quienes opinan que el congresista que renuncia a su partido debe entregarle la curul a la colectividad, los antecedentes van en otra dirección.



El primer caso involucra al propio Barreras, quien siendo representante por el Valle del Cauca fue expulsado de Cambio Radical el 1 de abril de 2009 cuando se enfrentó al jefe natural de la colectividad, el hoy exvicepresidente Germán Vargas Lleras, por cuenta de la posible postulación del entonces presidente Álvaro Uribe a un tercer mandato.

Otro caso es el de Camilo Romero, Luis Carlos Avellaneda y Jorge Eliécer Guevara, quienes fueron elegidos al Senado en 2010 en las listas del Polo, pero fueron expulsados en diciembre de 2011 acusados de impulsar en octubre de ese año los candidatos regionales del movimiento Progresistas, orientado por Petro y con cuyo aval fue elegido entonces alcalde de Bogotá. Romero, Avellaneda y Guevara están hoy en la Alianza Verde, a donde llegaron con varios dirigentes de Progresistas.

Todos los cuatro congresistas conservaron sus curules hasta el final del periodo para el que fueron elegidos, porque las acusaciones por doble militancia no prosperaron.

Con base en estos precedentes, en septiembre de 2015 la Sala de Consulta del Consejo de Estado le respondió al ministerio del Interior, con ponencia del magistrado William Zambrano, entre otras cosas que “la Constitución política y la ley no han previsto que los miembros de las corporaciones públicas de elección popular pierdan su curul como consecuencia de la expulsión de su partido o movimiento político”.

“Por tanto”, añadió, “por las razones expuestas en este concepto, ni el presidente ni la mesa directiva de la respectiva corporación pública pueden llamar a ocupar el cargo a otra persona”.

Al respecto, el alto tribunal señaló que “la Sala observa que ni la Constitución ni la ley -que han sido especialmente cuidadosas en regular las causas que producen la separación de un cargo de elección popular- han previsto expresamente esa consecuencia, pues no fue establecida ni en los artículos 107 (prohibición de doble militancia) y 108 (régimen disciplinario de los partidos) de la Constitución Política, ni en las leyes 974 de 2005 y 1475 de 2011”.

Un debate que se da sobre este tema es a quién pertenece cada curul, pero precisamente el vacío jurídico ha llevado a respuestas contradictorias.

Por ejemplo, en julio de 2014 la Sección Quinta del Consejo de Estado señaló que “no existe la menor duda que las curules en las corporaciones públicas de elección popular son conquistadas por las organizaciones políticas y que si bien las personas naturales que las ocupan cumplen un papel preponderante en esos logros electorales, ello no basta para señalar que son éstos y no aquéllas quienes tienen un derecho intangible frente a esos escaños”.

Sin embargo, casi un año antes (en junio) el Tribunal Superior de Cundinamarca sostuvo en otro caso que los ciudadanos que habían elegido a un senador “en ejercicio de su derecho a elegir y ser elegido, merecen la garantía jurídica de que su mandato expresado en el sufragio no será desconocido por una actuación que no esté rodeada de legalidad”.