| El Nuevo Siglo
LOS CANDIDATOS saben que en esta ocasión el tema paz-guerra ya no será determinante y buscan más tópicos para impactar al electorado
/Cortesía
Domingo, 7 de Febrero de 2021
Redacción Política

A trece meses de las consultas interpartidistas que varias coaliciones realizarán el mismo día de las elecciones parlamentarias, con el fin de escoger su candidato único a la Presidencia, ya empiezan a asomar las que podrían ser las principales banderas políticas de la contienda proselitista.

Todo hace indicar que en la campaña que se avecina, a diferencia de lo que pasó en las anteriores contiendas por la Casa de Nariño, incluso desde 1998, el pulso alrededor de una salida negociada o militar al conflicto armado no será un asunto central. Esto no solo porque el tema Farc (desarmadas en gran parte y sin mayor eco tras su incursión en política) ya no tiene el peso determinante en el escenario nacional que llevó a la polarización en las últimas dos décadas, sino porque para la opinión pública en general este ya no es un tema que se considere prioritario ni urgente. Por lo menos así lo evidencian las encuestas más recientes.

Sí, claro, preocupa a la ciudadanía el reciclaje de la violencia regional y local a manos de las disidencias de las Farc, el Eln y las bandas criminales como el ‘Cartel del Golfo’, cuyo accionar está detrás de las masacres y asesinatos de líderes sociales y desmovilizados. Sin embargo, los sondeos sobre el clima de la opinión pública señalan que temas como la crisis económica derivada de la pandemia, el desempleo, la corrupción y hasta la inseguridad urbana están por encima de la violencia de alto calibre en el top de preocupaciones.  

Es evidente, también, que la pandemia se constituye hoy por hoy en uno de los principales motivos de incertidumbre de los colombianos. Sin embargo, qué tanto vaya a influir este tema en la campaña es difícil de prever.

Por ejemplo, si se cumple el cronograma de vacunación que el gobierno Duque aspira arrancar el próximo 20 de febrero, es posible que la más grave crisis sanitaria vaya disminuyendo paulatinamente a lo largo del año. En este caso, los aspirantes a la jefatura de Estado tendrían que concentrarse más en presentar una propuesta creíble e impactante para acelerar el proceso de recuperación y reactivación económica y social. Aquí podría darse un pulso entre el populismo y la ponderación en materia de ayudas y audacia en medidas.

Pero si se llega a presentar alguna contingencia que entorpezca el plan de vacunación, haciéndola más lenta, o sobreviene una tercera o cuarta ola de la pandemia, entonces el discurso de los presidenciables se enfocará más en la estrategia de contención sanitaria urgente que en la de reactivación.

Como se dijo, esta es una circunstancia que solo se irá aclarando a medida que evolucione la curva epidemiológica.

Ahora bien, en este escenario un tema que será diferencial en la campaña es el referido a quién pondrá sobre la mesa la mejor y más creíble propuesta para crear en Colombia la llamada “renta básica” como ingreso económico mínimo vital que el Estado daría a las familias más pobres y vulnerables.

Aunque ya hay proyectos al respecto en el Congreso, incluso con la firma de parlamentarios de distintos partidos, lo cierto es que es difícil que la figura se apruebe en este Gobierno, por lo que será una bandera de campaña muy competida por cada aspirante a sucederlo.

Congreso y JEP

Sin embargo, más allá de ese tema sanitario coyuntural, asoman ya otras posibles banderas proselitistas que se agitarán por parte de los partidos y los candidatos con cada vez más fuerza a medida que se acerque la hora de las urnas.

Por ejemplo, está cantado que el uribismo piensa mover de forma sustancial las propuestas contenidas en el proyecto de referendo promocionado por el propio exmandatario Álvaro Uribe. Este contiene temas muy taquilleros para la opinión pública como la reducción del tamaño del Congreso y del sueldo de los parlamentarios, la derogatoria de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) y la exclusión del Parlamento de sindicados de delitos de lesa humanidad. Pero también se propone ‘adelgazar’ las altas cortes judiciales, crear un Tribunal de Aforados para juzgar a los altos funcionarios, decomisar estupefacientes sin criminalizar a los consumidores, un apretón en el gasto público, un bono pensional e ingreso solidario permanente para los más pobres y avanzar en gratuidad educativa general.

Obviamente los candidatos de centroderecha y derecha harán énfasis en las propuestas de seguridad, que es un nicho natural de su electorado cautivo. Sin embargo, todavía no asoman ideas puntuales de ese énfasis en un campo en el que la ciudadanía siempre está atenta para apoyar o criticar.

La otra orilla

Pero toda bandera tiene su contra. Por ejemplo, algunos partidos de izquierda y centroizquierda han empezado a poner las cartas sobre la mesa en este campo: tras señalar al uribismo y la centroderecha de querer desmontar el acuerdo de paz, buscan convertirse en los nuevos abanderados de la defensa del pacto frente a lo que denominan la amenaza ‘guerrerista’ de la derecha y del ‘establecimiento’.

Tanto los candidatos presidenciales Gustavo Petro, Sergio Fajardo y Jorge Enrique Robledo como dirigentes al estilo de Juan Fernando Cristo, Humberto de la Calle y Juan Manuel Galán, entre otros, se ubican en esta bandera proselitista.

Y todos ellos (con excepción de Petro) quieren hacer del llamado “centro político” su principal bandera de campaña, tratando de presentarse ajenos a la tradicional polarización (respuesta militar-paz negociada; santismo-uribismo; izquierda-derecha…). Quieren dar a entender que no están con la izquierda radical en la que buscan afanosamente encasillar a Petro, ni con la centroderecha encabezada por el uribismo. Proponen, literalmente, cambiar el ‘chip’ del país y concentrarse en el futuro y los nuevos retos (reactivación pospandemia, agenda ambiental, renta básica, lucha anticorrupción…).

Paradójicamente esta bandera que se están peleando Petro, Fajardo y los respectivos impulsores de las coaliciones de centroizquierda o de “centro-centro”, se estrella con una realidad: los límites políticos y programáticos del “centro” son muy difusos todavía y no se sabe a ciencia cierta qué es, qué no es, quiénes pueden estar allí genuinamente y quiénes solo buscan acomodarse por un móvil de oportunismo político y electoral.

En este sector típicamente antiuribista hay otras banderas, aunque de menor eco. Por ejemplo, hay congresistas como Roy Barreras que insisten en un referendo para promover la revocatoria del mandato a los presidentes de la República. Aunque se lanzó pensando en Duque, es claro que a este le faltan 19 meses y no habría tiempo para someterlo a este eventual proceso. Sin embargo, es una idea taquillera.

Otras más

Habrá otros temas más puntuales que tratarán de convertirse en banderas de campaña, aunque no será fácil consolidarlas debido al amplio debate al respecto, que más que conquistar electorado lo tiende a dividir.

Por ejemplo, habrá quienes acudan a su origen geográfico (costa Caribe, Valle, Antioquia y otras zonas) para abanderar la causa de la necesidad de un relevo de los bogotanos en la Casa de Nariño. Igual habrá varios movimientos políticos y candidatos por firmas justificándose en que representan el cambio frente al desgaste de las colectividades establecidas y tradicionales. Se proyectaba, incluso, un “Liberalismo social demócrata” como opción política-electoral pero los congresistas que lo apoyaron no renunciarán a sus partidos actuales.

Igual no faltará quien proponga elevar el agua a derecho fundamental, la prohibición total del fracking, la votación a partir de los 16 años, un alivio general a los deudores del Icetex, dejar permanentes los subsidios activados por la pandemia y hasta la gratuidad en la educación superior o disminuir la jornada laboral a 40 horas…

Como se ve, a trece meses del primer round de las elecciones presidenciales empiezan a agitarse las que apuntan a ser las principales banderas políticas. Algunas son obvias y otras no tanto. Debe esperarse a que la campaña tome ritmo para ver cuál convence más.