El 19 de marzo se cumple un año del inicio de lo que se denominó un simulacro de confinamiento en Bogotá, para prepararnos a la pandemia y reducir las muertes que hasta ese momento eran inexistentes en el país.
Para algunos expertos un cierre prematuro que hizo muy prolongado el proceso de contagio de la pandemia, los resultados no fueron los deseados, un año después, con más de 60 mil fallecidos, Colombia es el país número 12 del mundo en muertes, de igual forma ocupamos el mismo lugar en el número de contagios con más de dos millones, cifras que no han vivido países que no decidieron cerrarse de forma tan prolongada.
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También se cumple un año del cierre de los colegios y las universidades. Lo que para instituciones como Unesco y Unicef catalogan la peor tragedia mundial, por encima que las mismas muertes por el Covid. En ello, Colombia también se encuentra en el lamentable ranking de los países que no ha podido retornar a la necesaria educación presencial.
A continuación, se expondrán algunas reflexiones sobre un año reprobado para la educación.
1. El miedo ganó: la campaña del gobierno nacional, de los gobiernos locales, de los medios de comunicación por mantener a los colombianos arrinconados en casas y temerosos de salir, se convirtió en un bumerang. Los medios se encargaron de presentar los casos más absurdos de contagio, de mostrar la enfermedad como un castigo para aquellos que salían y no cumplían las normas. Y hoy cuando se espera volver a las clases, miles de padres de familia, de estudiantes siguen con miedo, con especulaciones sobre la enfermedad que son mitos, con protocolos de bioseguridad que no son efectivos. Después de inocular miedo en exceso por un año, construir confianza es un proceso largo y complejo.
2. Los sindicatos docentes otros enemigos de la educación: las negociaciones por el retorno han demostrado el poco interés de los líderes sindicales por el retorno. Siempre expresan en los comunicados que su deseo es volver, pero las condiciones que piden son imposibles de cumplir en el corto y mediano plazo. Prebendas, mas salarios, mayor contratación de planta docente, recursos físicos, inclusive proponen reconstruir los colegios. La situación es tan grave que en Bogotá circulan en las redes sociales imágenes de amenaza y matoneo a los rectores y profesores que han manifestado el deseo de volver, una situación lamentable, vil y que demuestra la incoherencia de muchos que dicen trabajar por la educación.
3. La deserción y el abandono escolar a la orden del día: la semana pasada se presentó un informe de que se redujo la matrícula en un 11% en las universidades privadas. Pero si duda el panorama es peor, pues el estudio no incluye las universidades más pequeñas que son las que menos pueden retener estudiantes. La situación se vuelve una cascada de problemas, reducción de matrículas, menos número de estudiantes, crisis financiera, despido de profesores, reducción de salarios y un retroceso en temas como inversión en investigación, formación, infraestructura.
4. La economía paralizada: tanto la virtualidad como la alternancia ha hecho que todos los negocios y actividades económicas desarrolladas en el entorno de las universidades estén quebrados. Edificios de apartaestudios cerca de las universidades como ocurre en el centro de Bogotá o en ciudades universitarias desocupados, restaurantes y cafeterías clausuradas, fotocopiadoras, librerías, papelerías sin ingresos. Un sector muy activo que hoy tiene a miles desempleados o en la quiebra.
5. Una población docente que debería estar retirada: una de los aspectos que más comentan y escriben docentes en Bogotá, Medellín y de mensajes que he recibido de varias partes del país es de instituciones educativas públicas donde el 40% de los profesores son mayores de 60 años, tienen una o dos pensiones y siguen trabajando. Claro, ahora llevan un año desde sus casas de descanso, fincas, aislados, o en sus casas con el argumento que no volverán a la presencialidad porque son población de alto riesgo, pero tampoco renuncian a sus cargos, de profesores o rectores. La situación es crítica, porque hay miles de profesores jóvenes que esperan un concurso docente para tener un empleo formal y digno, pero con el argumento del derecho al trabajo miles de profesores de magisterio ya pensionados se atornillan a los cargos y ahora no volverán a la presencialidad. Esto sumado a que las clases virtuales son casi imposibles de realizar en las instituciones públicas hace que el panorama requiera de la atención porque es una bomba de tiempo, más cuando se sabe que el Covid seguirá presente por tiempo indefinido y el proceso de vacunación será más lento de lo que todos imaginamos.
6. Una generación más aislada y desmotivada: el año de confinamiento escolar y universitario pasa factura también en temas de rutinas, prácticas, métodos de estudio. Estudiantes que toman las clases acostados, que perdieron el interés, que no están aprendiendo y sobre todo desconocen lo que es la universidad y la educación en general: socializar, debatir, compartir, aprender a convivir, desarrollar actividades extracurriculares, deportivas o culturales. Tantos aspectos que son parte integral de un proceso formativo.
7. Aumento del trabajo infantil: En las regiones más pobres, y donde la economía informal es la constante, se volvió común que los padres pongan a trabajar a sus hijos en edad escolar, con el argumento que en casa no hacen nada. No hay estudios al respecto en el país, pero varios países pobres la situación es alarmante. La Unicef calcula que si la situación no se normaliza 400 millones de niños y niñas abandonarán el sistema escolar y no volverán a él, una tragedia enorme comparada con los casos de Covid y los fallecidos en el mundo.
El panorama un año después es de incertidumbre, se requieren acciones conjuntas de interés real por volver, no frases de cajón que esconden las verdaderas intenciones políticas, financieras o personales de todos los actores involucrados en el sector educación.