El 3 de marzo de 2020 Fernando Ruiz se posesionó como Ministro de Salud. Ya conocía esa cartera por cuanto había sido viceministro entre 2013-2016. Sin embargo, cuando juró ante el presidente Duque sabía que le iba a tocar el reto más importante y difícil de su larga carrera profesional: liderar la estrategia para que Colombia enfrentara la pandemia de covid-19, el virus surgido tres meses antes en China, del que poco se conocía salvo que era una potencial amenaza mortal para la humanidad.
De hecho, como él mismo lo recuerda, tres días después de asumir se confirmó el primer caso de la pandemia en Colombia. A Ruiz, desde entonces, le ha tocado afrontar la crisis sanitaria más grave de las últimas décadas, que le ha costado al país más de 139 mil vidas.
Hace una semana, por fin, tras 26 meses de temor y duro coletazo económico y social, el país empezó a desmontar el uso obligatorio del tapabocas, el principal símbolo de la pandemia.
EL NUEVO SIGLO habló con Ruiz para conocer, desde su esfera más personal, cómo lo impactó la crisis, qué pasaba con su familia, cuál fue el momento más difícil y las lecciones aprendidas que le quedan al país.
EL NUEVO SIGLO: ¿Recuerda esa primera sensación o pensamiento cuando a inicios de 2020 tuvo la certeza de que tendría que enfrentar y liderar el plan de contingencia contra una pandemia?
FERNANDO RUIZ GÓMEZ: Nos enfrentábamos a un virus del cual la ciencia no tenía conocimiento, por lo que como Gobierno nacional nos tocó tomar decisiones basadas en las recomendaciones de los mejores expertos.
Es de tener presente que llegué al Ministerio tres días antes de la notificación del primer caso del covid-19 en Colombia, pero ya veníamos adelantando una estrategia de preparación, de cara a la inminente llegada del Sars-CoV-2. De esta manera, el 6 de marzo de 2020 ya teníamos una articulación entre todos los actores de salud que permitió seguir una ruta, conscientes de que a partir de ese momento todo iba a cambiar.
Obviamente, nadie conocía las dimensiones de esta pandemia, no existía un precedente en el mundo de lo que nos ha tocado vivir en estos dos largos años, pero queda la satisfacción de haber dado lo mejor y haber puesto el conocimiento en manejo de pandemias que he venido acumulando.
ENS: La ciudadanía suele evaluar a los funcionarios públicos solo por sus ejecutorias, olvidando que tienen familias y que una crisis como la pandemia golpea a todos ¿Cómo le fue a su entorno más personal y familiar frente al covid-19?
FRG: Como a todas las personas en el mundo, la pandemia nos cambió las dinámicas normales en la familia. Como ministro, mi deber implicó reunirme con la gente, con secretarios de salud, alcaldes, gobernadores y otros tomadores de decisiones dando rectoría en atención a la pandemia.
Eso implicó que estuviera lejos de mi casa, lo que me obligaba a cuidarme más, seguir los protocolos de manera estricta porque siempre tuve el temor de llevar el covid-19 a mi casa, un virus que en el primer año mostró que perfectamente podía llevar en cuestión de días a una persona a una UCI y con un desenlace de muerte, y ver eso todos los días era doloroso y temeroso.
ENS: ¿En algún momento, ante la gravedad de la crisis y la incertidumbre sobre el rumbo de la pandemia, se le pasó por la mente la idea de renunciar?
FRG: Cuando el presidente Iván Duque me encargó esta tarea, reconocía el compromiso que asumía con la salud pública, y con la pandemia encontré que el deber era mayor, porque nos enfrentábamos como sociedad a la emergencia sanitaria más importante en la historia de Colombia. La vida me dio la oportunidad de ser el ministro en este periodo, para cuidar la salud de los colombianos y velar por la vida, y la historia dirá si lo hicimos bien.
Ahora que lo más difícil ha pasado, nos podemos enfocar en otras necesidades en lo que hemos definido como el decálogo, que incluye el hospital público, la soberanía y la seguridad sanitaria, la interoperabilidad del sector salud, el aseguramiento universal, el financiamiento y saneamiento de deudas, entre otros frentes. Es una agenda que supera las metas de este Gobierno, y que se proyecta al futuro de la salud pública de los colombianos.
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Lo más difícil
ENS: ¿Recuerda, en el plano personal, alguna conversación con el presidente Duque sobre el tamaño del desafío que afrontaba el país y el hecho de que habría miles y miles de muertes?
FRG: Claro, y quizás la más difícil fue cuando se declaró la medida de Aislamiento Preventivo Obligatorio, oportunidad en la que le confesé al presidente Duque que nunca me imaginé que tendría que tomar una decisión tan radical, pero era necesario preparar nuestro sistema de salud de cara a la pandemia.
No obstante, durante mi postgrado en la Universidad de Harvard, cuando estudiaba la posibilidad de una pandemia mundial y se buscaban alternativas para enfrentarla, contemplé como medida una cuarentena, pero nunca imaginé que fuera una decisión que me tocara tomar como ministro de salud de mi país.
ENS: De todo lo que enfrentó en estos 26 meses de emergencia por el covid-19 ¿Qué fue lo que más lo marcó? ¿Aquella imagen, hecho o situación que nunca olvidará?
FRG: La pandemia en su conjunto es una sola fotografía, y seguramente después de mi administración tendré el tiempo para reflexionar, pensar, recordar o hasta olvidar. En todo caso es difícil tener una imagen o situación única, cada día ha representado sus retos, dificultades y logros, y es de tener presente que estos dos años han sido como si hubieran pasado 10. El avance que hemos tenido en diferentes frentes es inalcanzable, por lo que también me siento satisfecho.
Pero sí me queda el dolor por todos los que se han ido a causa del covid-19, como ministro me ha tocado sufrir por cada uno de los que diariamente suman las cifras de fallecidos, y ese es un sentimiento difícil de superar, por lo que acompaño a todas las familias en ese duelo.
ENS: Desde el punto de vista personal, de padre, esposo, hermano, tío y abuelo ¿Qué siente ahora que el país parece empezar a dejar atrás la etapa más crítica de la pandemia?
FRG: Tenemos que reconocer que es gracias a la vacunación, la cual alcanzó 83,1 millones de dosis aplicadas, que hoy podemos levantarnos el tapabocas y empezar a recuperar la normalidad. Realmente se siente tranquilidad que hoy la población está protegida, pero esto es un desescalamiento de medidas. Hay cosas que se quedarán, el tapabocas es una de ellas porque a partir de ahora cuando una persona tenga síntomas respiratorios no debe dudar en usarlo, así mismo nos queda el hábito de lavarnos las manos, lo cual nos puede salvar la vida frente al covid-19 pero también ante otras enfermedades.
ENS: ¿Tiene algún plan para después del 7 de agosto?
FRG: Deseo empezar a dedicar más tiempo para mí y mi familia, compartir con mi hija Luciana actividades del colegio y ayudarle más a mi esposa Liz en todas las tareas que implica ser madre. También quiero sentarme a escribir, pero no apartarme de la salud pública, definitivamente soy médico y mi razón de ser y vocación es ayudar a la gente.
ENS: ¿Cuál debería ser la principal lección aprendida, desde la esfera humana, en Colombia tras la pandemia de covid-19?
FRG: El covid-19 nos enseñó que todo puede cambiar muy rápido, por eso debemos valorar más a nuestros seres queridos, dedicarles tiempo de calidad y cuidarlos cuando lo necesiten. Vimos con la pandemia también ese compromiso incondicional del talento humano en salud, que puso su tiempo, salud y vida por atender a los enfermos.
Aprendimos con la pandemia del covid-19 que cuidarnos es cuidar al otro, por ejemplo, con las vacunas, que nos dan esa protección para proteger a nuestros seres queridos y garantizar espacios bioseguros para recuperar la vida.