Seis orejas y un toro indultado en la última corrida de Manizales | El Nuevo Siglo
En hombros salieron este dimingo de la Monumental de Manizales, los diestros El Juli y Luis Bolívar, en el cierre de la 67a. Feria de Manizales.
César Gómez
Domingo, 9 de Enero de 2022
Hernando Suárez Albarracín

Por: Hernando Suárez Albarracín

Un encierro de la ganadería de Ernesto Gutiérrez Arango disparejo en hechuras y juego, fue el encargado de ponerle el cerrojo a la 67ª. Feria Taurina de Manizales, con un cartel integrado por el ídolo de Madrid y de Manizales Julián López “El Juli”, el colombiano Luis Bolívar y el también español Tomás Rufo, quien hizo su debut en la Monumental.

Gran toro el que abrió plaza, número 354 de 476 kilos, de nombre Profesor, al cual Julián López le instrumentó una faena perfecta; le había salido el toro con el que sueñan los toreros: bravo en los tres tercios y de una embestida excepcional. Hipnotizado por El Juli, acudió siempre con entrega, metiendo los belfos, dejándose conducir por una muleta mandona a la que se arrancó en ocasiones casi sin que el diestro lo citara; además fue fijo, como si de ello dependiera su vida. Muletazos de todas las marcas, lentos y largos; profundos y ligados como lo exige el toreo de verdad. Lo lidió sin despeinarse. Por momentos se le veía torear en cámara lenta. Qué manera de embarcar al toro, de embelesarlo en la panza de la muleta, planchada y torera. Todo este despliegue de arte tenía entonces que colofonarse con el clímax de una faena enorme: el Palco presidencial ordenó el indulto del toro.

En segundo lugar saltó Turpial, un chorreado en verdugo al que Luis Bolívar bordó una gran faena. El mérito que tuvo la labor del colombiano fue que siendo el toro avanto, huidizo y rajado, su faena se acomodó a la nula clase del astado para instrumentarle pases de gran calidad, lentos y con temple, consintiendo al toro y dándole tiempo entre tandas para no incomodarlo. Sonó la música para premiar la técnica conque estaba toreando. El toro terminó entre las tablas y Bolívar lo despachó de estocada en todo lo alto. Pitos al toro. Saludo desde el tercio.}

Otro manso apareció en el tercer turno. Tenía tan fundido el motor, que sus embestidas eran de tres pasos. Había que estar demasiado encima de él y así lo hizo Tomás Rufo, el debutante coletudo de Talavera de la Reina. Dirigió su trasteo con muletazos que arrancó a la fuerza, pues al toro le costaba desplazarse. Tuvo la bondad de atender al engaño y dejarse. Mérito de la faena fue no renunciar Tomás a explotar a un manso al que había necesariamente que exprimirle las tres gotas de vino que traía en su alma seca. Espadazo hasta la cruz en todo lo alto. El toro rodó sin puntilla. Una oreja.


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Pareciera a veces que no es que El Juli conozca los toros de Gutiérrez, sino que los toros de Gutiérrez lo conocen a él. Eso vimos en el cuarto de la tarde, con el que el madrileño dictó una bella cátedra de técnica al lidiar un blando de solemnidad al que le encantaba la arena. Pero en manos de El Juli hay que entregarse y acatar la voz de mando. El Juli enseña a los toros y los toros aprenden. Por eso sus defectos quedan ocultos y el oficio del torero brilla, gusta, entretiene, emociona. Colofonó su magisterio con una estocada trasera y descabello, para acomodar en su espuerta la cuarta oreja de la tarde.

En el quinto Luis Bolívar se lució de nuevo. Refrendó el buen momento que atraviesa y las grandes tardes que nos ha regalado. Toreó como los ángeles. Nos deleitó con un repertorio exquisito, bordado en su arte y maestría. Qué bellísima faena degustamos. Templadísima, profunda, eterna!!! Entre tandas daba paseos de dos siglos. El toro no necesitaba tanto para recuperarse, porque justo de fuerza sí era; es que la maestría se obtiene cuando el artista logra hacer lo que le dicta su talento, sea lo que sea, y todo se ve hermoso. Triunfó el Bolívar reposado, desmayado, amo de las distancias, genio de los tiempos. Estuvo en maestro, incluso depositando el acero, que dejó hasta los gavilanes para asegurar también la puerta grande: Dos orejas y podría con esta faena llevarse por primera vez, de manera merecidísima, el máximo trofeo como triunfador de la Feria. Veremos.

Con el último toro de la corrida y de la Feria, de nombre Adinerado, no pasó nada. Impotable, parado. Queríamos también la puerta grande para Rufo, pero no hubo materia prima y así terminó la corrida que, gracias a la genialidad de los alternantes, nos dejó emociones y momentos que no olvidaremos jamás.

Ha terminado la Feria de Manizales; nos vamos felices y agradecidos con esta ciudad que por siempre será del alma.