Entre el 6 y el 18 de noviembre se llevará a cabo en Sharm El-Sheikh (Egipto) la vigesimoséptima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27), en donde los países asumen ambiciosos compromisos para mitigar los efectos del calentamiento global.
No obstante, lo que los estados acuerdan en estos espacios son compromisos y por consiguiente no son vinculantes. En un punto de degradación ambiental de no retorno, en donde al mundo le queda por delante frenar, pero ya no puede revertir, amerita plantearse una pregunta: ¿Qué tan efectivos son estos espacios internacionales?
Si bien es cierto que en 26 cumbres que se han adelantado, por ejemplo, los países participantes no han logrado revertir las emisiones de efecto invernadero, este es el momento de tomarse en serio los compromisos que allí se hagan.
Como lo planteó el profesor experto en cambio climático e interacciones del clima y los ecosistemas (ICE), de la Universidad del Rosario, Benjamín Raphael Quesada: si el mundo no cumple lo acordado, podría cerrar este siglo 4,5 grados Celsius más caliente. Pero de hacerlo, el incremento en las temperaturas sería de 2,5 grados, “una mejora notable”.
EL NUEVO SIGLO: En la primera semana de noviembre comenzará la COP27 sobre el cambio climático. ¿Qué debemos esperar de este encuentro?
BENJAMÍN RAPHAEL QUESADA: Más allá de la agenda que está trazada, lejos de limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C o 2 °C, que son las dos cifras claves del Acuerdo de Paris, los planes de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de las partes firmantes (casi todos los países del mundo) podrían poner al mundo en la senda de los 2,5 °C de calentamiento para finales de este siglo. En este sentido esperamos compromisos más ambiciosos para lograr este objetivo.
También será clave el tema relacionado con la financiación climática. En el Acuerdo de París están previstos 100 billones de dólares al año para que los países del Norte compensen a los países del Sur, que son menos responsables del cambio climático pero que por el contrario son más vulnerables, para la adaptación al mismo. Sin embargo, sólo 83 billones han sido recaudados y parte de dichos recursos son préstamos, es decir, que no corresponden a lo que se pactó.
Y finalmente, creo que debemos esperar noticias sobre el concepto de "pérdidas y perjuicios" llevado por los estados isleños y los países del Sur global, en donde se reconoce que ya hay impactos nefastos y visibles del cambio climático, tales como huracanes fuertes, marcadas olas de calor y sequías. Estos estados, menos responsables del cambio climático, tienen toda la legitimidad para pedir reparaciones a un fondo internacional destinado a este tema cuando ocurren con mayor frecuencia estos eventos.
ENS: ¿Este fondo ya existe o es una propuesta que los estados isleños presentarán en esta cumbre?
BRQ: Esta fue una promesa que se hizo hace 13 años en una cumbre climática que se realizó en Copenhague, en donde los países del Norte global prometieron compensar (no es un tema de generosidad) a las naciones del Sur global por su carga en el daño medioambiental. No obstante, esta meta no se cumplió y hoy el promedio anual de compensaciones es de US$20 billones. En este sentido, no están asumiendo su responsabilidad y hay una clara fractura entre el Norte y el Sur.
Adicionalmente, 100 billones de dólares al año no es nada, se necesitarían trillones. Hace falta voluntad política y los países del sur deben levantar su voz, incluida Colombia.
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Compromisos
ENS: Comparativamente con las cumbres anteriores, ¿en esta ocasión podríamos ver un compromiso real y concertado por parte de las grandes potencias?
BRQ: El enfoque diferencial está en que los países del Norte tienen la obligación de contribuir más, así como las personas con más recursos quienes, por su parte, representan una mayor huella de carbono. Esta es una realidad que tiene que imponerse en las negociaciones y es lo que intentan organizar los países del Sur global.
ENS: Expertos han indicado que ya llegamos a un punto de no retorno en relación con el cambio climático. ¿Estos escenarios sí sirven si no son vinculantes?
BRQ: Lo primero que hay que tener presente es que el Acuerdo de París es vinculante, y si bien no prevé sanciones o cárcel para los dirigentes que lo incumplen, las cortes de numerosos países se han pronunciado de manera categórica en cuanto a que son compromisos internacionales vinculantes que deben seguirse al pie de la letra. De lo contrario, el Estado se puede ver demandado por inacción climática.
Viendo el vaso medio vacío, efectivamente en 27 años de la COP aún no se ha visto una inflexión en las emisiones de gases de efecto invernadero y menos en la temperatura global. Viendo el vaso medio lleno, estos escenarios han permitido mejorar los compromisos climáticos y plasmarlos en las leyes de cada una de las naciones.
Lo planteo de la siguiente manera: si no hacemos nada, nos vamos a estar orientando a un incremento de 4-5 °C adicionales a finales de siglo. Pero si los compromisos se cumplen, estaríamos en la senda de +2.5 °C, lo que significaría una mejora notable.
ENS: ¿Qué compromisos debería esperar el mundo de las grandes potencias como Estados Unidos, China, India, Unión Europea, las economías más contaminantes?
BRQ: Estados Unidos y China, grandes emisores de gases de efecto invernadero, acordaron en la COP26, que se llevó a cabo en Glasgow (Escocia), sobre la reducción del metano. No obstante, eventos geopolíticos pueden haber "congelado" estas buenas intenciones, como la visita de Nancy Pelosi a Taiwán o el conflicto ruso-ucraniano.
Creo que la comunidad internacional esperaría que estos países asuman una mayor responsabilidad frente al cambio climático, que reduzcan más su dependencia frente a los combustibles fósiles y que dejen de subvencionarlos; que contribuyan más al financiamiento climático y que dejen de amparar la deforestación de manera directa o indirecta.
ENS: ¿Qué aportará Colombia a la cumbre de este año?
BRQ: Colombia, si bien no tiene una responsabilidad equivalente a la que tienen los países del Norte, debe respetar sus compromisos e implementar las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático. En este sentido el país no tiene nada que ganar (y mucho menos las futuras generaciones) si sigue perpetuando un modelo fuertemente extractivista y minero-energético, puesto que estos almacenamientos van a reducirse más y más, provocando daños innegables sobre la salud humana y de los ecosistemas.
Colombia debe aportar su voz a los países del Sur global para poder financiar con fondos internacionales proyectos de adaptación y transición energética, en donde se acompañen y fomenten las alternativas productivas de bajo carbono. Nuestro país tiene una gran responsabilidad, ya que se fijó una ambiciosa meta a este respecto, pero al parecer no pensó lo suficiente en cómo implementarlo en todos los sectores, en coordinación con ellos para acompañar la transición.
Varios analistas han categorizado a Colombia como un Estado que no ha implementado sus metas climáticas pero que, no obstante, tiene grandes experiencias locales en restauración ecológica, conservación y soluciones basadas en la naturaleza. Estas son prácticas que el país debe promover y debe convertirse en una potencia de exportación de buenas prácticas.
Una sociedad menos resiliente ante las variaciones climáticas –y eso es algo que estamos viendo incluso con las penurias de combustibles en Europa– provoca más zozobra, más conflicto y menos seguridad alimentaria.