“A PESAR de que mi papá fue un oficial de la Policía yo deseaba ser docente de preescolar para enseñar y formar a los niños… aunque también pensaba en estudiar biología marina”. Quien habla es Yackeline Navarro, hoy general de la Policía y subdirectora de esa institución.
En diálogo con EL NUEVO SIGLO, la alta oficial recuerda que cuando era muy pequeña y gracias a las enseñanzas de su padre, quería en todo momento ayudar a los demás y para ello pensaba en ser profesora.
“Terminé mis estudios de secundaria y analicé algunas opciones profesionales, entre ellas la carrera de preescolar, como se denominaba en su momento, para formarse como docente especializada en niños. La otra opción era la biología marina. Tenía clara mi vocación de servir e impulsada por este propósito finalmente me decidí por ser policía. Se lo transmití a mis padres y, con el apoyo de ellos, empecé mi proceso de incorporación a la Escuela de Cadetes en 1989”, explica.
De acuerdo con la general “cuando los sueños son claros, no hay barreras. Se presentan momentos difíciles como todo en la vida, pero se superan y ellos mismos ayudan a fortalecer el carácter y a seguir esforzándonos para cumplir esos propósitos, en este caso ser policía. Escoger una profesión que es exigente pero que nos retribuye con la gratitud de la comunidad a la que se sirve, es un reconocimiento que alimenta el alma y nos convence plenamente de la decisión de vida que escogimos”.
Recuerda la subdirectora de la Policía que le gustaba “servir a los demás, tanto es así que en el colegio pertenecía a los grupos de servicio a comunidades y cuando tenía 14 años pertenecí a un grupo de boys scout, en el que realizábamos acciones de apoyo social en varias localidades aquí en Bogotá. En estas circunstancias se afianzó el deseo de servir. Entonces, ahí fue cuando reconocí que la Policía Nacional sería esa opción de vida”.
Influencia paterna
Recuerda que escogió una carrera difícil, que necesita tener corazón fuerte y sobre todo la decisión de servir y ayudar a los colombianos. “Mi papá me acompañó a la Escuela General Santander para adquirir la carpeta. Me explicó todo el proceso y las dificultades que se presentan en esta profesión, pero también las grandes satisfacciones por servir a los colombianos”, agrega.
Sobre sus inicios en la institución, trae a cuento que “ingresamos los aspirantes a oficiales un 23 de enero de 1990. Egresamos de la Escuela 218 subtenientes, de los cuales 14 éramos mujeres pese a que iniciamos 19, pero cinco desistieron durante los años de capacitación y entrenamiento … Superar la exigente formación académica de la Escuela, a donde además llegaban jóvenes policías de otros países, y lograr ese grado anhelado de ser oficial, era la meta inicial”.
Explica que los retos siempre han estado presentes. Para “construir esta profesión se necesita dedicación, preparación, estudio permanente de las normas y los procedimientos. Pero lo más importante: fe y pasión por lo que se hace. Nos forman para ser líderes de la función pública, dentro de la institución y hacia la comunidad, para enfrentar situaciones de riesgo, pero también para solucionar conflictos y contribuir al desarrollo social desde la convivencia y el respeto”.
La oficial insiste en que “siempre me llamó la atención el trabajo de infancia y adolescencia, y la educación, pues soy una convencida de que ahí están los motores de la transformación de la sociedad. Desde la niñez y la formación, no solo académica sino en principios y valores, es que las comunidades se protegen de la violencia y del desorden social, que finalmente es el que deriva en inseguridad y delincuencia”.
Pero no solo es una labor individual, sino colectiva. “Es necesario contar todo el tiempo con un exigente trabajo en equipo y respeto por el otro. Esto me ha demostrado durante más de 30 años de profesión que es la clave para movilizar el talento de nuestros policías y su trabajo de forma virtuosa, siempre con un sentido trascendente”.
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Larga trayectoria
Llegar al segundo escalón más importante dentro de la institución no es fácil. “… No es fácil ser oficial, pero cuando hay decisión, disciplina y amor por lo que se hace, todo se supera. Desde mis primeras unidades en las regiones, en Barranquilla, en Medellín, en la Escuela de Cadetes como oficial de planta, responsable de la formación de los futuros oficiales; luego por cargos fundamentales para la gestión humana del policía y su familia, como la Dirección de Bienestar Social, y también en la parte operativa, como la Dirección de Seguridad Ciudadana, y finalmente por la Dirección Nacional de Escuelas, que es donde se afianzan los principios éticos para el policía, siempre hicimos énfasis en un servicio de calidad, desde la gestión y articulación del bienestar, la educación y la familia”, recuerda.
La hoy general relata que uno de los momentos más importantes en su carrera fue fascinante, cuando la seleccionaron para el Curso Integral de Seguridad y Defensa Nacional (Cidenal) y de alta gerencia. “Experimenté que había llegado el momento para el cual todo oficial de la Policía se prepara: el de poner al servicio de los demás este honor que Dios nos permite de alcanzar los peldaños más altos de la institución y que se recompensa cuando hay un trabajo serio, disciplinado y dedicado al prójimo. Comprendí que la Divina Providencia nos daba otra oportunidad de seguir ayudando a los demás y contribuir al país, desde el cuerpo directivo de nuestra Policía Nacional”.
“El oficial va asumiendo cargos de responsabilidad que lo forman para retos superiores y estratégicos. Consideramos que la vida nos prepara para los desafíos que nos va poniendo al frente; eso lo aprendí en cada cargo desempeñado y más en la Institución, donde hay un aprendizaje diario. Los altos cargos no se forman al final, se forman desde el principio, con los equipos de trabajo, con el policía, aprendiendo de ellos, de la interacción con la ciudadanía, de la resolución de problemas complejos y, por qué no decirlo, de las crisis y dificultades”, explica la alta oficial.
Agrega que “esas lecciones de vida a las que todos los días nos enfrentamos como policías, nos brindan mayor fortaleza, resiliencia y convencimiento de esta responsabilidad, siempre pensando en aportar a la Institución, a sus integrantes y a la comunidad”.
Doble papel
En cuanto a su papel como ama de casa, afirma que “la virtud está en el equilibrio; por eso se debe procurar por un balance entre ambos roles y, obviamente, toda la familia apoya. En mi caso particular mi hermana es fundamental. Debo confesar que corría todo el tiempo, como seguramente lo hacen millones de colombianas, para hacer los quehaceres de una madre que alista a su hijo para ir al colegio y que sale a trabajar. Procuro siempre garantizar un tiempo de calidad con él. Su educación y formación como un ciudadano de principios y valores es mi prioridad, y para esto, escoger un buen colegio que apoye esta labor es fundamental”.
“Para alternar mi labor maternal, que confieso es gratificante y me llena de felicidad, procuro atender los espacios que siempre han sido cruciales dentro de la educación y formación de mi hijo e involucrándolo, en la medida en que podía, en mi trabajo, para que él conociera el otro rol que desempeñaba su madre”, sostiene la general.
Puntualizó la hoy subdirectora que “sin temor me atrevo a afirmar que ser policía es la profesión más exigente de la sociedad. No solo por el tiempo que dedicamos en las comunidades o los peligros que enfrentamos, sino porque un policía es un catalizador de las dificultades y problemas que los aquejan: además de escuchar y solucionar, debe motivar, aliviar al ciudadano y continuar a atender situaciones similares en otro llamado, en otras calles o barrios, finalmente a continuar formando su hogar y así sucesivamente”.