| El Nuevo Siglo
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Domingo, 12 de Marzo de 2023
Redacción Nacional

LA ILUSIÓN que “tenemos todos los niños es ser bombero, policía, médico, ingeniero… Pero yo siempre quise ser militar… Siempre he admirado a esas mujeres que arriesgan sus vidas como pilotos, oficiales y suboficiales en todo el país… Cuando salió la convocatoria para prestar el servicio militar voluntario para mujeres dije: ¡Para ya voy yo!”.

Quien habla es Mayra Alejandra Benítez Cedano, una joven de escasos 19 años. Es hija de Diana Milena y de Uldarico, dos enfermeros que trabajan en el hospital de Chaparral, en el sur del Tolima, quienes con sus salarios apretados pagan todas las necesidades de su hogar y la carrera profesional de su hija.

“Mi familia es de escasos recursos económicos y yo busqué una carrera económica, en una universidad también económica, y por esta razón estoy estudiando. No tengo lujos, pero sí muchos deseos de estudiar, progresar y ayudar a mis padres, que tanto se sacrifican para sacar la familia adelante”, explica.

Recuerda que cuando estaba muy pequeña siempre jugaba con sus vecinos a decir en voz alta qué quería ser cada uno cuando grande: “… Siempre jugábamos con carritos de madera, con muñecas de trapo, jugábamos a ser bomberos, médicos, enfermeras, policías… Yo siempre decía que era soldado… Fuimos creciendo y cada uno fue cogiendo su camino, unos lograron estudiar la primaria y la secundaria en escuelas y colegios públicos, y otros alcanzamos la universidad”.

“En mi caso, mis padres, que trabajan desde hace mucho tiempo como enfermeros, hicieron todo para que pudiera ingresar a la universidad… Ahí veía que mis sueños de ser soldado estaban lejitos, muy lejitos”, relata.

Mayra Alejandra explica que el año pasado terminó quinto semestre y “con los ahorros de mis padres completamos para continuar con el sexto”.

Los planes de la joven eran muy claros: “graduarse como profesional y luego esperar una convocatoria en el Ejército para poder ingresar a una de las escuelas de formación y, finalmente, ser militar, mi sueño de toda la vida”.

La oportunidad

La joven recuerda que hace algunos meses una “vecina llegó corriendo a la casa y nos contó que habían abierto el servicio militar voluntario para cinco mil jóvenes mujeres que hubiesen terminado el bachillerato en unos casos, y en otros que tuvieran una carrera técnica y aspiraciones de hacer la carrera de suboficial u oficial”.

“Sin pensarlo dos veces le pregunté a partir de cuándo era la convocatoria… Ella me dijo que era ‘ya o ya’, y que me podía presentar en el Distrito de la Sexta Brigada del Ejército y prestar el servicio militar voluntario en una unidad de Tolemaida”, explicó.

“Ahí fue cuando me dije: ‘ahí voy yo’. Miré a mis padres y les recordé que ese era mi sueño, ser militar, y que les pedía comprensión para suspender mis estudios en la universidad. Ellos quedaron, en principio, en silencio, pero luego mamá me dijo: ‘si eso es lo que sumercé quiere, entonces hágale’… Ella entiende que una vez tenga la posibilidad de seguir una carrera militar, podré continuar con la universidad”, indicó.

Obviamente dejar la universidad y pasar al camuflado como soldado no es fácil: “Vengo de Chaparral. Tomé una decisión un poquito dura, debido a que ingresaba al sexto semestre de Administración en Seguridad y Salud en el Trabajo, y decidí suspender transitoriamente esta carrera para ingresar como soldado voluntario al Ejército”.

Ahora que comienza su experiencia en las filas, Mayra Alejandra admite que siente nervios. “… Una no sabe cómo será este proceso, pero estoy contenta… Conmigo se presentaron muchas niñas y no pasaron los exámenes… He escuchado que es difícil, que exigen demasiado, pero espero poder salir adelante con esta iniciativa y también sé que estar en el Ejército es muy bueno y es lo mejor. Claro, si uno tiene aspiraciones, buen comportamiento y deseos de superación”, afirma la joven.

Una de las cinco mil

Terminado ya el proceso de exámenes y selección, el sueño de Mayra Alejandra comenzó desde el pasado 17 de febrero: “Doy gracias a Dios por ser una de las cinco mil mujeres que ingresarán al Ejército en todo el país. Es un cambio abrupto en mi vida pero tomé esa decisión para ver otras cosas en la vida y cumplir los retos que una se impone”.

Eso sí lamenta que muchas niñas no pasaron las pruebas y se quedaron con sus sueños frustrados. Su consejo es sencillo y directo: que se preparen bien y estén listas para la próxima convocatoria.

Esta joven tiene una hoja de ruta clara: “si supero con satisfacción el servicio militar voluntario, me gustaría seguir la carrera, bien sea en la Escuela de Suboficiales Inocencio Chincá, aquí en Tolemaida, o en la Escuela de Cadetes General José María Córdova, en Bogotá”.

¿Y sus estudios universitarios? Recuerda que en la decanatura le informaron que, por ahora, hay un plazo de dos años para volver a retomar sus clases de Administración en Seguridad y Salud en el Trabajo. Confía en que esta le sirva para hacer una carrera profesional en el Ejército. “Claro si logro culminar mi servicio militar voluntario con honores y puedo superar los exámenes de admisión”, precisa.

La función

El pasado 17 de febrero, el Ejército les dio la bienvenida a las primeras mujeres soldado. En el Fuerte Militar de Tolemaida y bajo el liderazgo del comandante del Comando de Educación y Doctrina, el brigadier general José Bertulfo Soto Sánchez, recibió después de tres décadas a 180 mujeres que prestarán su servicio militar voluntario.



Estas mujeres soldado conformarán cinco pelotones, entre los cuales se encuentran: el Centro Nacional de Entrenamiento (Bapom y  Basen), la Brigada Especial de Ingenieros, Brigada de Apoyo Logístico nº. 2 y la Brigada de Aviación nº 25, unidades donde prestarán su servicio militar voluntario.

De acuerdo con la institución castrense, este servicio militar tendrá una duración de doce meses, tiempo en el que comenzarán, inicialmente, un periodo de adaptación de la vida civil a la vida militar. Posteriormente, iniciarán la primera fase, que es la instrucción básica individual y de escuadra; luego, en la segunda, viene la instrucción básica de combatientes. Ya en la tercera fase pasarán a labores administrativas, auxiliares, control de disciplina y del tránsito, entre otras, de acuerdo a la misión de la unidad.

Según se anunció a finales del año pasado, desde febrero inició la incorporación del primer contingente de los cuatro que se planean para el 2023. Un total de 5.184 mujeres podrán prestar su servicio militar en distintas unidades militares ubicadas en todo el país.

Según la Ley 1861 de 2017 “la mujer podrá prestar el servicio militar de manera voluntaria y será obligatorio cuando las circunstancias del país lo exijan y el Gobierno nacional lo determine, y tendrán derecho a los estímulos y prerrogativas que establece esta ley”.

Según información oficial, la última incorporación femenina se realizó en la década de los 90 y ahora, luego de más de 30 años, se retoma este modelo, teniendo en cuenta el importante rol que viene ocupando la mujer para el cumplimiento de la misión y su invaluable contribución a la equidad y la protección de los derechos humanos dentro y fuera de la institución. No en vano ya se cuenta con dos señoras mayores generales, una brigadier general y con la primera sargento mayor de comando conjunto más antigua del Ejército.

En total, la institución cuenta con 1.212 oficiales y 973 suboficiales femeninas en distintos grados, armas de combate y especialidades administrativas, quienes serán las encargadas de entrenar y capacitar a estos contingentes, durante su primera y segunda fases para facilitar su proceso de adaptación. Una vez superadas estas etapas, serán designadas según sus habilidades y competencias para adelantar labores administrativas, de instrucción y entrenamiento, incorporación, atención al usuario en distritos militares y dispensarios médicos, así como labores de seguridad en los cantones.

Los requisitos son los mismos para el personal masculino estipulados por la Ley: ser colombiano, tener entre 18 y hasta faltando un día para cumplir los 24 años de edad, y ser apto como resultado de los tres exámenes de aptitud psicofísica.