A sus noventa y tres años, Guillermo Rodríguez Guzmán recuerda vívidamente que desde que tenía uso de razón siempre quiso pertenecer a la Fuerza Aérea o al Ejército. Eso sí, recalca, siempre en la división de Infantería, ya que la considera la “reina de las Armas”, porque simboliza al soldado que hace frente al enemigo con el fusil en las manos. Esa visión cobra mayor relevancia porque este militar colombiano tuvo la experiencia de combatir en Corea del Sur, la guerra que terminó hacer 70 años.
Hijo de Ofelia, un ama de casa, y de Carlos Enrique, abogado distinguido de la capital del país, Guillermo, quien hoy es uno de los últimos integrantes vivos del batallón de nuestro país que fue enviado a mitad del siglo pasado esa conflagración en el otro lado del mundo, recuerda que cuando terminó tercero de bachillerato, a los 14 años, le comunicó a su progenitor que deseaba ingresar a la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova para terminar allí la secundaria y seguir la carrera de oficial.
“Mi padre me enseñó desde muy temprano a tomar mis propias decisiones y formó mi carácter. Además, él sabía que desde muy niño me interesé por los aviones y por los tanques de guerra. Mi sueño era ser piloto de un avión de combate o un infante del Ejército”, rememora el oficial retirado.
Recuerda que ingresó a la Escuela cuando contaba con 15 años y dos meses de edad. “… Es decir, entré como ovejo”. Así se les llamaba a los alumnos que terminaban su bachillerato en la institución. A los que ingresaban como bachilleres se les decía “recabros”.
Al otro lado del mundo
“Mi coronel”, como hoy le siguen diciendo, afirma que “cuando estaba de planta en el Batallón Guardia Presidencial me enteré por las noticias de la Guerra de Corea. En esa época no había televisión y si se quería estar bien informado, entonces se recurría al periódico y a las noticias de la radio”.
“Cuando se hizo oficial que Colombia iría a la guerra en Corea, los mandos militares pidieron voluntarios y, sin pensarlo dos veces, me ofrecí junto con otros oficiales”, relata.
De acuerdo con Rodríguez, “el gobierno ofreció oficialmente al batallón en noviembre de 1950 y con fecha de diciembre fue expedido un decreto especial para esa unidad militar, porque era diferente su conformación. Es decir, el batallón debía ser integrado a las unidades de Infantería del Ejército americano”.
“Les comenté a mi padre y a mi hermano, porque mamá había fallecido cuando yo tenía 10 años, que me iba para Corea, que ya había hecho la solicitud. Mi papá, al recibir la noticia, me dijo que esa era mi decisión y que solo esperaba que me fuera bien en ese país de Asia”, indicó.
“Sabía dónde quedaba Corea del Sur y por supuesto que seguía a través de la lectura del periódico y los comentarios de la radio el acontecer de la Segunda Guerra Mundial, primero en Europa y luego en Asia, a partir del ataque japonés a Pearl Harbor en Hawái”, sostiene el alto oficial.
Recordó que “nosotros salimos a bordo de un buque en Cartagena, el 5 de enero de 1952, y pasamos por el Canal de Panamá hasta Hawái. Luego seguimos hacia Japón. En ese buque iban más o menos mil puertorriqueños de reemplazos, porque ellos tenían mucha gente combatiendo en Corea, y unos 120 marinos colombianos a recibir la fragata Capitán Tono, que la entregaban en el mes de febrero”.
Ya en Corea, relata, “hice parte de la unidad militar en los grados de subteniente y teniente, entre enero de 1952 y octubre de 1953. Fui comandante de un pelotón de fusileros y luego del pelotón de ametralladoras pesadas de la Compañía Cruzada… También ayudante como oficial de enlace del Batallón Colombia con el Ejército de los Estados Unidos en Tokio”.
“Para muchos jóvenes, y me cuento entre ellos, era fascinante participar en un teatro de operaciones de verdad, y de verdad era emocionante. Muchos querían ir a la guerra, vivir la experiencia y volver a contar lo vivido”, recuerda.
Explica el coronel retirado que “primero llegamos a la base Ofusca, cerca de Tokio, y luego a Sasebo, también en Japón. Posteriormente arribamos al puerto de Busán, en Corea del Sur. Allí tuvimos un entrenamiento muy intenso en un centro de reemplazos del Ejército norteamericano. Luego nos agregaron al Batallón Colombia”.
Las operaciones
El alto oficial señaló que “nosotros operábamos al norte del paralelo 38. Es decir, el Regimiento 31 de la Séptima División. Estuve unos diez meses en la primera línea de combate. Cayó mucho personal de oficiales, suboficiales y soldados. Allá murió un oficial de Infantería que era mi amigo y que viajó conmigo, el teniente Vladimir Valencia”.
Insiste Rodríguez en que “la guerra de Corea nos dejó muchas enseñanzas para la vida. La guerra es lo más espantoso que hay, la cantidad de gente que se pierde, la miseria de un pueblo y, en general, el desperdicio de todo orden; es muy triste la guerra”.
Sin embargo, precisa, que “desde el punto de vista para el conocimiento la guerra de Corea fue importante. Además, cuando pretendía regresar a Colombia, me enviaron en comisión a un grupo de enlace que había en Tokio. En total estuve 22 meses por fuera del país”.
El regreso
Aseguró el coronel que “cuando llegué a Colombia, lo hice en compañía de mi comandante de enlace en Japón. Al día siguiente me presenté al Batallón y me enviaron a vacaciones. Luego, seguí mi vida normalmente en el Ejército hasta llegar al grado de coronel”.
Expresó que “a mi regreso estaba el general Rojas Pinilla en el poder y se vivía una etapa más o menos de cierta tranquilidad. Luego volvió la discordia y aparecieron cuadrillas de guerrilleros y de bandoleros, y el Ejército volvió a poner el pecho para enfrentar la violencia, claro, con poca ayuda de la parte política del país”.
Rodríguez Guzmán destaca que “a nosotros los combatientes nos dieron una condecoración por parte del gobierno colombiano, una de la ONU y del Ejército de Corea del Sur. Además, tuve la fortuna de recibir la Estrella de Bronce de Estados Unidos por servicios distinguidos, pero en general no hubo un reconocimiento especial como un sobresueldo o algo en dinero”.
Afirmó el hoy coronel de Infantería del Ejército, en uso de buen retiro, a sus 93 años de edad, que “el gobierno de Corea del Sur siempre ha estado pendiente de los veteranos de la guerra. Al principio fue poca la ayuda, pero a partir de 1962 se instaló la embajada y siempre está pendiente de nosotros”.
“El gobierno de Corea del Sur, en el día nacional, nos invita a Seúl, con todo pago, y nos alojan en hoteles cinco estrellas. Personalmente he viajado unas siete u ocho veces. También como presidente de la Asociación de Oficiales Veteranos de Corea”, apuntó.
Insistió en que “todo el mundo conoció al batallón de Colombia, único país de Latinoamérica que atendió el llamado de la ONU para defender a Corea del Sur, blanco de un ataque para tratar de destruir su democracia y su libertad. El país tuvo una representación muy significativa con el Batallón Colombia y con las tres fragatas de la Armada Nacional”.
“En esa guerra pusimos en alto el nombre de Colombia en todo sentido. Fuimos reconocidos por el mundo entero y en especial por Corea del Sur, que nos recibe y ayuda estupendamente”, puntualizó.