Perspectiva. Carolina, la antropóloga que cuida memoria muisca | El Nuevo Siglo
De padres y abuelos campesinos, Carolina Díaz resaltó cómo la Hacienda El Carmen le a puesto el freno a la expansión urbana de la localidad. 
Cortesía
Sábado, 2 de Julio de 2022
Redacción Nacional

Para entender a dónde vamos, primero hay que entender de dónde venimos; y saber quiénes nos antecedieron para tener una idea de quiénes nos sucederán.

Desde los 13 años de edad, Carolina Díaz ha buscado responderse esa pregunta máxima sobre la identidad de nuestro pueblo, cuando conoció por primera vez la Hacienda El Carmen, ese pedacito de tierra ubicado en la localidad de Usme, en donde yace la historia ancestral de un lugar de culto que podría estarse convirtiendo en el vestigio arqueológico más grande del pueblo muisca antes de la llegada de los españoles.

“La arqueología tiene la intención de explorar el pasado de las sociedades humanas a través de los restos materiales que dejamos y en esta hacienda nosotros tenemos uno de los asentamientos indígenas prehispánicos enteramente conservado y que nos ha permitido saber y reconocer quiénes vivían, cómo vivían y qué hacían las personas que llegaron acá mucho antes que nosotros”, comienza a explicar su pasión por estas huellas históricas Carolina, quien lleva dos años trabajando con este asentamiento desde el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC).

Buscándole una explicación al pasado

Con relación a este hallazgo, Carolina y todos los demás antropólogos y arqueólogos están buscando darles respuestas a preguntas más allá de su economía, de los roles políticos y de la forma en la que estaba organizada la sociedad en la cotidianidad muisca: ¿con qué y a qué jugaban los niños en lo que hoy es El Carmen? ¿Cuál era el rol de las mujeres en la toma de decisiones sobre lo que iba a pasar en la comunidad?

Este predio, donde el Distrito tiene planeado construir un Parque Arqueológico, cuenta con una elevada densidad de restos fósiles, entre los que se encuentran más de 2.500 tumbas con ajuares que pueden narrar 400 años de historia entre los años 1200 y 1600 después de Cristo y que está ahí, contando historias que personas como Carolina están tratando de codificar en un idioma que se pueda leer hoy, en pleno siglo XXI.

“Estamos explorando el pasado y lo estamos aprendiendo a mirar con otros ojos. Trabajar en El Carmen, un lugar que desde niña me atrajo, es preguntarnos por cosas que usualmente no nos preguntaríamos sobre el pasado y que nos hacen reflexionar mucho sobre el futuro”, advierte Carolina quien hoy, a sus 29 años, lamenta no haber podido acompañar el proceso de las excavaciones arqueológicas, entre 2008 y 2009, pues ella aún estaba en el colegio.

Sin embargo, al recordar su primer acercamiento con este proyecto, que marcó su vida, Carolina cuenta que ha estado desde el comienzo, solo que no tenía las herramientas formales para trabajar en él como profesional. De eso se encargaría la Universidad Nacional unos años más tarde.

“Estoy en el proyecto desde el comienzo, pero la realidad es que lo he acompañado desde mucho antes. Prácticamente toda mi vida. Desde que se hizo el hallazgo en el 2007 he tenido un vínculo muy fuerte con el lugar. En ese entonces yo no era aún profesional; apenas estaba en el colegio cuando lo conocí y me fascinó”, relató.

“Para mí era imposible pensar qué tan cerca de un lugar en el que vivo estuviera esta clave histórica de cientos y cientos de años atrás. Me marcó y me hizo plantear una pregunta que sigue muy vigente en mi vida: ¿De dónde venimos?”, añadió Carolina, quien hoy acompaña procesos de arqueología pública que abren la información y cuentan qué es lo que se está descubriendo, cómo se está investigando y cuáles son las interpretaciones que se le están dando a este lugar.



La llegada de su familia a Usme

De papás campesinos, su papá del Tolima y su mamá de Boyacá, llegaron al sur de la capital a finales de los años ochenta, huyendo de la pobreza del campo y buscando mejores oportunidades de vida.

“Nací acá y toda mi vida he habitado en esta localidad. Mis papás son de origen campesino y creo que por eso mismo tengo un vínculo tan importante con El Carmen. Porque además de ser este sitio arqueológico tan importante para la memoria colectiva de todos los bogotanos en términos históricos, también ha permitido proteger la ruralidad de la capital. Se ha posicionado como un lugar para ponerle un freno a la expansión urbana en el suroriente de Bogotá”, añadió.

Explica que Usme, localidad a la que está profundamente arraigada, es un territorio predominantemente rural que ha sufrido unas transformaciones muy fuertes por el crecimiento de la ciudad y que, de acuerdo con Carolina, han ocurrido de formas violentas, que incluso han implicado la expulsión de los mismos campesinos de sus fincas y tierras.

“Creo que por lo mismo es que tengo el vínculo que tengo con mi papá, con mi mamá; con mis abuelas y abuelos, que siempre fueron campesinos, al igual que mis papás, que por buena parte de su vida trabajaron la tierra y me permitieron plantear una postura más crítica frente a lo que yo quería hacer. Así que mi decisión de estudiar Antropología para proteger El Carmen no era solo porque este es un lugar importante, sino porque permite continuar protegiendo la ruralidad, las formas de vida campesina y todo lo que ocurre en la ruralidad”, indicó.

De hecho, y un poco el mensaje que le deja a esta redacción, es que la apuesta, cualquier apuesta, por cuidar y proteger estos lugares, y de dedicar la vida a dicho propósito, “es saber que estás cuidando no solo el pasado sino que estás pensando para el futuro de la condición humana”, finalizó.