Parménides, capitán de Policía que ‘recluta’ jóvenes para la paz | El Nuevo Siglo
CON SU “Laboratorio de Paz, Convivencia y Seguridad Ciudadana”, ha llegado a muchos municipios colombianos.
Policía
Domingo, 3 de Septiembre de 2023
Redacción Bogotá

QUERÍA SER científico por sus conocimientos en matemáticas, pero un sargento de apellido Parra, que trabajaba para su comunidad, lo inspiró a convertirse en Policía. Hoy es el creador y gestor del “Laboratorio de Paz, Convivencia y Seguridad Ciudadana”.

Se trata del capitán Parménides Palacios Rentería, un joven chocoano, quien afirma que tiene tres inspiraciones para trabajar: su hija, sus 14.000 alumnos y la devoción por la Policía.

“Voy a seguir trabajando cada instante de mi vida, es decir, los siete días de la semana, sin parar por el bien de la comunidad y de los que más lo necesitan”. Palacios Rentería, oriundo de Lloró, Chocó, lleva 22 años en la institución en donde se inició como patrullero, tras abandonar las dos carreras que adelantaba al mismo tiempo: Ingeniería Civil e Ingeniera Agroforestal con un promedio de 4.9. “Pero pudo más la enseñanza de mi sargento Parra de servir sin esperar nada a cambio”.

El oficial, hijo de una minera artesanal y de un comerciante que repitió los tres primeros años de bachillerato y quien sufrió los embates de la violencia debido a que su padre (abuelo de Palacios Rentería) fue asesinado.

“Yo tenía 14 años cuando apareció en el otrora corregimiento de Lloró el sargento Parra, quien enseñaba a la comunidad principios y valores. El suboficial pavimentó las calles, nos ayudaba con los murales y nos hablaba de emprendimientos para salir adelante, y enfrentar con vigor y fortaleza los obstáculos que se nos presentan en la vida”, expresó.

Recordó, “mi sargento montó, en esa época, una escuela o un semillero de liderazgo y ahí caí yo. Luego salí para Quibdó para terminar mi bachillerato en el colegio ‘Manuel Agustín Santacoloma Villa’. Cuando cursaba el grado once el profesor de Física se enferma y como yo tenía amplios conocimientos en matemáticas, termine dictando clase a las alumnas del curso décimo”.

Señala que “me gradué con honores, por mi trabajo y estudio y de una salí para el servicio militar como auxiliar y me quedó gustando el poder servir a la gente. Sin embargo, cuando estudiaba en la universidad salió el Plan 10 Mil en la Policía y abandoné mis estudios e ingresé al curso de patrullero en Medellín”.

Explica que una vez graduado fue enviado a la Policía de Carreteras en Bolívar y pudo ingresar a la Universidad de Cartagena, donde estudio Administración y Servicios de la Salud e hizo otros cursos de esa materia.

 

La violencia

Precisó que en el 2010 “gracias a mi comportamiento la Policía me da oportunidad de adelantar el curso de oficial. Una vez terminé la asignatura fui enviado como jefe de Sanidad en el Chocó y luego trasladado a Tumaco, en Nariño”.

En “Tumaco los uniformados que llegaban a la Clínica de la Policía presentaban afectaciones físicas y mentales, y los responsables de las lesiones contra los uniformados eran jóvenes de 14 a 28 años”, compartió.

Señaló que ante estos hechos de violencia decidí trabajar con éstos jóvenes, sin importar su tema delincuencial. Me fui puerta a puerta para mitigar el delito sacando a los muchachos de las calles y arrebatándolos de los grupos armados ilegales. Les ofrecía otras oportunidades para su vida, entre ellas ingresar a las diferentes universidades del país”.

Narra que “llevó a 70 muchachos a estudiar en Cali y 80 para la Universidad del Chocó, en un avión de la Policía. Este hecho marcó a Tumaco y parecía que Colombia se había ganado un mundial de fútbol. Ese programa se llamó ‘Camino a la Universidad’ y en el 2020 se cambió el nombre para llamarse ‘Laboratorio de Paz, Convivencia y Seguridad Ciudadana’.

Asegura que este laboratorio debido a su importancia a nivel nacional cuenta con el apoyo de distintas universidades y con más de 300 profesores y la participación de decenas de voluntarios que se volvieron instructores y que ahora van puerta a puerta rescatando a los muchachos y ofreciéndoles otras alternativas de vida a través del estudio.

Insiste en que “el laboratorio trabaja con cinco líneas de acción: Prevención al reclutamiento forzado y voluntario, Manejo responsable del medio ambiente, Prevención al consumo y mitigación de sustancia psicoactivas en niños, niñas y jóvenes; Salud integral, entre ellos embarazos no deseados y Convivencia”.

Recuerda que “empezó a fortalecer su trabajo para arrancar de las garras de los grupos armados a los muchachos, porque muchos de ellos querían ser como alias “Guacho”. Los jóvenes que estaban haciendo daño, en su mayoría eran bachilleres y en vez de estar matando e hiriendo a policías, podrían estar estudiando en una universidad o haciendo una carrera técnica”.

Como se sabe, dijo, “alias Guacho era muy bueno en física y química y puso toda su capacidad intelectual a disposición del crimen y la razón del laboratorio, era llevar a nuestros jóvenes por el camino del estudio”.

Rendirse jamás

Tirar la toalla no existe en su imaginario y todos los días se reinventa para motivar a los jóvenes. “Recuerdo que tuvimos un campeonato de fútbol en Tumaco y nos hacía falta un equipo. Sin pensarlo dos veces fuimos al barrio, al que consideran el más peligroso, que se llama Viento Libre, porque muchos de sus muchachos se encontraban en el mundo criminal”, acotó.

“Allí eran conocidos alias ‘El Ratón’, ‘El Diablo’, ‘El Mugre’, ‘El Duro’, entre otros y los invitamos a participar en el juego y quedaron campeones. Muchos de ellos hoy están en la universidad”, indicó.

Confesó que hoy superan los 14.000 jóvenes que hacen parte de ese laboratorio. “También estamos en Tumaco, en Buenaventura, en Cali, en Quibdó, en Cartagena, en Bogotá, en Medellín, en el Urabá, en Barranquilla y en los departamentos de La Guajira, Amazonas y San Andrés, entre otras regiones”.

Destaca que esos muchachos son los mismos líderes que, además, de trabajar con los jóvenes, lo hacen con la familia, núcleo fundamental en este proceso para poder transformar y salir adelante. “Tanto así que el Gobierno nacional, nuestro director, general William René Salamanca Ramírez y toda nuestra Policía, le apuestan de manera significativa a este laboratorio”.

“Mi general Salamanca Ramírez destaca que con la educación se transforman realidades. También muchos ministerios como el de Cultura, de Ciencias y Tecnología y de Educación se están sumando a esta iniciativa. Con todas estas ayudas transformamos el producto interno bruto de nuestro país”.

De la misma manera, compartió que “también se vinculó a esta iniciativa la SAE que nos entregará cinco predios en Cali, Tumaco, Buenaventura, en Chocó y en Bogotá para que los chicos puedan tener su hogar y sus procesos de sostenibilidad. Ellos deben tener estos predios como un hábitat de emprendimiento e innovación”.

Con cierta desazón expresó que a pesar que su familia se preocupa porque recorre sectores peligrosos y hay líderes sociales asesinados, “creo que los policías somos líderes sociales, pero, a pesar de esta situación difícil hay que hacer la tarea”.

Sin embargo, “cuando estoy al frente con los instructores de danzas y bailando con los jóvenes puedo afirmar sin lugar a dudas que es lo más bacano que me ha pasado en mi vida. Soy feliz porque estamos al frente de un servicio policial distinto, con otras realidades y el uniformado debe buscar soluciones a las problemáticas de nuestras comunidades”, dijo el capitán Palacios Rentería.