Las Chivas, 'mastodontes de cuatro ruedas' en peligro de extinción | El Nuevo Siglo
Las chivas se han convertido en uno de los buses emblemáticos más representativos del país, convirtiéndose en patrimonio cultural colombiano en 2008
AFP
Martes, 30 de Marzo de 2021
Redacción Bogotá

Un rugido de motor parece enmudecer el caudal del río. A la vuelta de un camino escarpado y erosionado por tormentas, asoma una chiva. Se trata de unos mastodontes coloridos, híbridos de bus y camión que se abren paso por los exigentes Andes colombianos.

Sutilmente pintadas pero capaces de moverse por las carreteras más abruptas, como las cabras que inspiran su nombre, más de 4.000 chivas recorren los campos del país. Su pesada carrocería está armada sobre chasis de camiones Dodge o Ford del siglo pasado.

"En una chiva se puede transportar carga y personas, también animales, motos, etc. Estos carros están más capacitados para las trochas porque están más reforzados que los buses habituales”, explica un conductor de chiva William Cantero quien, a sus 37 años, se enorgullece de conducir un modelo de 1979 con un motor Nissan de 230 caballos y puertas adornadas con orquídeas. 

Como cada martes, William sale en plena noche de su pueblo, Piendamó, para llegar al alba al mercado de Silvia, a unos 20 kilómetros de allí y a 2.600 metros de altitud en el Cauca, departamento del sur del país en donde hay un millar de chivas en funcionamiento.

Indígenas misaks, con sombrero de fieltro, ruana, paños de lana para los hombres, faldas amplias para las mujeres, se acomodan en las bancas de la chiva con una capacidad para 50 personas.

Mientras tanto, dos ayudantes apilan en el techo enormes bolsas de papas, plantas medicinales, racimos de plátano y otras provisiones que serán vendidas en puestos de bambú en el mercado o en las aceras aledañas. 


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La chiva volverá cargada de otros productos de zonas cálidas como arroz y panela y hasta con un colchón, un refrigerador o un becerro. 

Antes de que existieran estos autobuses, que aparecieron al principio del siglo XX, "¡imagínense cómo harían las personas para transportar esto a caballo!", se pregunta Misael Velasco, un hombre de 65 años originario de la reserva misak de Guambia, a las alturas de Silvia. 

Además, "gastamos dos horas y media a pie, mientras el carro gasta 30 a 35 minutos y cobra solamente 2.000 pesos", el equivalente a 54 centavos de dólar por pasajero, precisa el taita, para quien este transporte colectivo es parte de su identidad.

Otros usos  

Las chivas, que sirven también como buses escolares, están adornadas con motivos propios de las comunidades amerindias o campesinas como flores, pájaros o iglesias, pintados con los colores de la bandera indígena, un arcoíris, o con los colores de la tricolor colombiana.

"Para la fabricación de una chiva hecha de ceros, el proceso dura más o menos 60 días hábiles y el precio varía, depende cómo la quiera el propietario", explica Luis Narváez, un carrocero de 45 años que vive en Popayán. Pensando, este carrocero explica que su valor varía entre los 35 y los 40 millones de pesos, y la variación en el precio dependerá de si el propietario decide adornarla con "cositas cromaditas".

Bajo el cobertizo de su modesto taller se apiñan cuatro vehículos, cada uno de 10 metros de largo por 3,5 de ancho, todos ellos en diferentes estados de construcción o renovación. Y cerca del soldador ocupado en los guardabarros, un pintor hace arabescos con una plantilla y luego dibuja rombos a punta de pincel.

Así es como las chivas se han convertido en uno de los buses emblemáticos más representativos de Colombia. Incluso fueron designadas Patrimonio Cultural en 2008 pues, además de contribuir al desarrollo del país desde comienzos del siglo pasado, su espíritu pintoresco se ha vuelto parte de la idiosincrasia de nuestro país.


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Una especie amenazada

No obstante, pese a su belleza y tradición, estos buses enfrentan cada vez más desafíos. 

La llegada del covid-19 al país acarreó dos grandes amenazas para su existencia. Una es la relacionada con los costos de los materiales que se emplean para su construcción. Y la otra con los comportamientos de la gente en medio de la pandemia.

Sobre la primera, una de las chivas que está construyendo Narváez, el citado carrocero, todavía es un esqueleto que deja ver los marcos de las puertas y el techo de madera, capaz de soportar hasta cuatro toneladas.

“Las chivas son sobre todo madera, como en un 60%, y el resto son láminas y muchas tornillerías", explica, al señalar cómo su oficio se complicó de manera sustancial con la llegada del covid-19.

"En ese momento en el que llegó esta pandemia, el precio del hierro y de la madera se subió exageradamente", explica. Otra causa es que por la deforestación de árboles como el chanul (Humiriastrum procerum), el achapo (Cedrelinga catenaeformis) o el comino (Aniba perutilis), apreciados por su resistencia, la madera buena es cada vez más escasa y cara. 

Y pese a que algunos carroceros han optado por la fibra de carbón o el plástico, él todavía no ha intentado trabajar con estos materiales. "Tocaría ensayar e innovar porque lo de la madera no va a durar para siempre", admite.

Pero también hay un problema relacionado con el nuevo comportamiento que ha dictado el covid-19. Las chivas son ampliamente apreciadas por turistas e incluso son vendidas en miniatura como un recuerdo turístico de las visitas por estas tierras.


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De hecho, antes de que llegara la pandemia algunas chivas se movilizaban incluso por ciudades como Bogotá o Cali, y se transformaban en discotecas para bailar salsa, cumbia o reguetón. Obviamente durante el último año, estas actividades se suprimieron.

Y una tercera amenaza a su existencia, no relacionada con la pandemia, está relacionada con la decisión gubernamental de chatarrizarlas. "Los últimos gobiernos quieren chatarrizar las chivas, a las que acusan de contaminación, aún cuando son mejor mantenidas que muchos buses", lamenta Víctor Martín, dirigente de la asociación de transportistas Asotramix. Sin embargo, insiste en que “las chivas forman parte del patrimonio" y deben ser resguardadas.

No obstante, la ley es la ley. El 5 de noviembre de 2019 se aprobó la resolución 5412 que permite la chatarrización de los vehículos con más de 20 años de uso. El Ministerio de Transporte argumentó en su momento que los vehículos de tipo mixto con más de 20 años de uso están generando más contaminación que otros carros y por tanto se hace necesaria la reposición de estos automotores.

Es ahí en donde las chivas quedaron en la mira, pese a ser patrimonio cultural del país. Un servicio de muchas décadas en zonas aisladas. Una tradición insignia del país y, sobre todo, un transporte que no tiene reemplazo eficiente en el corto plazo. /AFP- EL NUEVO SIGLO