La guerra es como un animal vivo: evoluciona, crece o se transmuta. Colombia, lastimosamente, ha sufrido un largo conflicto armado interno que también ha tenido distintas etapas, actores y victimarios. Para hacerle frente a cada amenaza el Estado ha tenido que adecuar constantemente su sistema de defensa y respuesta a cada uno de esos riesgos.
Todo ello resulta necesario para afrontar una especie de guerra “híbrida”, en donde es imperativo fortalecer el liderazgo estratégico de la Fuerza Pública y sumar multiplicadores de poder de combate para enfrentar las amenazas multiformes que atacan la convivencia ciudadana y la seguridad nacional. Amenazas que se derivan de una mezcla y reciclaje de la criminalidad organizada, fenómenos de violencia política, guerra jurídica, terrorismo, ciberdelitos, hackeos digitales y accionar de guerrillas, bandas criminales de alto espectro (tipo ‘Clan del Golfo), carteles del narcotráfico, minería ilegal, tala de árboles y contrabando, entre otros fenómenos de vieja y nueva data.
La inteligencia, entendida como la capacidad de las autoridades para recabar información sobre las intenciones y ejecutorias de quienes atacan la institucionalidad y el ordenamiento legal, ha sido una de las principales herramientas para asegurar la prevalencia estatal. Y, como todo en el conflicto, ha tenido que reinventarse en cuanto a modus operandi, énfasis, instrumentos, “objetivos de alto valor” y otros mecanismos clave.
Hoy por hoy, por ejemplo, prima en nuestro país la llamada “inteligencia dominante”, mediante la cual se puede seguir en tiempo real hasta el más mínimo movimiento de un grupo armado ilegal u organización delictiva cuando es detectada, tanto al interior del país como en las zonas de frontera.
“La inteligencia dominante permite fortalecer las operaciones militares frente a las amenazas en los diferentes escenarios de confrontación para obtener resultados determinantes contra las estructuras de las disidencias de las Farc, de la ‘Segunda Marquetalia’, el Eln, el ‘Clan del Golfo’ y otros grupos armados al margen de la ley”, precisan altas fuentes de las agencias de seguridad del Estado.
Explican que “cada vez las exigencias son más altas y para ello se cuenta con equipos de última tecnología y, por supuesto, el desarrollo de la inteligencia como herramienta principal de navegación de las Fuerzas Militares y, en este caso, del Ejército Nacional para hacer frente a esas amenazas y a la guerra híbrida en sus diferentes componentes”.
“Gracias a la inteligencia dominante se adelantan operaciones unificadas entre el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía, como consecuencia de las nuevas dinámicas que adquieren una lógica multidimensional y multinivel, lo que les permite a las autoridades tener un conocimiento excepcional sobre el enemigo, en este caso, los grupos subversivos, terroristas y el narcotráfico, entre otros”, señalan las fuentes.
Explican que “con la inteligencia dominante se integra una visión militar del enemigo que permite la construcción del conocimiento sobre su modus operandi, su entorno político, militar, económico y social, e incluso sus transformaciones y desarrollos para llegar a su estructura organizacional”.
“Con todos estos procesos se va un paso adelante. La inteligencia dominante permite el desarrollo de operaciones en los entornos multimisión. Es decir, que los servicios de inteligencia fusionados, integrados y organizados, buscan fortalecer la información proveniente de todas las fuentes posibles, privilegiadas y abiertas, humanas o tecnológicas”, aseguran.
De igual manera, con la “inteligencia dominante se va un paso adelante para obtener las alertas tempranas y el conocimiento necesario para la toma de decisiones y actuar en los entornos híbridos multimisión. Es necesaria la fusión de la inteligencia militar con la producción de la inteligencia civil”.
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La evolución
No solo el servicio de inteligencia militar evolucionó en Colombia sino la misma Policía, desde tiempos del secuestro masivo de uniformados, el plagio de extranjeros y dirigentes políticos por parte de las Farc que, por entonces, contaban con un intrincado sistema de comunicaciones y una estrategia de ‘escudos humanos’ para evitar cualquier intervención de la Fuerza Pública.
“El uso de sofisticados equipos con tecnología de punta y la experiencia de los agentes de inteligencia llevaron a ‘romper’ los códigos de seguridad de las Farc, identificar a los secuestrados e incluso llegar a la precisión de su ubicación”, señalan las fuentes consultadas. Esa fue la base de la célebre Operación Jaque que, en 2008, permitió el rescate de Ingrid Betancourt, tres norteamericanos y más de una decena de militares y policías plagiados.
Desde entonces la evolución de la “inteligencia dominante” permitió sucesivos golpes a las Farc, descompuso su confianza interna y creó fisuras en sus estructuras. Todo ello permitió a las Fuerzas Militares y la Policía llevar a cabo otras operaciones gracias a la ventaja estratégica que les llevó a identificar sus puntos débiles y convertirlos en blancos específicos.
Con fuentes humanas, con equipos sofisticados y herramientas de geolocalización se lanzó la ‘Operación Camaleón’, rescatando a cinco secuestrados. Posteriormente, se ejecutaron otras operaciones que permitieron abatir al ‘Mono Jojoy’, ‘Alfonso Cano’ y otros cabecillas.
Máxima preparación
De acuerdo con las fuentes consultadas “tras el fortalecimiento del arma de inteligencia se llega a la inteligencia dominante, que permite planear la guerra y conducir las tropas al éxito operacional”.
Por lo mismo, las instancias y efectivos de inteligencia se capacitan constantemente, reciben instrucción no solo de expertos nacionales sino internacionales para coadyuvar a la búsqueda de información fundamental acerca de las amenazas internas y externas.
Precisan las fuentes consultadas que “en el desarrollo y evolución para llegar a la transformación dominante, se recibió un exigente entrenamiento por parte de los gobiernos de España, Israel, Reino Unido y Estados Unidos, entre otros, lo que permitió, con tecnología de última generación, crear las especialidades de inteligencia en las Fuerzas Militares y la Policía”.
Se dio paso así a esta nueva visión de trabajo conjunto, coordinado e interagencial, todo con un componente tecnológico de última generación y un recurso humano especializado. Se facilitó así intervenir comunicaciones de los ilegales, rastrear sus movimientos en terrenos de difícil acceso, detectar sus redes de apoyo, canales de financiación, conexiones locales y externas así como identificar sus cadenas de mando y todos los eslabones de la estructura criminal. En fin, se logra un mapeo integral de cada amenaza delincuencial y, sobre esa base, se procede a golpearla de forma efectiva y estructural, aspecto clave para evitar su reciclaje o reinvención en el corto tiempo.