| El Nuevo Siglo
En Tolima, mujeres caficultoras decidieron unir fuerzas y organizarse en la Asociación de Mujeres de Cafés Especiales del Tolima.
Viernes, 18 de Noviembre de 2022
Redacción Nacional

Cafés especiales producidos en las montañas de Colombia, quesos artesanales y una gran variedad de cultivos exclusivos, son aspectos a destacar de un trabajo adelantado en diferentes zonas del país marcadas por el conflicto armado, que buscan aportar a la construcción de paz territorial desde la inclusión productiva.

En efecto, cuatro estudios de caso realizados en Antioquia, Bolívar, Tolima y la Sabana de Bogotá evidencian que la inclusión productiva, entendida como la consolidación de oportunidades productivas y la retribución digna por el trabajo que día a día hacen los campesinos, es fundamental para hablar de desarrollo y de una paz real. El trabajo fue adelantado por el Centro de Pensamiento en Desarrollo Rural de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

En Tolima, mujeres caficultoras decidieron unir fuerzas y organizarse en la Asociación de Mujeres de Cafés Especiales del Tolima (Amucet). Ellas, por sí mismas, se han encargado de producir alimentos en huertas para autoconsumo, y para comerciar, un café “especial”, aprovechando el mucílago (capa que hay entre la cáscara y el grano del fruto).

Este café tiene un sabor particular, ya que no pasa por el proceso de lavado, lo cual además lo hace sostenible, pues no requiere grandes cantidades de agua. Así mismo, su variedad de sabores y notas, y las condiciones naturales, le dan un valor diferencial, y de esto se sienten orgullosas Blanca Nidia Cruz y Luz Victoria Ortiz, lideresas de la Asociación.

En el caso de Bolívar, una zona golpeada por el conflicto armado, se ha venido trabajando bajo el concepto “agrosilvopastoril”, que la comunidad ha abordado a la luz de la conservación de la biodiversidad y el ambiente. Por eso distribuyen las fincas de tal manera que haya bosques (zona de reserva), cultivos para autoconsumo y también de uso comercial, además de ganadería responsable. El líder comunitario Eusebio Sánchez destaca los grandes avances ambientales y productivos de este modelo llamado Finca Monteriana.

Por su parte, en Puerto Venus, corregimiento del municipio de Nariño (Antioquia), otra zona altamente afectada por el conflicto y por los cultivos ilegales de coca en las últimas décadas, a través de la reparación del conflicto la comunidad empezó a trabajar en fincas con diversificación de cultivos que satisfacen sus necesidades y les otorgan tranquilidad de vida, como lo dio a conocer la líder comunal Ángela Díaz.

Por último, en la Sabana de Bogotá, productores de leche crearon la Asociación de Leche Ganadera (Asolega) en Guatavita (Cundinamarca), una cooperativa donde se apoyan mutuamente para desarrollar productos de mayor calidad y con procesos que los beneficien a ellos como productores y al medio ambiente. Cabe destacar que allí se obtuvo Medalla de Bronce en el Concurso Mundial de Quesos, por desarrollar un queso tipo holandés producido en Colombia bajo condiciones 100% naturales y sostenibles.


Le puede interesar: Una ibaguereña, la primera mujer piloto de helicóptero Huey-II


Trabajo colectivo

A través del método de investigación participativa –que se caracteriza por formar parte de una determinada comunidad en el análisis de su propia realidad–, docentes y estudiantes de las facultades de Ciencias Agrarias de las Sedes Bogotá y Medellín; de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL, y en particular, estudiantes de la Maestría en Gestión y Desarrollo Rural, realizaron un acompañamiento a cada uno de los cuatro casos.

Por medio de evaluaciones y caracterización de las fincas en temas de gestión de suelos y de aguas, aspectos agronómicos y pecuarios, entre otros, se identifican junto con los miembros de las comunidades, ideas de mejora para fortalecer factores como el aprovechamiento de los recursos naturales, la producción, la comercialización y en general la sostenibilidad de estos sistemas productivos, que finalmente permiten potenciar y restablecer la calidad de vida humana.

“Los conocimientos están en las universidades, pero hay sabiduría en el campo. Nosotros desde la universidad conversamos con las comunidades, evaluamos de manera participativa ideas y hacemos las valoraciones de lo que se encuentra en las fincas, y a partir de las necesidades de las comunidades, se van buscando alternativas de mejora”, indica el profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias Fabio Rodrigo Leiva Barón, director del proyecto.

De los estudios de caso, la investigación destaca la manera en que el “asociarse” toma relevancia para lograr cambios importantes que conducen a un bien común.

Con esta investigación, además de generar cambios positivos en los sistemas productivos de cada comunidad, se pretende lograr impacto en las políticas públicas con el fin de mejorar la calidad de vida de los campesinos, promoviendo el desarrollo en sus territorios y que así se pueda alcanzar una paz estable que perdure en el tiempo.

El trabajo realizado en esta investigación será condensado en una publicación tipo libro, que de manera detallada dará cuenta de los hallazgos encontrados con cada objeto de estudio, permitiendo sentar bases sobre lo que puede ser entendido como inclusión productiva y el impacto que puede tener en la paz territorial.

La puerta que debe abrir el sector privado

La ministra de Agricultura, Cecilia López, durante el conversatorio “Capacidad exportadora del sector agroindustrial: retos para potenciar el sector agroindustrial”, organizado por la Cámara de Comercio Colombo Americana señaló que, en su opinión, “es muy claro que sin el sector privado no podemos obtener estas metas; o sea, tenemos que trabajar de la mano con el sector privado, lo cual implica muchos cambios. Un cambio en el sector privado para abrir la puerta a este otro sector productivo que no ha tenido chance y que tampoco tiene la experiencia porque ha estado muy aislado”, expresó.

Añadió que el primer punto es que los privados se sientan involucrados en la reactivación del sector agropecuario.

La ministra López también resaltó la importancia de la inclusión productiva. Indicó que en este momento se trabaja en 23 cadenas productivas, empezando por la de maíz y soya, que es la más importante porque es necesario sustituir importaciones. Ante esto, puntualizó que se requiere tener un millón de hectáreas que produzcan maíz y soya, y ahí meter a los pequeños agricultores y agruparlos, porque si no se mecaniza, con formas primitivas no entran en la cadena.