| El Nuevo Siglo
Foto cortesía URT
Lunes, 18 de Enero de 2021
Daniela Morales Soler

De un día para otro, el canto de los pájaros fue reemplazado por el silbido de las balas.“Allá arriba se hacían unos”, recuerda don Jairo señalando con su cabeza lo que podría ser mucho o poco. La distancia parecía irrelevante, cuando lo que atormentaba era la certeza de presencia. De repente, la calma de los caminos se tornó en miedo.

En esa lomita estaba el frente 29 de las Farc, Jacinto Matallana. –Y allá abajo estaba el Ejército–, cuenta don Jairo. La población de El Recuerdo vivía en el fuego cruzado. Y muchos caían ahí. Sus ojos señalan el pasado. Allá arriba cayeron vecinos y familiares. Es la finca El Higuerón, en Tablón de Gómez, Nariño. 

Imagen cortesía

Fueron sus muertos y su sombra los que forzaron la huida. Atrás quedaban las casas, los cultivos, las gallinas, los cuyes y la calma. Atrás se convirtió en la medida para el tiempo y el espacio. 

Don Jairo Albán, su esposa, doña María Urbano y sus tres hijos mayores se refugiaron en una casa en la vereda La Cueva. Se ocultaron por un mes, aunque a hurtadillas algunos vecinos regresaban a dar de comer a los animales. “Cuando nos tocó irnos teníamos maíz, maní, pero todo se secó. Teníamos animalitos, unos murieron”, recuerda doña María. Era 2003.

Los habitantes de El recuerdo miran hacia atrás con los ojos nublados por la nostalgia. Su pasado se ha convertido en un tiempo presente, como si su memoria se hubiera congelado en el momento en que los obligaron a irse. Sin embargo, son capaces de mirar largo y tendido, pero nunca agachan la mirada. Su dignidad es más robusta que sus heridas.

Doña María cuida a los animales y don Jairo se encarga de los cultivos, así ha sido desde hace años. Al verlos trabajando en el campo, es fácil entender que son personas de hechos, no de palabras. Los surcos de la tierra parecen cicatrices que se van borroneando con cada paso del azadón. De algún modo, al hablar poco se han ahorrado recaer sobre viejos dolores, pero eso no evita sentir el eco de sus sufrimientos pasados en cada una de las cosas que hacen.

Sus manos grandes y generosas han hecho todo por esa tierra. Han sembrado sus sueños y su futuro, y hoy lo beben en una taza de café. Y no cualquiera. Se trata de la mejor de la región, premiada y reconocida por su aroma y sabor cítrico.  —Sí, es porque las matas están entre naranjos y limones— dice don Jairo, mientras en su rostro se dibuja una sonrisa de complicidad.

Tiene 45 años y cinco hijos. Todos nariñenses, de Tablón de Gómez. Y aunque ya lo hijos mayores dejaron la casa, es por ellos por quienes don Jairo y doña María han trabajado todos estos años.

Un largo camino, lleno de altibajos y dudas, por supuesto. Sin embargo, como víctimas tienen derecho a ser restituidas en su tierra. Cobijados bajo la ley 1448 de 2011 que los reconoce y ordena su restitución estas familias campesinas se han convertido en orgullosos empresarios del campo. Es un proceso en el que han trasegado de la mano con la Unidad de Restitución de Tierras, que les ha guiado en sus proyectos productivos. Con inversión y acompañamiento.

Ingenieros, agrónomos, veterinarios y otros profesionales se encargan de llevar cada proyecto a su mejor expresión. 

Es por eso que tanto don Jairo como las otras familias ahora no solo siembran café, ahora saben cómo hacerlo de la mejor forma. Conocen el proceso y las razones por las que el grano se debe recoger en el punto exacto de maduración y deben pasar por un proceso de fermentación. 

“Nosotros lo que buscamos es la vocación del suelo, pero no le decimos a la gente qué proyecto hacer”, explica Pablo Pérez, Líder zonal de Proyectos Productivos para Nariño de la URT. Cada campesino restituido elige su proyecto, que es financiado y acompañado por agrónomos, ingenieros, veterinarios y demás profesionales.

“Hay café, limón, porcicultura, cuyes, aguacates y hasta un criadero de pavas”, agrega Pérez. Proyectos que quedan funcionando perfectamente, porque no solo financian sino que educan a los campesinos y además adecúan la infraestructura de las fincas.

Así como don Jairo Albán, hay otras 255 fincas que tienen andando proyectos de café y en total 320 proyectos productivos solo en Tablón de Gómez, uno de los municipios con más familias restituidas en el país.

Allí, con una amplia competencia, el café de la finca El Higuerón fue seleccionado como el mejor. Compitió en un selecto grupo de 34 caficultores que decidieron vender su producto a la empresa colombiana Condor Specialty Coffee, quien organizó la competición.

No se trata de un café de origen por provenir de una tierra a unos 1.900 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio de 22ºC y tener un aroma frutal. No es solo por eso. Es un café de origen por las manos que lo han cosechado y la historia que cuenta. 

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El sonido de los pájaros regresó, junto con el cacareo de las gallinas y con sonidos amenos: las ollas en la cocina, la música en un radio, la conversación entre vecinos. Regresaron las voces de don Jairo, doña María, doña Fany, doña Ruby, de don Mauro y de todos los vecinos.