Dura segunda corrida en la Monumental de Manizales | El Nuevo Siglo
Momento en que el diestro español Rubén Pinar brinda al público la lidia del quinto toro, ayer en Manizales. La faena fue premiada con una oreja.
Foto cortesía
Miércoles, 5 de Enero de 2022
Hernando Suárez Albarracín

Clima excepcional y tres cuartos de entrada, registró el segundo festejo de la Feria Taurina de Manizales, primera corrida de abono. Se lidió un encierro de Dos Gutiérrez bien presentado, excepto el primero, y de difícil lidia para los coletudos Manuel Escribano, Rubén Pinar y Sebastián Hernández.

El primero de la corrida fue Intrépido, un toro que dejó mucho que desear en juego y presentación. De tosca manera de embestir, derrotaba al salir de la muleta y se colaba a la mejor manera de un manso con peligro. Manuel Escribano no bregó para lucirse con este avanto, pues eso resultaba imposible; porfió, eso sí, para librarse de él con dignidad. No había más posibilidades. Estocada trasera desprendida y descabello. Pitos al buey.

Terminada la pesadilla, saltó Jaranerillo; toro bien hecho, serio, que dio un rumbo bien distinto al que tomó el comienzo de la corrida. Turno para Rubén Pinar. El toro fue potable por los dos pitones, sin descollar en la excelencia. Después de una buena vara de Clovis Velásquez, el de Castilla logró instrumentar muletazos bien concebidos y ejecutados, aunque la faena pudo ser de superior nivel, de no ser por la falta de profundidad de que adoleció. Tres pinchazos y estoconazo en todo lo alto. Vuelta al toro… Pinar también la dio.

Aparecieron en el ruedo el tercero de la corrida y la cuota colombiana del cartel. El sogamoseño Sebastián Hernández llegó decidido a hacer sonar la música, pero pechó con un Violinista de 530 kilos que le aguó la fiesta. El toro fue despreciable, mansote, rajado, avanto. Como mal violinista, destemplado... pero a los toros impotables también hay que saberles hacer las cosas. Todo toro tiene su lidia, dicen incluso algunos. Este no embestía: pasaba, y eso condenó todo a irse al traste; Sebastián pudo salir con decoro del lío en que andaba metido, pero prefirió pasaportar al toro de cualquier manera y lo hizo a paso de banderillas. Pitos al toro.

Saltó luego Clandestino, cuarto de la tarde, a sacar la cara por su casa y fue el de mayor nota en varas. Un astracanado que permitió el lucimiento de Escribano en banderillas e hizo presagiar que tendría mejor futuro que sus hermanos. Falsa alarma. El toro fue de fea embestida y Manuel no se dobló con él para tratar de templarlo; al contrario, anduvo prevenido y a muleta trompicada. Se abonan al toro no quitar su vista del engaño y pararse en los medios; igual, pasó su carta de renuncia y todo quedó en ilusión.

En el quinto Rubén Pinar se las vio con otro zaíno que se mantuvo en la línea de los anteriores y llegó al último tercio dando posibilidades, pero se fue apagando y comenzó a desarrollar sentido. Inteligentemente, el de Albacete, que ya tenía clara la película con este encierro, se montó en la faena. El toro apretaba, pero él también. Tuvo también habilidad para no dejar pensar al toro y construyó su faena a base de guerrear. Cuando las cuentas con el astado ya estaban saldadas, vació su espada en el hoyo de las agujas y se alzó con el triunfo. El toro dobló pronto y la oreja fue a parar a sus manos.

Se cerró la primera corrida con otro mansote, rajado, distraído, que se paraba descaradamente en la mitad del soso viaje y derrotaba arriba. Sebastián Hernández  aprovechaba el cancino recorrido del toro para ‘cazar’ muletazos que celebró un sector de la Plaza. Sonó la música y, entre la algarabía, clausuró su compromiso con estoconazo efectivo. Una oreja.