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EL PRESIDENTE del BID, Ilan Goldfajn, explica los alcances del endeudamiento en la región.
AFP
Sábado, 28 de Enero de 2023
Redacción Política

La deuda total de América Latina y el Caribe aumentó a US$5,8 billones, equivalente a 117% del PIB regional, desde menos de US$3 billones en 2008, reveló el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que considera preocupante esta tendencia.

En el estudio "Lidiar con la deuda, menos riesgo para más crecimiento en América Latina y el Caribe", el BID añade que la deuda pública en particular pasó de representar el 58% en 2019 al 72% en 2020 "debido a paquetes fiscales relacionados con el covid, menores ingresos y la recesión".

"La deuda no es mala per se", puede servir para crear empleo o construir infraestructuras, por ejemplo, pero "si se usa de una manera imprudente tiene sus problemas, puede representar una carga" para las economías, las empresas y también para las personas, afirmó durante la presentación el presidente del BID, Ilan Goldfajn.

Los altos niveles de deuda impulsan a los inversores a exigir mayores rendimientos. Por lo tanto, obligan a los gobiernos a destinar recursos a pagar intereses más altos, en lugar de disponer de ese dinero para invertir en infraestructura y servicios públicos. La situación reduce la capacidad de responder a futuros shocks económicos, además de aumentar el riesgo de que se produzca una crisis.

Por eso los gobiernos deberían apuntar a reducir el porcentaje de deuda pública en relación al Producto Interno Bruto (PIB), de un promedio de 70% a un rango de 46%-55%, nivel que el BID considera "prudente". Los países "dependientes de los ingresos volátiles de los productos primarios" deberían bajarla aún más, señala el estudio.

"Una deuda sostenible tiene beneficios que claramente superan los costos", declaró durante el lanzamiento del informe Eric Parrado, economista jefe del BID, convencido de que la deuda puede convertirse en un motor.

Óscar Valencia, uno de los autores del informe, afirmó que las últimas estadísticas demuestran que "los países están actuando" con una tendencia a bajar la deuda a mediano plazo, pero es insuficiente.

El informe propone reforzar las instituciones fiscales, para evitar gastar en exceso en los buenos tiempos y crear un colchón para hacer frente a los malos tiempos.

Las reglas fiscales, que ponen límites al gasto público, son útiles, pero los países de la región "cumplieron con solo el 57% de los objetivos" que se trazaron en esta materia.

"La mejor manera de reducir la deuda es a través de un mayor crecimiento combinado con gasto público eficiente e ingresos públicos adecuados", concluye el informe.



"Un foro regional"

También recomienda reducir la informalidad laboral y gestionar activamente los calendarios de amortización de deuda.

"Más de la mitad de los países de la región enfrentan un servicio de deuda (ndlr: pagos) de más del 2,5% del PIB, y una cuarta parte de ellos de más del 5%, cantidad similar al gasto en educación", ejemplifica la institución financiera.

América Latina y el Caribe deben aprovechar a los bancos multilaterales de desarrollo y otros prestamistas que proporcionan tasas más bajas y plazos más largos que los mercados privados.

El informe aconseja "crear un foro regional para mejorar la coordinación de los procesos de reestructuración de deuda" y complementar las iniciativas internacionales enfocadas sobre todo en los países de bajos ingresos.

La deuda privada también aumentó antes y durante la pandemia.

Una cuarta parte de los países tienen crédito interno que alcanza al menos el 100% del PIB, pero para otra cuarta parte la cifra es inferior al 50% del PIB.

El acceso al crédito "sigue siendo escaso, especialmente para los hogares, las pequeñas y medianas empresas (pymes) y las empresas dirigidas por mujeres", indica el BID.

Las estimaciones "apuntan a una brecha de US$1,8 billones entre la demanda y la oferta de fondos disponibles para las pymes", por ejemplo.

Según el BID, el nivel de endeudamiento de los hogares en la región "sigue siendo relativamente bajo en comparación con los estándares internacionales, ubicándose en un promedio del 22% del PIB, muy por debajo de otras economías emergentes (35%) y de los países desarrollados (77%)".

Sostiene el BID que los altos niveles de deuda pueden obstaculizar el desarrollo, porque impulsan a los inversores a exigir mayores rendimientos, desplazando las inversiones privadas y obligando a los gobiernos a desviar recursos escasos para pagar intereses, en lugar de invertir en infraestructura y servicios públicos.

Asimismo, esta situación reduce la capacidad de los países de responder a futuros shocks económicos para apoyar a los hogares y las empresas, y aumentan el riesgo de una crisis. La pandemia, la invasión rusa a Ucrania, la alta inflación, el aumento de las tasas de interés y el bajo crecimiento mundial, combinados con una deuda elevada, aumentan la vulnerabilidad de la región.

"Una deuda bien administrada y sostenible puede ayudar a liberar el abundante potencial de crecimiento de América Latina y el Caribe", dijo Eric Parrado, economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo. "Nuestro nuevo informe insignia presenta una agenda a favor del crecimiento, en la que la deuda se convierte en un motor y no en un lastre para el crecimiento. Ofrece a los gobiernos de los países de la región recomendaciones integrales de políticas para fortalecer las instituciones macrofiscales, reducir la deuda pública y garantizar un entorno de financiamiento favorable para las empresas".



Consolidación fiscal

El estudio destaca que la mejor manera de reducir la deuda es a través de un mayor crecimiento combinado con gasto público eficiente e ingresos públicos adecuados y recaudados de una forma que no sacrifique el crecimiento.

En general los países, especialmente aquellos con altos niveles de gasto e impuestos como porcentaje del PIB, deberían enfocarse en mejorar la eficiencia, tanto de la recaudación de ingresos, como de sus gastos. La calidad de la inversión pública puede ser mejorada en todas las etapas del ciclo del proyecto, las transferencias de pagos deberían ser dirigidas a quienes realmente las necesitan, y se debería mejorar el monitoreo de los impuestos. En los países cuyos ingresos y el gasto son un porcentaje menor del ingreso nacional, ampliar la base impositiva y aumentar los ingresos del sector público permitirían una mayor inversión pública con impacto positivo en el crecimiento.

Otras oportunidades incluyen reformas para disminuir la informalidad laboral, como la reducción de los incentivos fiscales para que las empresas contraten mano de obra informal y el cambio del financiamiento de los beneficios de los impuestos laborales a una tributación más general.

Estrategias de gestión de la deuda

El informe también concluye que los países deben prestar mucha atención a las estrategias de gestión de la deuda. Instituciones eficientes, como las oficinas de gestión de deuda que funcionan bien y los instrumentos de deuda innovadores, son vitales para gestionar la composición de la deuda. Los avances anteriores a la pandemia en la mejora de esa composición se han estancado y los países deben gestionar activamente los calendarios de amortización. Más de la mitad de las naciones de la región enfrentan un servicio de deuda que supera el 2,5% del PIB, y una cuarta parte de ellos de más del 5%, cantidad similar al gasto en educación.

Los países deberían aprovechar plenamente a los bancos multilaterales de desarrollo y otros prestamistas oficiales que proporcionan financiamiento competitivo a largo plazo. Además de ofrecer préstamos a tasas más bajas y plazos más largos que los mercados privados, los bancos de desarrollo ofrecen conocimiento técnico y otros instrumentos para ayudar a los países a gestionar los riesgos.

Considera el estudio que el nivel general de endeudamiento de los hogares en la región sigue siendo relativamente bajo en comparación con los estándares internacionales, ubicándose en un promedio del 22% del PIB, muy por debajo de otras economías emergentes (35%) y de los países desarrollados (77%). El informe aporta nuevos datos completos sobre el crédito a los hogares, y recomienda a los gobiernos continuar con sus esfuerzos para mejorar el acceso al crédito, tanto para familias, como para las pymes.

El informe también recomienda que los gobiernos diseñen intervenciones dirigidas con precisión a aquellas empresas promisorias que necesitan apoyo, pero que les ofrezcan un conjunto más amplio de instrumentos, incluido el capital o el cuasicapital, para no aumentar la carga de la deuda.