| El Nuevo Siglo
Foto Fiscalía
Viernes, 25 de Diciembre de 2020
Redacción Web

Los delitos de Ilícito aprovechamiento de los recursos naturales y daño a los recursos naturales imputó la Fiscalía a cuatro de los presuntos involucrados en un negocio criminal que atenta contra la biodiversidad y el sostenimiento de los recursos naturales. 

Se trata de Rafael Cruz Romero, alias ‘Ojitos’ o ‘Emmanuel’; Sebastián Bastos Peñaranda, alias ‘Sebas’ o ‘Andrés’; Alfonso Mauricio Triana, alias ‘Miguel’ y Jeisson Humberto Triana, alias  ‘Ángela’; de los cuales tres aceptaron los cargos. 

El negocio que estas personas presuntamente dirigían tenía que ver con la comercialización de Fauna nativa y algunas especies exóticas por WhatsApp, animales que era trasportados por carretera a diferentes ciudades del país y el extranjero, como si fueran artículos comunes de uso y servicio.

Para poner en evidencia esta actividad ilícita, la Fiscalía y la Policía acudieron por primera vez a la figura del agente encubierto. En una labor paciente y sigilosa se logró ingresar a dos grupos cerrados de mensajería instantánea, en los que sólo se permitía la entrada de personas referidas.

Estos chats se hacían llamar ‘Faunatic’ y ‘exotic Colombia’ y estaban conformados por máximo 12 integrantes. En estos se vendían animales como tigrillos, ocelotes, venados, búhos, serpientes, tortugas, guacamayas, micos, babillas y múltiples especies de la biodiversidad nacional, la gran mayoría en peligro de extinción. 

Los elementos de prueba dan cuenta de que, en los grupos de WhatsApp, una babilla costaba $100.000, una guacamaya $700.000, un mono tití $900.000 y los tigrillos y otros mamíferos casi $1’300.000. Estos valores son irrisorios frente al enorme daño que ocasiona el tráfico de fauna.

Los interesados debían pagar un abono por transacción virtual y los animales les llegaban por encomienda, en buses de servicio público. En el curso del proceso, se acreditaron 14 ventas y entregas efectivas en Bogotá y Soledad, Atlántico. 

El ente acusador indicó que algunos de los traficantes contactaban redes de cazadores, que se encargaban de extraer especies jóvenes de la depresión momposina, entre los departamentos de Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena y Sucre, y de otras zonas de la Costa Atlántica.

Luego de ser ofrecida la fauna en los grupos de WhatsApp, los animales eran preparados. Por ejemplo, a las aves les cortaban las alas y a los mamíferos los amordazaban y amarraban y para ser transportados a los lugares solicitados, eran camuflados en cajas a las que les abrían huecos para permitir la respiración de las especies en buses de servicio público. 

Cabe mencionar que, en estos casos, los animales fueron rescatados y puestos a disposición de las autoridades ambientales ya que las especies cazadas, por la corta edad, no podrán retornar a su hábitat y porque sufrieron lesiones que afectaran el resto de su vida.