De Justo indulta un bravo toro de Las Ventas en Manizales | El Nuevo Siglo
Este jueves hicieron el paseíllo en la Monumental de Manizales el colombiano Cristóbal Pardo y los españoles Emilio de Justo y Ginés Marín. Los hispanos se alzaron con el triunfo al cortar dos orejas cada uno. Hubo un toro indultado.
Foto José Miguel Suárez
Jueves, 6 de Enero de 2022
Hernando Suárez Albarracín

Un bien presentado encierro, aunque disparejo en comportamiento, trajo el jueves César Rincón a la Monumental de Manizales, para la tercera corrida de abono, cuarto festejo de la Feria.

La corrida estuvo precedida por un fuerte aguacero que afortunadamente desapareció hacia las cuatro de la tarde, cuando sonaron clarines y timbales para anunciar el inicio del espectáculo.

Emilio de Justo, finísimo diestro español nacido en Cáceres hace 38 años, llegó a Manizales tras salir en hombros por la puerta grande de la Plaza de Cañaveralejo el pasado 30 de diciembre, cuando cortó las dos orejas y el rabo a un toro de la ganadería española de Victorino Martín.

Pues Don Emilio se ha apostado en el ruedo para lidiar al segundo de la corrida en Manizales, de nombre Despistado, número 608 de 452 kilos; toro cinqueño al que bordó una faena inmensa, plena de conocimiento, merced a su depurada técnica y a que el toro fue una dulzura para embestir. De Justo desmayó el engaño ante el toro y éste terminó también desmayado, derrochando bravura y calidad en sus viajes. Bravo en el caballo, acosador en banderillas, entregado en el tercio final.

La primera parte de la faena de muleta comenzó con el termómetro alto; Emilio embarcó desde el primer derechazo al toro, éste aceptó la propuesta de quedarse en los medios y acudió con prontitud en cada pase. Sonó el pasodoble Feria de Manizales. Puso don Emilio su muleta en la mano izquierda y el toro le suplicó que no le exigiera tanto, porque lo iba a ahogar. Don Emilio bajó entonces de revoluciones la faena y se consolidó el 'matrimonio'. Lo toreó tan suave como se limpia de toda mácula el pétalo de un lirio. De ahí en adelante toro y torero se deleitaron haciendo cada uno lo suyo, entre las mieles del arte y la más exquisita belleza. La plaza iba a convertirse en un manicomio. El palco acató el clamor y llegó la apoteosis: el toro ha sido indultado. Así lo vivió Manizales. El toro, de indulto. De justo, de fiesta!!!

Con el segundo de su lote, quinto de la corrida, sudó la gota gorda pues pechó con un manso de feas maneras, que desde banderillas se mostró rebrincón y de áspero juego. Ya en la muleta, la misión del extremeño era limpiar al toro de ese defecto. Instrumentó muletazos por bajo y dio todo el tiempo que el toro pidió, pero el de Las Ventas finalmente se rajó. Tres cuartos de espada y saludo desde el tercio.
Otro triunfador de la tarde, el también español Ginés Marín, midió su talento en primer lugar con Clavelón, que no decepcionó cuando acudió al peto pero evidenció carecer de fuerza y, por lo mismo, sus embestidas fueron cortas; aún así, permitieron la lidia. El toro se acomodó en los medios y se mantuvo atento a las citas. Ginés Marín lo encimó demasiado, casi que lo asfixió y se marginó de aplicarse en los cánones del temple. Estocada arriba bien dirigida y de efecto tardío. Una oreja.

Terminó su compromiso con Manizales lidiando el sexto del festejo, un ejemplar de muy mal comportamiento en la pica pero que se dejó. Atendió la invitación de Ginés y se fue con él a los medios para embestir, sin alegría ni transmisión, pero a cumplir lo suyo. Marín instrumentó muletazos sobre ambas manos, aunque perdiéndole el paso al toro, que buscaba la muleta mientras se llevaba al torero a las tablas. Hundió el acero un tanto desprendido y trasero. Una oreja.

A pesar de no tocar pelo, Cristóbal Pardo, colombiano cabeza de cartel, salió bien librado de la jornada. Infortunadamente dio con lo más duro del encierro, pero demostró que tiene arrestos suficientes y una experiencia bien gadana para no arrugarse ante las dificultades.
Le correspondió en turno el toro que abrió plaza, un castaño listón ojo de perdiz, que sumió la plaza entre el ambiente de su peligro sordo. Limitado en fuerza, probón... hizo lo de algunos mansos que simulan embestir y ‘se hacen los locos’ para buscar el bulto y enviar el gañafón en la mitad del viaje. Pardo, no obstante, estuvo aseado, reposado y a la altura de lo que tenía que hacer ante un toro que poco y nada le permitió. Palmas al caldense, pitos al castaño.

En segundo turno despachó a un zaíno de torpe embestida. Además de su impotencia para moverse con clase, desarrolló sentido e intentó descomponer las cosas. Pero Cristóbal, haciendo honor a su tierra, salió por la victoria e instrumentó una faena inteligente, reposada, con la tranquilidad que sólo dan la experiencia y las angustias que ha vivido. Estuvo muy bien, exigiendo al toro y manejando los tiempos mientras tiraba suavemente de él con la muleta. El toro llegó a venirse un tanto arriba y la faena alcanzó su culmen de manera casi inesperada. ¡Malaya suerte! la espada, entera, cayó muy baja y las orejas se evaporaron con la nube que había descendido hasta el mismo ruedo a disfrutar la corrida. Merecida vuelta al ruedo para el embajador de La Victoria (Caldas).