Cultura, camino para que Bogotá empatice con el autismo | El Nuevo Siglo
Los equipamientos, parques y rampas son hasta cierto punto irrelevantes si, por ejemplo, los motociclistas se montan en los senderos peatonales.
Cortesía IDRD
Viernes, 7 de Enero de 2022
Redacción Nacional

Durante la última parte del año pasado, cortesía de la llegada del Plan de Ordenamiento Territorial al debate público, los bogotanos se terminaron haciendo, quisieran o no, una pregunta sencilla: ¿qué tipo de ciudad queremos? Pero también planteó un interrogante un tanto más complejo: ¿en qué tipo de ciudad vivimos? y lo que es aún más importante: ¿en ella cabemos todos?

Una de las mejores formas de responderse estas preguntas es a través de personas que de hecho, por una u otra razón, tienen que vivir la ciudad con algún tipo de enfermedad, discapacidad o condición.

En el ejercicio empático de ver la ciudad a través de otros ojos, EL NUEVO SIGLO habló con los padres de tres niños que padecen Trastorno del Espectro Autista (TEA), un grupo de afecciones muy complejas y poco visibilizadas que afectan la forma en la que una persona se comporta, interactúa, se comunica y aprende. Personas con, vale referirlo, un elevadísimo nivel intelectual y con una serie de capacidades extraordinarias. 

Todos ellos coincidieron en que, lejos de ser una ciudad inclusiva accesible, Bogotá no es para todos los que en ella habitan y derivadas de sus experiencias de vida, hay cinco recomendaciones de lo que debería modificar la capital colombiana para que sea, eventualmente, una urbe en la que quepan todos.

Vale advertir que, paradójicamente, la mayoría de recomendaciones que hicieron no están necesariamente relacionadas con la adecuación de barandas o de rampas, sino de cultura ciudadana, civismo y respeto.

Seguridad

Uno de los primeros aspectos en los que coincidieron todas las personas consultadas por este Medio, es que si bien es cierto que los espacios abiertos tales como los parques son ideales para las personas con este tipo de condición, son lugares que no sirven de nada mientras no se garantice la seguridad.

“El uso de parque es irrelevante por la pésima seguridad que hay en Bogotá. Cuando tú tienes a una persona que no sabe pedir ayuda, no lo vas a poner en riesgo ni un solo minuto y no hay respeto por estos espacios. Antes los parques eran para que los niños salieran a jugar y eso ya casi no se ve porque se desvirtuó la razón de ser de los mismos. Si a eso le sumas la inseguridad yo te garantizo que ningún papá consciente va a permitir que su hijo salga, y más cuando este no puede pedir ayuda”, precisó uno de los padres.

Cultura ciudadana

Un segundo aspecto que debe ser fortalecido por parte de la Administración Distrital y en el que más deberán trabajar ciudades como Bogotá para que las poblaciones con alguna forma de discapacidad o condición puedan experimentar la urbe de una forma más amable, es la cultura ciudadana.

“La ciudad no debe pensar: 'pongo más rampas, más señalización, más espacio público y listo'. No se trata solamente de eso. Al final el tema central es de respeto. Tú le podrías poner a mi hijo el mejor espacio público, con todos los equipamientos, pero te garantizo que no va a servir de nada porque las motos seguirán pasando por encima del andén y a un milímetro de uno. A Bogotá lo que le falta es un grupo amplio de voluntarios que hagan acompañamiento”, indicó la madre de una niña de 12 años que, al tener TEA, ha tenido que aprender a vivir, como ella dice, “con ojos en la espalda”, pues en una ocasión su hija casi es atropellada por un ciclista mientras cruzaban un puente peatonal.



Más acompañamiento

En una tercera medida, de acuerdo con las personas consultadas por este periódico, todos los tipos de discapacidad que hay deberían tener un acompañamiento por parte de la Alcaldía Mayor, para educar la falta de respeto que aún es notoria, con relación a las personas que padecen de esta condición.

“A esta ciudad le falta un grupo de personas cuya función sea la de acompañar en los puentes y en los parques para que ayuden a este tipo de personas. Cualquier discapacidad debería tener un acompañamiento por parte del Distrito para que la gente se sienta con más confianza de poder salir, de experimentar la ciudad”, mencionó uno de los padres.  

Una educación realmente inclusiva

En cuarto lugar es claro que, si bien todos los consultados por este medio coincidieron en que en el sector de la salud no está la solución (puesto que el autismo no es una enfermedad sino una condición), la educación es otra cosa. De acuerdo con Marcela, madre de un niño con TEA que ya tiene 14 años, Bogotá debe reforzar la inclusión en las instituciones educativas.

“Sí es cierto que todos los colegios, por Constitución, deben tener un capítulo fortalecido de inclusión, pero no lo tienen y deberían sancionarlos. El principal error es coger a las personas con autismo y llevarlas a un centro especializado de autismo. Eso es lo peor que puedes hacer con una persona que tenga una condición de este tipo. Nosotros hemos visto que Rafa progresa y avanza mucho más cuando está con niños que no tienen esa condición y que lo apoyan. Rafa aprende por ejemplo: cómo hablan, cómo corren, etc. Crear centros debe ser más para diagnóstico y orientación, pero no para estudiar”, explicó.

Un sistema de salud más acertado

Por último, aunque es claro que en el sistema de salud no está la solución, la ciudad de Bogotá y el país, en términos generales, deben entender mejor esta discapacidad para así dar una guía más eficiente a los padres de familia.

“El principal problema que tiene tanto Bogotá como Colombia con relación a la condición de mi hijo, es que no hay un centro especializado que pueda guiar a las familias y a las personas en TEA. La primera vez que yo llevé a Rafa a un neurólogo de una excelente clínica privada de Bogotá, me arrepentiré toda la vida por la mala orientación que me dio. No me imagino cómo será para los padres que deben acudir al Sisbén. En el sistema de salud no está la solución y las personas con autismo en países más desarrollados tienen una cantidad de privilegios que acá no existen”, añadió uno de los padres de un niño con TEA.

Destacó que los colegios deberían tener, por norma, psicólogos y terapeutas para temas de neurología y lenguaje, debería ser una obligación “pero no es fácil. Muchos de los profesores no saben atender dicha condición. En un mundo ideal las terapias las deberían dar en los mismos colegios. En un mundo ideal”, finalizó diciendo el papá de Rafa, quien lamenta la falta generalizada de empatía que hay frente a una condición que, si bien compleja, tiene muchos matices.

Autismo en Bogotá

De acuerdo con la Secretaría de Salud, en los últimos cuatro años se han hecho 36.641 atenciones en las que el autismo fue identificado como el diagnóstico principal que motivó la consulta. En el año 2018 fueron 6.674; en el 2019 fueron 11.568; en el 2020 se hicieron 15.054 atenciones, y en el 2021 fueron 3.345.

Esta diferencia en la proporción, explicó la Secretaría a EL NUEVO SIGLO, se puede explicar dado que la mayor parte de las atenciones son realizadas a personas del régimen contributivo (64,57%), seguidas por las que se hacen de manera particular (25,36%)

Así mismo, del total de atenciones realizadas se pudo identificar que el 69,5% se realiza a personas menores de 18 años, y el grupo en el que se realiza la mayor proporción corresponde a los menores de seis a 11 años.