Colombia acaba de cumplir el primer año conviviendo con el covid-19 y -al igual que el resto del mundo- avanza tanto en la mitigación de la pandemia como en la reactivación económica con más dudas que certezas.
Al país llegó ‘importado’ el 6 de marzo del 2019, casi tres meses después de que traspasara las barreras europeas, asiáticas y norteamericanas, proveniente de China, donde se detectaron los primeros casos el último día del 2018. De entonces a hoy, el misterio ha rodeado ese virus que se caracteriza por su rápida velocidad de transmisión así como la alta letalidad en un determinado grupo poblacional (mayores de 65 años) y pacientes con determinadas comorbilidades.
La Organización Mundial de la Salud, en una actuación calificada como tardía por varios gobiernos declaró al Covid-19 como una pandemia el 11 de marzo, cuando ya estaba presente en cuatro continentes con contagios en rápido ascenso así como alto número de fallecidos. Como rectora de las políticas públicas de salud y exigida por la comunidad internacional, la Organización desplazó a comienzos de este año a la provincia china de Wuhan a una comisión de expertos para desentrañar el origen, vectores de transmisión y expansión del virus. Pero todo indica que habría sido un intento fallido porque su trabajo ‘in situ’ fue tardío y cuando el presunto punto de origen, un mercado de animales, ya había sido desmantelado. A ello los científicos debieron sumar el silencio de los pobladores, forzado por el régimen comunista.
Las únicas conclusiones que anticipó el equipo de expertos fue que podía descartarse que el virus hubiera sido creado en un laboratorio en Wuhan y que se transmitió de un animal a un humano. Sin embargo en este último también persiste la duda, porque se cree que aunque originalmente lo transmite un murciélago hay un portador intermedio, que pudo (como también no) ser el pangolín. Se espera que el informe, que se conocerá en algunas semanas, tenga algunas revelaciones, entre ellas si el virus estaba circulando antes de la fecha mencionada, tal y como algunas investigaciones académicas tanto extranjeras como nacionales lo señalaron.
Al igual que en el mundo, Colombia ha tenido fuertes impactos sanitarios y económicos por el covid-19. Y si bien en los referentes mundiales de seguimiento a la misma, como son el Instituto John Hopkins y CoronavirusApp se ubica en el puesto No.12 de afectación global en cuanto a contagios y uno menos en fallecidos, la situación no es tan grave como podría pensarse con estos solos datos e, inclusive, su gestión frente a la pandemia ha sido exaltada por la OMS y regional Organización Panamericana de la Salud.
El mundo acumulaba, con corte a las 5 p.m. de este viernes, 116.727.957 contagios, con un índice de recuperación del 73%, mientras que los decesos por el virus eran 2.596.657. Colombia registraba 2.269.582, es decir el 1.94% del total de casos globales, mientras en fallecimientos era el 2.3% (60.300).
Estos últimos inclusive pueden ser inferiores ya que, por ejemplo, el portal CoronavirusApp tiene como dato referencial una población de 49.070.000 (cifra del censo de 2018), cuando en la actualidad según el reloj mundial, el registro que en tiempo real lleva el Departamento de Asuntos Económicos y sociales de Naciones Unidas, somos 51.195.240. La diferencia es de 2.125.240 personas. De tal forma que si se toma este último referente poblacional, se reducen las métricas de todas las variables con las que se registra el comportamiento de la pandemia.
Para tomar solo dos ejemplos: Colombia registra según el referente mencionado 46.184 contagios por millón de habitantes, pero si lo hacemos con el censo de Naciones Unidas éstos son 44.266 y, en cuanto a los fallecidos por millón bajan de 1.227 que señala CoronavirusApp a 1.175.
En el listado global de afectación hay cinco países de América Latina y el Caribe en los primeros lugares: Brasil (No.3), México (No.11), Colombia (No.12), Argentina (No.13) y Perú (No.19). Sin embargo se debe tener en cuenta que la diferencia poblacional es alta y, por tanto, el referente exacto para medir el impacto de la pandemia se debe tomar en casos o fallecidos por 100 mil o millón de habitantes.
Otros datos importantes en la curva epidemiológica del virus son el llamado número Rt, que básicamente mide la velocidad de contagio y la tasa de letalidad. A hoy, Colombia tiene un Rt de 0.95%, muy distante al 2.27% que registró en agosto pasado cuando se verificó el primer pico de la pandemia. La segunda está en 2.66%, inferior a muchas otras naciones, entre ellas Perú que con población muchísimo menor que la nuestra (algo más de 32 millones) registra 3.50%.
Colombia mantenía a este viernes 33.950 casos activos. Y, al mirar las estadísticas acumuladas en el año vale destacar que las mujeres concentran el mayor número de contagios, 51.43% pero son los hombres los que más han fallecido, el 63.66% de los 60.300 que se han registrado hasta ahora.
Los meses con mayor número de casos y (fallecimientos) por el coronavirus durante este año fueron: Enero 452.109 (10.770), Diciembre 325.969 (6.466) y Agosto 319.660 (9.558).
Al revisar las estadísticas de fallecimientos por edades, con corte al pasado 28 de febrero, se observa que los mayores de 65 años, básicamente por las comorbilidades que padecían, concentraron el 66% (39.737), mientras que los de menor registro fueron los de 0 a 9 años de edad con 68 decesos. Destaca también que desde que comenzó la pandemia 128 centenarios no lograron superar la lucha contra el covid.
Sistema de salud
La llegada del coronavirus al país develó las debilidades del sistema de salud nacional, que si bien eran conocidas no se habían dimensionado en su tamaño real y, menos, frente a una pandemia que sabía iba a llegar más se desconocía su impacto.
El recién posesionado ministro de Salud, Fernando Ruiz, tuvo que desde el primer momento plantar cara a esa realidad, creando una estrategia basada en diferentes fases, desde la prevención hasta la atención, que exigió una inmediata adecuación hospitalaria así como la adquisición de pruebas PCR, de antígeno, ventiladores y llamado a laborar de todo el personal de salud, inclusive los médicos y bacteriólogos recién graduados.
Lo primero que se hizo fue declarar la emergencia sanitaria, actualmente vigente (hasta el 31 de mayo) y con base en la cual se adoptaron las extremas restricciones a la movilidad que posteriormente dieron paso a una reapertura gradual y luego a una reactivación económica inteligente y segura.
En marzo de 2019 el país tenía un laboratorio que procesaba las pruebas covid-19 y hoy tiene 165, lo que ha permitido analizar más de 65 mil por día. Adicionalmente, de 5.346 camas UCI que había en todo el país se pasó a 12.002, entregando estos servicios especializados a muchos territorios que nunca habían tenido, como en Chocó y Buenaventura.
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En el balance entregado por Minsalud se informa que en cuanto a equipos médicos entregados por el Gobierno Nacional para la ampliación de capacidades hospitalarias fueron 5.131 ventiladores, 4.211 monitores, 50 equipos de rayos x portátil, 5.612 bombas de infusión, 1.025 camas UCI, 1.000 camillas, 57 desfibriladores y 11 ecógrafos. A todo ello se deben anexar las pruebas para detectar el virus, equipos de bioseguridad para todo el personal de la salud y, más recientemente, las vacunas que comenzaron a llegar el pasado 17 de febrero.
Ante la alta demanda hospitalaria, generada especialmente entre finales de julio y agosto cuando se registró el primer pico tanto de contagios como de decesos, el Gobierno diseñó una estrategia de estímulos al personal de la salud, del cual una gran mayoría laboraba con salarios atrasados.
En dicha emergencia y ante la urgencia de la salud, el gobierno agilizó el plan de saneamiento de deudas con el sector, también conocido como Acuerdo de Punto Final. De esta forma, durante la vigencia 2020, realizó giros por $2,1 billones a las EPS y prestadores por concepto de saneamiento de deudas No UPC. Y, para las vigencias de los dos años inmediatamente anteriores, se giraron $5 billones.
En cuanto a los estímulos, a la fecha se han girado $382.183 millones a 251.559 profesionales de la salud que atienden covid-19 y se continuarán haciendo dichos giros según informó el MinSalud.
Adicionalmente se capacitó al talento humano en salud para atención del covid-19, atención en Unidades de Cuidado Intensivo, así como en vacunación. Y, dentro de la primera fase de mitigación se fortaleció la telemedicina y atención en casa para pacientes que bien eran asintomáticos o que no requerían hospitalización.
En cuanto a las vacunas se ingresó al mecanismo Covax de la OMS para asegurar millones de dosis, mientras que se realizaron negociaciones directas con los laboratorios que producen los biológicos de Pfizer, AstraZeneca, Jansen, Moderna y Sinovac. El plan nacional de inmunización masiva empezó el pasado 18 de diciembre una vez llegaron las primeras 50 mil dosis y paulatinamente se ha ido cumpliendo el cronograma de distribución equitativa en el país para inocular al personal de la salud en primera línea de esta lucha contra el coronavirus, así como a la población de alto riesgo, los mayores de 80 años. La única excepción ha sido Leticia a donde se enviaron más de 40 mil vacunas para toda la población que se encuentra aislada y gravemente afectada por la variante brasileña. De allí se ha ido extendiendo a sus alrededores en lo que se conoce como el cinturón amazónico.
Primeros auxilios a la economía
El impacto inicial del covid en el país, con reportes diarios de casos y fallecidos en ascenso, al igual que el temor de que la situación se saliera de control, llevó a que el Gobierno decretara el 24 de marzo pasado un confinamiento obligatorio nacional, que se prolongó por dos meses, generando un paro en la economía ante lo cual el gobierno entró, en lo que en términos médicos es ‘código azul’. Es decir la acción inmediata y puntual con ayudas económicas para reactivarla.
De acuerdo con el Ministerio de Hacienda, el Gobierno había gastado hasta enero de este año alrededor de $34,6 billones en la atención de la emergencia sanitaria de los $40,5 billones que se destinaron al Fondo de Mitigación de Emergencias (Fome).
El ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, ha reiterado que los recursos de dicho Fondo se dividieron en tres acápites: atención de la emergencia sanitaria, ayuda a la población en condiciones de vulnerabilidad y protección del empleo al igual que la reactivación económica.
Según explicó para el primero se dedicaron $10,1 billones, para el segundo $10,7 billones y para el último $13,8 billones.
Sin embargo, según cifras del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana, el Gobierno solo ha desembolsado $16,7 billones que corresponden al 41% de los recursos totales del Fome. Según su informe, para salud se han entregado $4,66 billones, por transferencias de programas sociales se han usado $3,78 billones, en subsidio a la nómina $3,27 billones, en Ingreso Solidario $4,11 billones, en otros usos $870.120 millones y hay sin especificar $9 millones.
Recientemente, el Gobierno activó la utilización de los recursos del Fondo de Ahorro y Estabilización (FAE) hasta por $12,1 billones. Además, $3 billones del Fondo de Pensiones de las Entidades Territoriales (Fonpet). Ambos montos fueron sumados a los recursos del Fome.
Además, el Gobierno incrementó el endeudamiento con el fin de atender las necesidades de gasto causadas por la pandemia del coronavirus. Así ya bordea el 61,4% del PIB, que se ha ampliado con el crédito que desembolsó el FMI por US$5.000 millones del monto contingente que tiene el país hasta por US$17.400 millones.
Crecimiento del PIB
Como era de esperarse la pandemia generó un alto impacto en la economía lo que se vio reflejado en el Producto Interno Bruto (PIB) a cierre del año anterior, cuando tuvo una caída de -6,8% (aunque una de los mejores datos de la región). A ello se suma que hay más 3,75 millones de personas desempleadas y que la confianza industrial se desplomó a niveles de 1980.
La producción industrial, por obvias razones, también fue afectada. Con una contracción de 8% tuvo la caída más pronunciada desde 1999, cuando se desplomó hasta 13,4%. Las industrias que más aportaron a esta variación negativa fueron las de elaboración de bebidas, la coquización, refinación de petróleo y mezcla de combustibles y la confección de prendas de vestir.
En medio de este impacto económico y también como era de esperarse por la alta pérdida de empleos y el forzado confinamiento, cayó el consumo doméstico llevando la inflación el año pasado a 1.61%, la cifra más baja de la historia reciente. Y, también como era lógico, la educación (forzosamente virtual) fue el rubro que registró la mayor caída, con una variación negativa de 7,2%.
Aunque son muchos los datos que se toman para evidenciar el pulso débil que tuvo la economía colombiana producto del covid-19, basta citar algunos más como exportaciones que cayeron 21.3% en el interanual y ventas del comercio minorista con una baja de 7.8%. Por las restricciones a la movilidad, la única que registro dato positivo fue el sector de alimentos.
Completa esta radiografía económica el comportamiento de la balanza comercial que entre enero y diciembre de 2020 registró un déficit de más de US$10.100 millones, el comportamiento del dólar que sufrió vaivenes durante el año pasado pero que terminó ganando $218 frente al peso y la caída en la cotización del petróleo, que inclusive estuvo por debajo de los US$30 el barril.
Sin embargo a hoy, con casi todos sectores de la economía operando, las ayudas que hizo el Gobierno para pago de nóminas y primas, el aumento de líneas de crédito tanto para empresas como particulares, la reactivación plena de la construcción de vivienda y el retorno progesivo a la presencialidad en la educación, se está moviendo el consumo y, por ende, el engranaje productivo nacional. Este no será el año de la reactivación plena pero si un firme paso hacia ella que, según los expertos debe darse en el 2022.
Han sido muchas las lecciones que ha dejado la pandemia en el diario vivir, entre ellos la conciencia del autocuidado personal, la mayoritaria obediencia ciudadana de los protocolos de bioseguridad, la fuerza de la tecnología, el teletrabajo, la educación virtual, la telemedicina y la convivencia en familia. Pero también son muchos los retos a un inmediato futuro como mantener las mejoras que se hicieron en salud pública, establecer un ingreso solidario o renta básica para la población más vulnerable previa eliminación de los subsidios existentes, la sostenibilidad de las empresas, la generación de empleo, la diversificación de las exportaciones y hasta un cambio en el modelo de la medicina familiar que no sólo debería ser más preventivo sino que permitiera, a través de los medios tecnológicos, una asistencia primaria al igual que una orientación para la salud y el bienestar.
Llevamos un año conviviendo con el coronavirus. Nada ni nadie, aquí ni en el resto del mundo sabe cuándo se volverá a la normalidad. La única certeza es que no será la que se tenía antes de la pandemia y que la ciencia debe seguir investigando para estar preparados en la eventualidad de que aparezca otra.