| El Nuevo Siglo
El diestro español Román Collado salió por la puerta grande de la Monumental de Manizales, tras cortar dos orejas al segundo de la tarde.
Foto: José Miguel Suárez
Martes, 3 de Enero de 2023
Redacción Nacional

Por: Hernando Suárez Albarracín

Muy buen tiempo abrigó a la tierra del café, para la celebración de la primera corrida en Manizales. En el cartel, el vallecaucano Ricardo Rivera, Román Collado de España y Juan Sebastián Hernández de Sogamoso, que lidiaron un encierro de la ganadería de Santa Bárbara, propiedad del capitán Carlos Barbero.

Inició el festejo con un buen toro que apretó durísimo desde que saltó a la arena. Una buena vara de Cayetano Romero le corrigió el defecto de estar demasiado levantado y eso facilitó que llegara al último tercio en condiciones ideales. Ricardo Rivera brindó a la Sra. Gladys Cardona, madre del matador Andrés de Los Ríos, que el 9 de enero cumple cinco años de fallecido y quien fuera su mejor amigo. El toro se alojó en los medios y Rivera llegó hasta allí para instrumentar soberbios derechazos y una tanda bellísima de naturales. Una faena de factura, que se vino abajo porque el toro se rajó y el espada no encontró manera de sacarlo de las tablas. Estocada en todo lo alto pero ladeada y descabello tras dos avisos. Gran ovación desde los medios y palmas al de Barbero.

El segundo toro de la tarde fue un hermoso castaño ojo de perdiz, caripintado, listón y chorreado en morcillo, que además dio muy buen juego. Román se deleitó lidiando sobre los dos pitones, el izquierdo con algún resabio, a base de muletazos construidos con gusto. La faena no rompió en la cumbre soñada, pero tuvo transmisión y la casa gozó con lo que ocurría en el ruedo. Las tandas fueron medidas al nivel del oxígeno que tenía en su haber el toro y eso facilitó que conservara ritmo constante. Finalizando la faena exageró un poco con la ejecución de molinetes y manoletinas. Se encunó con el alma y dejó un estoconazo efectivo para ver caer dos orejas a sus manos.

Dicharachero, toro castaño requemado marcado con el número 21, asomó al ruedo en tercer lugar. Gran clase derrochó. Tuvo tranco, fuelle y clase al embestir. Hubiera respondido con lujo de detalles a una faena como se quisiera bordar, pero Juan Sebastián Hernández no ha alcanzado el grado de madurez torera ideal. Sin embargo, tampoco estuvo por debajo de su compromiso. Toreó echando mano de lo que sus capacidades le daban y pudo instrumentar muletazos con arte y ligazón. Por momentos atropelló al toro, que protestó especialmente por el pitón izquierdo. Depositó bien la espada, entera, en todo lo alto y clausuró entre ovación. Una oreja y vuelta al toro.



El cuarto de la corrida fue de nota baja, aunque se destacó por perseguir con codicia en banderillas. Rivera intentó sacar partido, pero el toro derrotaba con insistencia y desdibujaba las buenas intenciones del diestro. Porfió con valor, pero el toro se tornó probón, lo prendió y hasta ahí llegó el episodio. Mató de estoconazo bien colocado. Silencio.

Con Serrano, toro número 999 de 446 kilos, no se pudo nada, pues poco y nada tenía de fondo. Descastado, mansote, pasaba solo para exhibir su falta de clase. Román no tuvo otra fórmula que abreviar y, tras pasar afugias con la espada, finiquitó con tres cuartos desprendidos. Silencio.

Cayó el telón con un noble de solemnidad. Aunque terminó rajándose, dio posibilidades con embestida y fijeza justas. Juan Sebastián intentó construir una faena decorosa y la llevó a un punto que alcanzó emoción, pero muy pronto se enfrió la lidia y el esfuerzo quedó apenas marcando el camino para no salir mal librado de la plaza. Espada desprendida y doble descabello. Silencio.

La afición salió feliz de la plaza. Hay gran expectativa por las corridas que vienen. Muchas sorpresas nos tiene reservada esta Feria, que está más encendida que nunca.