Por: Hernando Suárez Albarracín
Con lleno hasta la cima del Ruiz en tarde baja de temperatura, se dio la quinta y última corrida de la Feria de Manizales. Actuaron en mano a mano el español Julián López “El Juli” y el peruano Andrés Roca Rey, que se las vieron con un duro encierro de Ernesto Gutiérrez de discreta presentación.
Con el toro que dio apertura a la corrida, El Juli dictó cátedra de temple. El acapachado era un caramelo de toro que se entregó desde el primer lance y tuvo gran clase en la muleta. Julián lo lidió aprovechando sus embestidas, que no tenían la pólvora del toro de bandera pero sí la clase que requiere el toreo lento. Pasaportó de estoconazo trasero; tardó en acertar con el verduguillo y escuchó un aviso. Palmas a toro y torero.
El segundo de su lote, de nombre Habanero, salió bien librado. Tuvo muy buen comportamiento en el caballo y en la muleta mostró destellos de clase, resultantes irremediables del mando de El Juli, que supo lidiarlo hasta someterlo y hacer sentir al toro muy cómodo en la muleta. Faena técnica, inteligente. Dos pinchazos y estocada desprendida pero bien dirigida. El público no pidió trofeo.
Madremonte, quinto toro del festejo, resultó protagonista de un triste episodio de mansedumbre y quietud. El toro se rehusaba a desplazarse con el mínimo de posibilidades que el madrileño buscaba para intentar explotar algo que interesara. Intentó sin éxito y el de Gutiérrez fue abroncado en el arrastre.
Andrés Roca Rey remató el cartel. Su actuación comenzó con Clarinete, al que ejecutó una faena de altibajos. El toro tenía recorrido, pero fue abanto y tenía el defecto de salir de la muleta a buscar las tablas. Roca Rey instrumentó muletazos toreros, pero declinó sujetar al toro y éste muy pronto se rajó y se llevó hasta las tablas al peruano. Andrés ejecutó allí pases en redondo que levantaron los tendidos, pero la faena ya había perdido su esencia. Hundió el acero hasta la empuñadura en todo lo alto y con eso finiquitó. Una oreja.
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En segundo turno lidió a Perdicero, que saltó a la arena en cuarto lugar. Otro toro de buena nota en varas. Por la forma en que se empleaba avisó que no se iba a fundir, pero terminó embistiendo de manera sosa y con nula transmisión, por eso la labor del diestro fue tibia, sin emoción. Dos pinchazos y estoconazo. Silencio.
Terminó la Feria con Centellita, toro número 62 de 448 kilos, que fue bondadoso y de buen juego. Tuvo el defecto de salir suelto de los muletazos y ahí le faltó oficio a Roca Rey, que remataba las suertes a muleta abierta, retirando el engaño en la cara del toro por lo que éste se evadía y eso le restó mérito a su labor. El toro, obviamente, terminó rajado y el peruano, entablerado, ejecutó muletazos de adorno para luego depositar un espadazo ligeramente desprendido y ver al toro caer sin puntilla. Dos orejas largas y fin de la Feria del Alma.
El balance de la Feria es altamente positivo. Manizales le ha demostrado al país que la fiesta brava está más viva que nunca y que en unión con todos los estamentos a nivel nacional, seguirá en su lucha para que quienes rigen los destinos de este país cumplan, como lo juraron en el momento de su posesión, con la Constitución y las leyes, y nos garanticen el libre ejercicio de derechos fundamentales como la libertad, en un marco de respeto a los valores culturales y de protección de las minorías.
¡Que viva la Fiesta Brava! ¡Viva por siempre!