La muerte de Victoria Amelina, ciudadana ucraniana, a causa de las graves heridas infligidas por el absurdo bombardeo ruso a civiles en la ciudad de Kramatorsk, producto de la intolerable y condenable guerra ruso-ucraniana, que vino a afectar igualmente a sus amigos y compatriotas nuestros, Sergio Jaramillo Caro, Héctor Abad Faciolince y Catalina Gómez Angel, es la más clara demostración de la brutalidad propia de hechos despiadados jamás justificables.
En su momento, Colombia hizo llegar al gobierno ruso su más enérgica condena. Hoy nos afirmamos en nuestro ineludible acogimiento al derecho internacional, a nuestro acatamiento al Derecho Internacional Humanitario y al repudio a la guerra.
Colombia pretende, aspira, desea con vehemencia ser potencia mundial de la vida. Es nuestro cometido en lo interno y externo.
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