A través de la “Ruta de la libertad”, una iniciativa que la Secretaría Distrital de Ambiente puso en marcha para que animales víctimas de tráfico y caza ilegal retornen a su hábitat natural, esta Administración Distrital ha liberado en el último año alrededor de 5.182 especies: 1.960 anfibios y reptiles que fueron retornados el pasado 25 de julio, y 3.222 entre junio de 2020 y junio de 2021, después de que cumplieran satisfactoriamente sus procesos de rehabilitación.
Aún así, también con 3.835 incautaciones de animales silvestres realizadas en el último año, el trabajo es arduo y, además de recursos, involucra la coordinación de una decena de entidades de diferentes partes del país tales como Cormacarena, la Policía, el Ejército Nacional, la Fuerza Aérea, fundaciones como Tu planeta Tu casa, el Cuerpo de Bomberos y alcaldías locales como la de Puerto López.
¿Cómo comienzan, cómo se ejecutan los procesos y cuál es la importancia de estos?
“Nosotros tenemos un Centro de recepción, rehabilitación y valoración de fauna silvestre, y la mayoría de los animales que llegan allí han sido víctimas de tráfico y de comercialización ilegal. Ahí lo que hacemos es valorarlos porque muchos de ellos vienen en muy mal estado físico, son alimentados para que vuelvan a sus niveles básicos de nutrición y de tonicidad muscular, y luego son reintroducidos a sus ecosistemas naturales”, comenzó por explicarle a EL NUEVO SIGLO el secretario de Ambiente (E.), Julio César Pulido.
No obstante, muchas de las especies que son rescatadas y rehabilitadas por la cartera de Medio Ambiente, pasan a una categoría de “improntados”, lo que significa que ya perdieron sus condiciones para volver a sus medios naturales, para poder asociarse con animales de su misma especie y ya no tienen habilidades de caza para su subsistencia.
“Estos son animales que si uno los libera se van a morir porque están tan domesticados, por llamarlo de alguna manera, que es muy probable que después de su liberación vuelvan a buscar asentamientos humanos y vuelvan a ser objeto de tráfico o de caza ilegal. Estos animales no son viables y hay un porcentaje de esta población que ya se han vuelto residentes permanentes del centro de recepción, siempre van a estar ahí y siempre van a estar en las cifras porque su liberación ya es muy compleja. Esto pasa sobre todo con algunos primates que han sido utilizados como mascotas o animales de circo y es muy difícil que logren retornar a su vida natural”, añadió Pulido.
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Las especies que más se trafican
Punto aparte, es importante referir que la mayoría del tráfico que pasa por la ciudad de Bogotá consiste en reptiles y tortugas que se comercializan desde la zona norte del país como la Guajira, la Costa y otras procedentes del departamento del Meta.
Otro de los componentes importantes de tráfico que tiene que atender la Secretaría de Ambiente son los peces ornamentales. Es importante referir que la mayoría de los decomisos de estas especies se hacen a través del Aeropuerto El Dorado, por donde salen para su venta en el exterior.
También hay recurrencia de algunas especies de monos y micos procedentes del Amazonas y de la región del Tolima, que suelen ser utilizados como mascotas y por eso son comercializados.
“Ahora, yo te diría que el tráfico de especies ornamentales más grueso es el de Guacamayas y loros provenientes de la Cordillera que rompe con el macizo amazónico. Esa es una fuente de tráfico de guacamayos y loros más importante del país y sin duda son los animales que más decomisamos”, explicó el secretario (E.) Pulido.
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La ruta de la libertad
La ruta de la libertad comienza en el Centro de Atención y Valoración de Flora y Fauna Silvestre ubicado en la Sabana de Bogotá, y se extiende por cerca de 1.000 kilómetros hasta varios sitios de la Costa Caribe, para que especímenes que fueron recuperados e incautados en diferentes operativos en la capital o entregados de forma voluntaria vuelven a su hábitat natural.
Si bien es cierto que el Distrito está trabajando desde comienzos de los años 90 en la recuperación de animales que son traficados, esta Administración tomó la decisión de hacer uso de la expresión, “ruta de la libertad”, porque debe haber un fin pedagógico para suspender estas prácticas.
“Estas prácticas están muy incorporadas en la cultural de los colombianos. Manejar animales silvestres como mascotas o consumir carne de ciertos animales silvestres como las tortugas, como el armadillo y el consumo de otras carnes que están muy ligadas a prácticas culturales.
Lo que buscamos con el tema de la ruta de la libertad es evidenciar que estos animales no son mascotas, que el consumo de su carne además de generar un problema de salud pública genera también un problema con algunas especies amenazadas que han perdido sus áreas naturales, se les están disminuyendo los ecosistemas naturales, y por eso se hacen más vulnerables a la caza ilegal”, añadió.
El Centro de Fauna
Finalmente, de acuerdo con la Secretaría de Ambiente la lógica de tener un centro de este tipo, a diferencia de un zoológico, no es la de mantener a las especies sino rescatar, rehabilitar y devolverlas a sus ecosistemas.
De hecho, que animales se queden en el centro no es su razón de ser: la idea es poderlos reintroducir en sus espacios naturales. En este momento el centro tiene 1.195 animales en el centro de fauna y 500 animales listos para reubicar.
Por esta razón, esta Administración Distrital le dio una nueva infraestructura a la institución que se inauguró en este primer semestre, con un costo de alrededor de $37.000 millones.
Esta infraestructura consiste en un centro que tiene una clínica veterinaria, laboratorios, máquinas de Rayos X y 2 hectáreas de terrenos en Engativá, con aislamientos y cubículos para el manejo de todos estos animales, con todas las condiciones térmicas, calefacción, pisos radiantes y todo lo que se necesita para su manejo.
“Su operación para mantener en ese centro entre 3.500 y 4.500 animales (su capacidad), requiere de una inversión mensual de alrededor de $58 millones entre pago de personal, medicamentos y alimentación de estos animales. Estas son cifras estimativas porque eso depende mucho de los animales que cada mes tengamos en recuperación. Pero esas son las cifras con las que nosotros hacemos la planeación normal. Los costos operativos al años son de alrededor de $700 millones y costos indirectos”, finalizó diciendo el secretario (E.) de Ambiente.