Las autoridades investigan una masacre perpetrada en el municipio de Mapiripán (Meta), en la que al parecer fallecieron ocho personas, de acuerdo con los reportes obtenidos.
Según las versiones entregadas en Caracol Radio, las personas fueron asesinadas en el caserío Siare de ese municipio. Según se indicó, las víctimas son hombres cuyas edades oscilan entre los 20 y los 25 años. La masacre se produjo dentro de un establecimiento de venta y consumo de licores.
Medios locales informaron que los atacantes llegaron sin previo aviso y dispararon contra los sujetos que estaban en dicho establecimiento.
Estos hechos ocurren luego de que en la misma zona habían secuestrado a dos personas que aún permanecen desaparecidas.
Se sabe que la zona está en alerta roja por la presencia de grupos al margen de la ley, como las disidencias de las Farc, quienes podrían ser los autores de este terrible crimen
En lo que va corrido del año, con esta serían 95 masacres las que han ocurrido en el país, de acuerdo con el reporte que lleva el Instituto de Estudios para el Desarrollo de la Paz (Indepaz).
Una fuente consultada por EL NUEVO SIGLO comentó que tropas de las Fuerzas Militares se habían desplazado al sector señalado para confirmar el hecho.
Otra masacre
La Unidad de Víctimas recuerda que este municipio, en límites entre el Meta y Guaviare, ya fue escenario de la barbarie de la guerra cuando centenares de paramilitares venidos de varias zonas del país llegaron primero al casco urbano y luego al rural y, con lista en mano, iniciaron una masacre cuya cifra de víctimas mortales aún es un misterio, veinte años después.
Desde el 12 de julio de 1997 ya se presagiaba lo peor. Dos aviones provenientes de la región del Urabá antioqueño desembarcaron a más de cien miembros del Ejército privado del clan Castaño Gil, máximos jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).
Estos hombres fueron recibidos en vehículos oficiales y transportados a una guarnición militar. Luego se unieron a otro número similar de paramilitares venidos de otras regiones. Todos recibían órdenes de mercenarios internacionales.
El día 15 de ese mes comenzó el terror para los habitantes. Antes del alba, los hombres llegaron a las casas y, listado en mano, sacaron a quienes en su criterio eran guerrilleros o colaboradores de las Farc. Tras torturarlos, los llevaron al matadero municipal, donde los asesinaron. Hablan de descuartizamiento, decapitaciones, lanzadas al río.
La cifra de víctimas mortales aún no ha sido determinada. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, que el 15 de septiembre de 2005 condenó al Estado colombiano por la violación de los derechos a la vida, integridad y libertad de las víctimas, habla de 45 víctimas. Los pobladores hablar de casi cien.
Según el líder paramilitar Salvatore Mancuso, extraditado a Estados Unidos, la masacre de Mapiripán buscó consolidar la imagen de Carlos Castaño, luego de la muerte de su hermano Fidel. Y lo decidieron hacer en Mapiripán, un lugar al que esa organización consideraba un enclave de las Farc.
Esta masacre originó el desplazamiento de 511 familias de Mapiripán. La Unidad para las Victimas asumió el compromiso de una reparación colectiva e integral.
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La versión de 'Otoniel'
A pocos días de ser extraditado a Estados Unidos, el máximo cabecilla del Clan del Golfo, ‘Otoniel’, rindió declaración por más de cinco horas ante los magistrados de la JEP, en las que confesó haber participado en la masacre de Mapiripán.
Precisamente ‘Otoniel’ explicó en detalle cómo un centenar de miembros de las Auc aterrizaron en el aeropuerto de San José de Guaviare y que el Ejército colombiano facilitó el transporte de los paramilitares hasta Mapiripán.
Por cerca de seis días, los paramilitares que viajaron con ‘Otoniel’ sembraron el terror en la población. Asesinaron a más de 60 personas frente a sus familiares y vecinos, desplazaron a toda la comunidad e implantaron el fenómeno de las masacres en los Llanos Orientales.
Después de perpetrada la masacre, según ‘Otoniel’, se desató un conflicto entre las Autodefensas Campesinas del Casanare y el Bloque Centauros de Arroyave por el control del departamento. Los dos grupos paramilitares, que buscaban combatir a la guerrilla, se mataron entre sí.