Aunque nunca fue una relación unida de vieja data, pues entre la alcaldesa Claudia López y el presidente Gustavo Petro hubo varios encontronazos durante los primeros años de mandato de la mandataria distrital, en el marco de la campaña ella apoyó su candidatura a la presidencia y se montó en el tren de “Colombia, potencia mundial de la vida”, eslogan del nuevo gobierno.
Aún así, pasados dos meses y medio desde que se instauró la nueva Casa de Nariño, ya ha habido tres temas frente a los cuales se ha evidenciado un claro distanciamiento de criterios entre el Gobierno nacional y el Palacio Liévano: la Región Metropolitana, el abordaje a la seguridad y a la protesta social, y un tema que indirectamente ya comenzó a ser una grieta que podría convertirse en un abismo, el Metro de Bogotá.
Más allá de enumerar los temas frente a los cuales se ha generado distancia entre la Alcaldía y la Presidencia, aunque amerita tenerlos bajo la lupa pues con seguridad seguirán siendo fuente de controversia, ¿se avizora una ruptura entre los dos poderes, o es aún muy prematuro?
“Yo creo que sí. Cuando los verdes vieron que para ellos era un suicidio político no apoyar a Petro, ahí fue que se subieron al bus. Angélica Lozano se dedicó a tirarle barro al presidente Petro la última semana antes de las elecciones y hasta el final admitió su voto por él a regañadientes. En la medida en que la popularidad del gobierno disminuya, esos sectores que de manera oportunista llegaron a las elecciones también se van a distanciar”, opinó a EL NUEVO SIGLO el concejal del Polo, Carlos Carrillo.
Por el contrario, el concejal de la Alianza Verde Julián Rodríguez Sastoque espera que no haya una ruptura próxima entre ambos gobiernos.
“El país necesita unidad y nosotros, de manera decidida, apoyamos al gobierno de Gustavo Petro. Prueba de ello es ver a un senador como Ariel Ávila defendiendo el proyecto de paz total como ni siquiera lo hace el resto de la bancada de gobierno. Entonces lo que uno esperaría es que haya reciprocidad en esa confianza y que el comportamiento del Pacto Histórico en Bogotá fuera similar: trabajo en equipo, no sabotaje. Espero que no haya una ruptura porque si los alternativos seguimos divididos, y la historia lo ha probado, nos va a ir mal”, indicó a esta redacción el concejal Rodríguez Sastoque.
La Región Metropolitana
El primer desacuerdo se dio el pasado martes 18 de octubre, cuando en el Concejo se estaba comenzando a retomar la discusión de la incorporación de Bogotá a la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, proyecto que fue retirado por la Alcaldía de Bogotá el 27 de abril por diferencias de interpretación.
Ad portas del primer debate, la exconcejal y actual ministra de Ambiente, Susana Muhamad, socializó una carta en la cual el Gobierno nacional le solicitó a la Alcaldía Mayor que retirara el proyecto.
La ministra argumentó que la creación de una región de estas características restringe las garantías en el derecho a la participación, y también refirió que si bien la mandataria distrital había propuesto la consolidación de una autoridad ambiental única para la Región Metropolitana, el proyecto de acuerdo 462 de 2022 no incluía dichas modificaciones.
“Para poder avanzar en el análisis a la propuesta hecha por la mandataria, es necesario que el proyecto de acuerdo que cursa actualmente en el Concejo sea retirado (…) Desde presidencia y desde el ente rector de coordinación del Sistema nacional ambiental invitamos a la alcaldesa mayor, al gobernador, a los municipios, a sentarnos a dialogar para definir el alcance de un nuevo arreglo”, concluye la misiva.
Ante este hecho, la alcaldesa Claudia López lamentó a los pocos minutos de publicada la carta, que esta misma fuera más de una exconcejal que de una Ministra. “¿Cuándo asumirán qué somos gobiernos aliados del cambio, que tenemos una oportunidad histórica y única?”
“Pido por lo menos que se respete la deliberación democrática del Concejo, en vez de ejercer saboteos del pasado o abusos en presente. Agradezco la respuesta pero lamento que la misma denote a quienes siguen en una lógica de fuerza personal y política de oposición y no de gobiernos aliados y del cambio, en lo local y nacional”, precisó la mandataria, palabras que encontraron eco en varios representantes y congresistas.
Las garantías de seguridad y justicia
Ahora, en el lapso de una semana y media, en Bogotá hubo dos fuertes manifestaciones violentas: la de los emberá, quienes, en protesta por el incumplimiento de los compromisos que se concertaron para que salieran del Parque Nacional, agredieron a 23 personas, de las cuales 11 fueron policías y otros tantos gestores de convivencia, en las inmediaciones del Edificio Avianca, el pasado 19 de octubre.
En esa ocasión el presidente de la República dijo que “la ausencia de diálogo siempre genera más violencia. Rechazo y condeno los actos vividos hoy en Bogotá. Varios miembros de la Fuerza Pública y civiles resultaron heridos. Nunca será protesta la agresión a un policía".
No obstante, pasada la segunda manifestación en el Portal Américas el pasado domingo, en la cual al parecer el viceministro del Interior intervino para que fueran liberados dos miembros de la ‘primera línea’ que cometieron actos de vandalismo, la temperatura escaló.
La Policía emitió un comunicado en el que aclaró que las dos personas “fueron dejadas en libertad por la Policía Nacional, al carecer de los suficientes elementos que permitieran apoyar una causa penal como lo exige el sistema penal acusatorio”, y que “en el lugar se presentó el señor viceministro del Interior, a quien se le informó lo ocurrido”. No obstante, los videos que difundió otro medio de comunicación fueron claros al mostrar al viceministro intercediendo por los detenidos.
Ante este panorama, la alcaldesa Claudia López arremetió contra el Gobierno nacional, refiriéndose indirectamente a ambas manifestaciones, y trazando distancia entre el enfoque de seguridad que tiene la Administración de Petro y lo que espera el Distrito.
“Días después [de lo ocurrido con los emberá] vemos cómo se agrede a ciudadanos en el Portal Américas, otra vez al transporte público, y quienes lo hacen quedan libres e impunes. No es la impunidad la que nos va a dar seguridad y tranquilidad (…) Ninguna democracia es estable, ni legitima, si los ciudadanos pueden difundir cómo se agrede a sus gestores de convivencia, cómo se agrede a la Policía y quienes lo hacen quedan libres e impunes”, dijo la mandataria distrital.
En ambas ocasiones, muchas de las voces provenientes de la clase política se refirieron a una injerencia por parte del Gobierno nacional en los asuntos de Bogotá. Por ejemplo, con relación al capítulo de la Región Metropolitana.
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El Metro de Bogotá
Por último, con la llegada a Colombia de la maqueta a escala real del primer vagón del Metro de Bogotá, que ha tenido siempre como principal contradictor al presidente de la República, se hizo clara la reticencia del Gobierno a este proyecto, así como a su extensión hasta las localidades de Suba y Engativá.
Si bien a este respecto aún no ha habido una comunicación directa o un cruce abierto de trinos entre el presidente y la alcaldesa, las declaraciones de algunos funcionarios del Gobierno sobre posibles cambios al proyecto avizoran tormenta.
El ministro de Transporte, Guillermo Reyes, declaró que el Metro era una profunda preocupación para el presidente, y hay temores en el Concejo de Bogotá a este respecto.
“El ministro ya fue claro al advertir que quiere que un tramo de la primera línea sea subterránea. Eso sería un conejazo para los bogotanos y eso retrasaría una obra que ya marcha. Lo que yo le pido al ministro es que se entere bien, que se concentre en la segunda línea y que no haga cambios de última hora a la primera línea. La idea le debió salir sin entender el tema y ya hemos visto que es bastante flojo en los temas de movilidad”, le dijo a EL NUEVO SIGLO la concejal de la Alianza Verde y una de las más férreas defensoras de esta obra, Lucía Bastidas.