Reglas trascendentales en torno a la relación matrimonial, la convivencia estable y duradera de la pareja, la necesidad de un diálogo permanente, el dolor de la separación, las consecuencias de la infidelidad, los hijos “heridos” por el ciclo de la disolución y el sacrificio de la vida en matrimonio son, entre otros, los temas que el consultor de familia Darío González Castro expone en su libro Cómo superar la infidelidad sin “matar” a su pareja.
La obra pone el dedo en la llaga del divorcio y formula la terapéutica para el manejo apropiado de la problemática a partir de preceptos cristianos, del perdón y de la reconciliación y, fundamentalmente, a través del marco espiritual, como esencia propia del buen suceso de las responsabilidades de cada uno de sus integrantes y de la honra recíproca entre los mismos.
E.N.S. ¿Qué lo motivó para escribir este libro y máxime en un momento en que el tema de la infidelidad se ha vuelto casi normal?
DARÍO GÓMEZ CASTRO.- Por esa razón, porque parece ser una situación normal. Sin embargo, en las consejerías familiares que damos con mi esposa, los dramas son de marca mayor. De por sí, una separación ya es traumática, cuánto más dolor habrá si la causa es la traición, el deshonor, la infidelidad. La infidelidad es una peste que ataca de manera inmisericorde. Si la gente pudiera ver sus consecuencias, no entraría en esos terrenos. Cuando la infidelidad se da en otras casas, nos da risa, pero cuando toca las puertas de nuestra familia...
E.N.S.- ¿Se puede solucionar un problema de infidelidad en una pareja?.
D.G.C.- En la mayoría de los casos la persona infiel no dimensiona el alcance de una situación como esa. Sus hijos, su futuro, su empleo, su propia vida y la de su cónyuge. Si los infieles tan sólo pudieran ver unos metros adelante lo que se les viene, no tomarían esas decisiones. Superar la infidelidad no es algo mágico, ni momentáneo, es un proceso que requiere paciencia, cambio de mentalidad, pero ante todo es una decisión.
E.N.S.- ¿ Qué puede decirnos sobre las consecuencias que se derivan en razón de la infidelidad de uno o de los dos cónyuges?.
D.G.C.- Construir es difícil y requiere esfuerzo, paciencia y determinación, destruir es muy fácil. Indudablemente hay afectación del cónyuge infiel o traidor sobre su pareja. Sin embargo, hemos visto casos de parejas por las cuales nadie daba un peso y, con la aplicación de principios universales como el perdón, la restitución u el arrepentimiento, salieron adelante y hoy sus vidas y familias son ejemplares.
E.N.S.- ¿Quiénes aparte de la pareja pueden padecer tales consecuencias?.
D.G.C.- Los más afectados son los hijos. Ellos viven por dentro ese drama llamado adulterio, infidelidad, traición y deslealtad. Su mundo se les derrumba, se les caen sus héroes, que son sus padres y la agonía es muy grande. Sólo el poder y el amor de Dios los cura. Son hijos heridos y resentidos que sin quererlo potencialmente van a repetir ese ciclo de infidelidad cuando sean grandes.
E.N.S.- ¿Qué pasos debe dar una pareja que quiere perdonarse pero que no sabe cómo iniciar ese proceso?
D.G.C.- Lo ideal es buscar ayuda profesional y estar dispuesto a pasar a la otra orilla. Para el ofendido, el primer paso es el perdón; para el agresor, la primera salida es un verdadero arrepentimiento. Sin arrepentimiento, no hay futuro ya que este conlleva un cambio de mentalidad y de actitud frente a su pareja y a su familia.
E.N.S.- ¿Cómo puede ayudarse a una víctima de la infidelidad a superar el problema?.
D.G.C.- Este es un problema mundial y lo puede padecer cualquier mortal. El primer consejo que les damos a quienes nos consultan por este asunto es que hay que procesar el dolor y no esconderlo. Si no lo hace vivirá de luto toda la vida. En ese proceso de sanación el paso inicial es que la víctima acepte que fue algo real. Después hay que sacar el dolor, la amargura, el enojo y el deseo de venganza. Hay que limpiar el corazón de esa hiel amarga que se destila por saberse víctima de una persona a la que se le entregó amor, confianza y años de vida. Por su parte quien cometió la infidelidad debe admitir su equivocación y mostrarse arrepentido. Después, si la persona ofendida decide y el que lo hizo quiere, pueden restablecer su relación, aunque obviamente hay que comenzar una nueva vida, con reglas de juego matrimonial claras y transparentes.
Pero es importante tener presente que deben perdonarse mutuamente y estar dispuestos a restituir lo perdido (confianza, tiempo, dignidad). Para caminar en este nivel de reingeniería en el matrimonio se requiere fe, esa ayuda de Dios que invocamos y se hace presente en diferentes momentos de nuestra vida.
E.M.S.- ¿En la consultoría que usted adelanta, que tópicos desarrolla para que haya una unión matrimonial estable y duradera?
D.G.C.- En las consejerías para consolidar los matrimonios es muy importante que se entienda el papel de la comunicación, requisito indefectible para un matrimonio feliz. Ponerse de acuerdo y dialogar, aún sobre los asuntos más triviales, evita malentendidos, discusiones y desgaste de la relación.
También hay que ser transparentes, no tener máscaras en el matrimonio, oxigenar continuamente la relación con salidas, no necesariamente lejos ni con grandes presupuestos. Hay que ser creativos. Y, por último, entender que un buen y saludable matrimonio tiene un costo: el del sacrificio, el trabajo en equipo y el de la honra del uno hacia el otro.
SI HAY verdadero amor, fe y sobre todo compromiso para comenzar una nueva vida es posible que una pareja no sólo supere la infidelidad, sino garantizar que ésta no vuelva a ocurrir.