Ahora no sé lo que soy
Transmito una denuncia de un grupo de académicos. El doctor Salomón Schachter, ganador del premio Konex 2003 de cirugía, autor de varios libros de éxito, ha tenido el coraje de denunciar lo que actualmente viene ocurriendo con la práctica médica deficiente, especialmente en países subdesarrollados como Argentina.
En el Perú y Colombia, es igual o peor. La demagogia política de integrar a todos los ciudadanos en la seguridad social, sin contar con la infraestructura ni el número de médicos suficientes para atender debidamente a los pacientes, hace que, médicos honestos como él, admitan que no están cumpliendo con su labor de médicos, sino que son “prestadores de salud”, es decir, que practican un simulacro apresurado de la actividad que deberían realizar.
“Solía ser médico. Ahora soy prestador de salud. Solía practicar la medicina. Ahora trabajo en un sistema gerenciado de salud. Solía tener pacientes. Ahora tengo una lista de clientes. Solía diagnosticar. Ahora me aprueban una consulta por vez. Solía efectuar tratamientos. Ahora espero autorización para proveer servicios. Solía tener una práctica exitosa colmada de pacientes. Ahora estoy repleto de papeles. Solía emplear mi tiempo para escuchar a mis pacientes. Ahora debo utilizarlo para justificarme ante los auditores.
Solía tener sentimientos. Ahora solo tengo funciones. Solía ser médico. Ahora no sé lo que soy”.
En Colombia el haber entregado la salud al mercado generó un sistema que ha hecho eclosión.
El haber permitido que las empresas transnacionales cobren a los enfermos entre cinco y diez veces el costo real de los medicamentos es un crimen continuado. La actual administración así como la de Uribe deberían responder por el detrimento patrimonial sufrido por los enfermos. Y responder por algo menos tangible pero atroz como es la muerte de personas que no pudieron pagar esas cifras exorbitantes. Una situación verdaderamente calamitosa que afrontan los pacientes como resultado de políticas de comercialización de la salud, que aquí también han sido funestas tanto para los profesionales de la medicina como para los enfermos. A esto se agrega el alto costo de las medicinas, impagable para la mayoría de la población. Es la estrategia que privilegia el lucro por encima del bienestar de la comunidad.