El ministerio de seguridad ciudadana
No bien el Presidente de la República se pronunció sobre la creación del ministerio en mención y el debate se prendió en todos los rincones, discusión en la que hemos tomado parte oficiales retirados de todos los grados. Y no es para menos, pues primero la idea nos cogió por sorpresa, no obtente haber sido estudiada y analizada de tiempo atrás; en mi caso durante el gobierno del presidente Pastrana se dio el debate llegando a la conclusión de buscar un momento más propicio para enfrentar tema tan delicado y espinoso, y segundo por encontrarse el país a la expectativa de unas negociaciones hacia la paz, donde no cabe la posibilidad de fisurar la fuerza pública encargada de mantener el orden.
Hagamos un ejercicio analítico y que el país saque sus propias conclusiones. Para iniciar reconozcamos que la Policía Nacional a lo largo de los años ha debido soportar los momentos más difíciles de Colombia, callando funestas consecuencias, un ejemplo: con la muerte de Mamatoco se estigmatizaron los mandos y la misma institución, optando el Gobierno por nombrar un grupo de abogados como comandantes de estación en Bogotá, lo mismo que el 9 de abril abandonaron sus cargos y dejaron los hombres puestos bajo su mando, a la deriva, lo que condujo al país a tan caótica situación, casos como este son reiterativos a lo largo de la historia, pero el espacio me obliga a ser concreto enfocándome en el anuncio presidencial. Por estas calendas las Fuerzas Militares y la Policía libran una lucha sin cuartel contra todo tipo de armados ilegales, confrontación que se está ganado gracias a la coordinación milimétrica entre las fuerzas bajo la égida del Ministro de la Defensa, los golpes asestados a la criminalidad y sus cabecillas no tienen antecedentes y el entendimiento entre pares arroja los resultados anhelados; de romperse esa unidad, el enemigo encontrará una posibilidad de reorganizarse y continuar la acometida, ¿creen ustedes que sea el momento histórico ideal para presentar este tipo de proyectos?
Enfocándonos en el proceso de paz debemos entender que le seguirá un posconflicto, donde las instituciones encargadas de la seguridad deben estar preparadas y dispuestas para hacer frente a los disidentes, que de seguro los habrá y conformarán pandillas de presión delictiva, obligando la fuerza pública a captar recursos y capacitación profesional para evitar un coletazo disidente.
Entendemos que la Policía es una institución de carácter civil y con el tiempo, ante una paz inequívoca, deberá depender de un ministerio propio, pero no por eventualidades del momento, sino, previo estudio, reposado, concienzudo y evaluado donde la institución sea la cabeza rectora y no una oficina más; por ahora y de cara al ciudadano, ¿qué tal Ministerio de la Defensa y Seguridad?