Una muerte anunciada
La muerte anunciada del sector lechero nacional, es lo que esta a punto de suceder hoy día, para frustración de grandes, medianos y pequeños productores a lo largo y ancho del país, luego de haber dedicado pacientemente muchos años de su vida, su capital y sus conocimientos, con gran esfuerzo y consagración, a juiciosos programas de mejoramiento genético, de manejo, de sanidad y de alimentación para sus animales.
Así de claro, se trata del desmantelamiento gradual de una cadena que involucra integralmente la producción, la industrialización y la comercialización, con el agregado de mano de obra que genera y lo que representa para la seguridad alimentaria de los colombianos.
Además de otras experiencias como el desarrollo cooperativo, que en ningún otro renglón del sector agropecuario puede mostrar resultados tan importantes, donde el principio universal de "uno para todos y todos para uno" ha llevado progreso y bienestar a regiones muy representativas de nuestra geografía.
Ni siquiera la Reforma Agraria en más de 20 años consiguió con el cooperativismo las realizaciones que se han alcanzado en el sector lechero por su propia cuenta.
Tantas han sido las frustraciones del cooperativismo en otras áreas, que no se concibe que uno de los pocos ejemplos para mostrar se vaya a dejar morir en este Gobierno del cual se dice "solo tiene Ministro de Agricultura para la Ley de Tierras", pero de lo demás ni se habla o está en manos del viceministro.
Y si a eso se agrega que luego de las investigaciones sobre AIS los funcionarios están temerosos de tomar la iniciativa, la situación se vuelve aún mas critica.
En la actualidad hay sobreoferta de leche, originada en la importación masiva de leche en polvo, lo cual se agrava sin poder competir debido a los altos costos de la producción nacional.
Por eso los productores de leche le han pedido al Gobierno declarar la "emergencia lechera" y prohibir las importaciones de leche en polvo y suero.
Téngase en cuenta que la apertura económica dejó a los lecheros en la necesidad de iniciar un proceso de adaptación gradual a las exigencias de los mercados de destino, entre ellas en los aspectos sanitarios, pero más que todo, tal como está sucediendo ahora, a tener que padecer el efecto devastador de la apertura hacia adentro.