Mario González Vargas | El Nuevo Siglo
Lunes, 8 de Febrero de 2016

BALANCE

El Plan Colombia

“Invirtió la ecuación de fuerzas en el conflicto interno”

 

AL  celebrarse los quince años del Plan Colombia, conviene dirigir una mirada retrospectiva sobre su origen y sus logros. Concebido por el presidente Andrés Pastrana, el Plan fue fruto de una visión estratégica vigorosa que le permitió al país recuperar la confianza y la capacidad necesaria para superar los síntomas propios de un Estado fallido. Dio lugar a una acción política y diplomática que no era en ese entonces imaginable y que convocó un respaldo bipartidista en los Estados Unidos, inusual en esa nación para atender situaciones distintas a las que significaran amenazas a  sus intereses vitales.

Con él, Colombia recuperó su posicionamiento en el escenario internacional, debilitó el poder del narcotráfico e invirtió la ecuación de fuerzas en el conflicto interno. Inspiró la formulación de una nueva doctrina militar con la que se fortaleció el poder de iniciativa y de combate de la fuerza pública y marcó el punto de inflexión que llevó a la paulatina derrota de la insurgencia y hacia su posterior repliegue hacia la Mesa de Negociación de la Habana.  Promovió la ejecución de políticas sociales que aún arrojan sensibles beneficios para los sectores más vulnerables de la Nación y, en general,  auspició el tránsito de Colombia hacia un una sociedad más segura de sí misma.     

La celebración en Washington de su quinceañera existencia expresa el éxito de una sostenida colaboración entre Colombia y los Estados Unidos que se  prolongaría con nuevos compromisos que apoyen la sostenibilidad y permanencia de la paz, siempre que ella se funde en la satisfacción de la verdad, la justicia y la reparación y supere los inocultables peligros de inciertos escenarios relativos a la dejación de las armas y al abandono del narcotráfico y demás actividades delictivas de las Farc. El bipartidismo de hoy bien podría ser el que condicione la colaboración a la ausencia de impunidad, como la entiende el senador demócrata Patrick Leahy, es decir que las personas “…que cometieron crímenes atroces de cualquier bando, salgan libres y sin castigo…”, y a la renuncia comprobada de las Farc con toda actividad  de narcotráfico o de solidaridad con grupos terroristas, como lo expresaron varios influyentes senadores republicanos.

Son muchas las advertencias y las señales de alarma que se escuchan para que el presidente Santos no las oiga, porque podría condenar a la paz a una soledad que anida en su interior la capacidad de su autodestrucción. De no hacerlo, la paz no tendría otra oportunidad.       

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