Reconciliación entre Santos y Zuluaga
No se entiende cómo las cosas por el calor de una campaña presidencial se han salido de madre y dos hombres que tienen madera de estadistas se han dejado arrastrar por las pasiones y no por la realidad de una Colombia que requiere posiciones firmes contra el enemigo común de nuestro progreso, las Farc. Pareciera que el enemigo de la paz para Santos fuera Zuluaga y que para Zuluaga lo fuera Santos, olvidando los dos que el enemigo común son las Farc. Santos y Zuluaga son fieles representantes de nuestro sistema democrático. Ellos encarnan la institucionalidad y de hecho se han sometido a ella siguiendo sus reglas. No así las Farc, que de subversivos han pasado a ser narcos y de narcos a terroristas, lo que hace difícil negociar con ellos sin caer en zonas grises que cualquiera pudiera ver como una inaudita concesión dependiendo desde el ángulo que se les mire. Si queremos negociar con ellos tenemos que tratarlos como lo que son; subversivos, narcos y terroristas y para ello el Estado debe tener una visión única y firme y no enfrentando a la institucionalidad como ellos han pretendido hacerlo y hasta la fecha logrado con mucho éxito.
Santos tiene razón en querer negociar la paz con una guerrilla a la que le reconoce el estatus de “parte” dentro de un conflicto armado que nos ha desangrado durante 50 años y que no hemos podido derrotar con las armas, pero Zuluaga está lleno de sobradas razones para tratarlos como narcos y terroristas que reclutan niños y secuestran. Los dos quieren la paz pero pareciera que el tema que los distancia tiene su núcleo en el tipo de justicia que ha de aplicárseles, y en el grado de impunidad que el Estado, el pueblo colombiano y la comunidad internacional estarían dispuestos a aceptar con tal de lograr la tan anhelada paz. Este debe ser tema de negociación entre Santos y Zuluaga, si queremos una verdadera paz.
El tema de si se debe negociar en medio de las balas o de si para continuar con las negociaciones exigir a las Farc parar los actos terroristas y dejar de reclutar niños, es argumento loable y que tiene mucha sensibilidad social y seguramente electoral, pero a estas alturas de la negociación sin mucha importancia, en la medida en que ya se han negociado la mayoría de los puntos álgidos como son el tema de tierras, narcotráfico, participación política y se está negociando el tema de víctimas. Está bien que Zuluaga se informe de estas negociaciones, y se ponga de acuerdo con el Presidente-candidato en los temas que los alejan: el de la justicia transicional y penas y el de la participación política.
Santos y Zuluaga son buenos líderes, demócratas y formados en los principios de igualdad y libertad. Los dos entienden al país y les caben en la cabeza sus problemas y soluciones. Deben dejar de mirarse como enemigos. Actúen como estadistas. El país se los demanda. No podemos permitir que cualquiera que gane las elecciones nos haga ver a quienes no votamos por el ganador como enemigos. Tampoco podemos aceptar que al final de la campaña el Presidente elegido quede como si fuera amigo de las Farc o amigo de los paramilitares y narcotraficantes.
Es curioso, pero la llave de la paz y del progreso para que seamos una nación libre, democrática e igualitaria la tienen hoy Santos y Zuluaga y no las Farc. Así que, señores, actúen como estadistas. No sean inferiores a la Colombia que aspiran gobernar.
Una reunión entre los dos para ponerse de acuerdo sobre lo fundamental cualquiera sea el ganador es imperativo.
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