Enrique… ¡gracias!
Algunas personas pasan por nuestra vida, y a las dos horas de haberlas conocido no recordamos ni su nombre ni el color de sus ojos ni la forma de sus manos.
Otras dejan una pisada en la arena, perceptible apenas durante ese breve lapso en el que ninguna ola, ningún cangrejo o perro escuálido pasan por ahí.