Columnistas | El Nuevo Siglo

Isla abandonada

 

Hace  una semana comenté en esta columna que había tenido la oportunidad de estar en San Andrés en el mes de octubre. Hacía más de 15 años quizá, que no iba a la isla, y recuerdo muy bien que la última vez que salí de allí sentí desagrado por las condiciones tan precarias del lugar. El aeropuerto era desastroso, el agua no se podía tomar, las calles inexistentes, en fin, la infraestructura en general era muy desagradable.

Diferentes aproximaciones

 

Siempre  me he considerado políticamente conservador. Creo que los cambios deben darse paulatinamente, que los deberes ciudadanos deberían ser tan importantes como los derechos y que el bienestar general debería tener mayor importancia que el bienestar particular. Pero tengo claro que es una visión del mundo, no la verdadera, no la única.

Cambio inevitable

 

¡Cómo  nos cuesta cambiar! Nos pasa a todos los seres humanos, en mayor o menor grado: tememos que la vida, tal y como la conocemos, se modifique, pues ello implicaría necesariamente tener que adaptarnos a las nuevas condiciones que nos plantea la existencia. Y todo parece indicar que, en contravía con lo que vivimos a diario, nos aferramos a la idea de que el mundo no puede cambiar, que el cambio es la peor cosa que nos puede suceder.

La violencia de género

 

Increíble  en pleno siglo XXI, aún tenemos que conmemorar en un día especial, la no violencia contra  las mujeres.

El error

 

En el torrente de mapas enredados, explicaciones jurídicas complejas y discursos patrioteros a raíz del fallo de la Corte de La Haya, es probable que pasemos de agache lo más obvio: Colombia no ha debido ir al juicio, y ahora que perdió tiene que resignarse.

¿Prospera tregua?

 

La decisión de la tregua unilateral de las autodeonominadas Farc de 60 días tiene pensando a más de uno. Algunos dicen que es una jugada para reposicionarse en nivel mundial como los “buenos” de la negociación de paz, mientras otros plantean que un riesgo enorme porque pueden poner en evidencia la falta de control sobre algunos frentes y tropas, y desnudar una posición débil a escala de negociación.