Columnistas | El Nuevo Siglo

El 2013: fe y optimismo

 

Epígrafe

“En los negocios prácticos de la vida, no es la fe la que salva, sino la desconfianza”.

Napoleón

 

Cuanto deseamos los colombianos que este año sea mucho mejor que el anterior y en nuestras plegarias pedimos que el Altísimo nos ilumine y especialmente a nuestros gobernantes para superar las dificultades que se avecinan.

Buscando motivos de optimismo

 

De verdad el panorama mundial y el nacional no nos ofrecen, a primera vista, motivos de optimismo, pero, con el firme apoyo de la fe, con fundada esperanza, hemos de decir: “nunca hay razón para desesperar”. 

Vidas paralelas

 

Sin  la grandeza de los escenarios, los personajes y los episodios que narra Plutarco en su paralelo biográfico y moral  entre griegos y romanos, no deja de ser atractivo intentar garrapatear una parábola o cotejo entre las accidentadas vidas y quehaceres políticos del Comandante Presidente y los de  nuestro  vapuleado burgomaestre mayor.

Sin Chávez

 

Chávez  tiene que estar muy mal. El 10 de enero se debía posesionar en un nuevo período, y pese a su demostrada estrategia mediática como su alocución “Aló Presidente”, no hizo una videoconferencia, una llamada, ni siquiera una carta. Esto puede evidenciar que no tiene capacidad de comunicación, bien sea por estar entubado vía oral por la infección pulmonar o bien porque no está consciente.

La revocatoria de Petro

Conforme a lo previsto por la Constitución se inicia el proceso de revocatoria del mandato al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Por malestar ciudadano en vista de las torpezas, improvisaciones y pésima gestión del mandatario capitalino, un representante a la Cámara se encuentra recolectando firmas para dar fin a una gestión equivocada que ha puesto en riesgo la estabilidad de la ciudad y sus finanzas por decisiones administrativas erradas.

La brújula sin norte

Lo  he dicho cientos de veces: si uno quiere entender a Colombia como sociedad, tiene que ver la película El Embajador de la India. No sólo porque retrata el rencor social colombiano, sino porque revela nuestra astucia a la hora de hacer trampa y nuestra ingenuidad a la hora de comprar basura extranjera.