Mucha agua ha corrido por el Atrato desde 1983 cuando, como Ministro de Minas, le expusimos al país la conveniencia de estudiar la conexión Atlántico-Pacífico, dada la posición ventajosa de Colombia en el Istmo Centroamericano. Se trataba, también, de inducir al aprovechamiento hidroeléctrico de la alta pluviosidad de nuestra costa Pacífica. Asesorado por ese gran vendedor de ideas colosales que fue Roberto Panero, sintetizamos así el tema.