El cambio climático urge en los temas de atención mundial, que los ambientalistas hace décadas claman a gritos propendiendo por el respeto a la naturaleza.
Más allá de las implicaciones filosóficas -y hasta estéticas- que pueda tener el ver a Bogotá militarizada, es más deprimente verla con el dolor de los jóvenes asesinados; las mujeres empacadas entre una maleta; o las víctimas de la locura ácida, y del vandalismo indiscriminado.
Cuando se escuchan los balances de realizaciones del Gobierno durante estos primeros 4 años, podemos decir que los árboles no dejan ver el bosque, o como se lo afirmó el presidente Santos a Vicky Dávila: “hemos hecho tantas cosas, que como reza el dicho popular: el que mucho abarca poco aprieta”.
La conmemoración del día de las víctimas el pasado 9 de abril no debe pasar como fecha anclada en el pasado, sino como una ventana abierta al porvenir, que supone un desafío para todos los colombianos.
Entre los conocedores se afirma que la izquierda colombiana tiene un límite democrático de no más del 10% de votantes gracias a los terroristas de las Farc. En efecto, mientras exista ese pavoroso flagelo, no cabe duda de que la izquierda estará estigmatizada y por ende limitada.
El más antiguo de los fenómenos sociales que han sacudido al país en varias décadas, está vigente alrededor de principales ciudades y, quizá, con mayor énfasis en la periferia de Bogotá.