Ayer y hoy
Este sigue siendo el país del sagrado corazón. Y no es sólo que tengamos un partido político que cree en los presidentes vitalicios en medio de un sistema que llamamos democrático o máquinas tan milagrosas que son capaces de solucionar todos los problemas de la malla vial de una ciudad como Bogotá, como si estuviéramos en el Macondo de Melquiades.
Este sigue siendo el país del sagrado corazón. Y no es sólo que tengamos un partido político que cree en los presidentes vitalicios en medio de un sistema que llamamos democrático o máquinas tan milagrosas que son capaces de solucionar todos los problemas de la malla vial de una ciudad como Bogotá, como si estuviéramos en el Macondo de Melquiades.