El actor argentino Ricardo Darín es, a sus 56 años, uno de los más admirados de América Latina pero parece determinado a impedir que el éxito lo distraiga de su apuesta permanente por un cine que abre la puerta a las complejidades del alma humana, fuera de los caminos trillados por Hollywood.
"La complejidad es un nutriente porque permite ir a terrenos donde uno no se ha probado y, mínimamente, correr riesgos", explicó Darín en una entrevista con la AFP.